El agua abunda pero, tan pronto llega, se pierde

No hay una verdadera política de aguas ni política de fomento industrial, o agropecuaria, o de huertos o de nada. Tan estéril es la tierra en ciertas zonas del país, como la imaginación en los desempeños burocráticos

Miércoles, 21 de Marzo de 2012

Los residentes de Olomega, en La Unión, están sin agua y, para abastecerse, dependen de unas pocas familias que han perforado pozos que surten agua dulce. El resto de las perforaciones, dijeron a nuestros redactores, llegan a mantos de agua salada que se deben sellar de nuevo.

Lo grave es que este problema se está generalizando: más y más comunidades están quedando sin suficiente agua, por dos motivos:

El primero, que la deforestación está secando ríos y manantiales, dejando quebradas que sólo en invierno se llenan de agua. La deforestación, a su vez, es un mal antiguo que se agudizó con la reforma agraria de los Ochenta y con los repartos de tierras a los "desmovilizados": esas personas, sin ninguna vocación para trabajar la tierra, llegaban, cortaban lo que podían y se largaban, dejando terrenos en ruinas.

Lo mismo, por cierto ha sucedido con las cooperativas formadas a dedo entonces: los asentados han arrasado con todo y las que fueron tierras feraces y productivas son ahora potreros casi en abandono.

El segundo motivo es que no hay una verdadera política de aguas ni política de fomento industrial, o agropecuaria, o de huertos o de nada. Tan estéril es la tierra en ciertas zonas del país, como la imaginación en los desempeños burocráticos.

En esto, "no tiene sentido meterse a inventar la pólvora" cuando hay tantas buenas experiencias en lo que respecta al suministro de agua. Y la mejor experiencia de siempre, desde la Antigüedad hasta nuestros días, es formar embalses, lagunetas, reservorios, pozas y estanques.

La oportunidad de los electos:

dar agua a sus municipios

Comencemos recordando la casa romana tradicional: el agua de los techos caía sobre un colector colocado en medio del patio de las viviendas, desde donde pasaba a tanques subterráneos.

El sistema se siguió usando hasta nuestros días, la mejor solución antes de la introducción de tuberías y tanques de almacenamiento para suplir a una comunidad entera. Pero igual lo pueden emplear finqueros: un amigo recolecta agua durante el invierno que luego utiliza en los meses secos, valiéndose de tuberías que llevan el agua que cae sobre los techos a tanques vecinos.

En Nueva York, en medio del Parque Central, a la vista de todos, hay una imponente laguna que sirve de reserva a la ciudad. Igual con los "pantanos" de España, que son embalses utilizados para recoger y almacenar agua, durante los meses húmedos, la que luego se aprovecha en los meses secos. El agua del invierno se coloca en una especie de "cuenta bancaria" acuosa, de la que se hacen retiros más tarde. No es ningún misterio, ninguna ciencia arcana resolver una necesidad elemental: contar con agua para todos los usos.

Nuestro fundador, don Napoleón Viera Altamirano, recurrió a los embalses en repetidas ocasiones en las pocas propiedades rurales que tuvo: se fabricaba una tapada en un río y la naturaleza hacía el resto de la faena.

Formar "embalses, reservorios, pozas, lagunetas y estanques" puede ser la gran contribución de los alcaldes electos para sus comunidades, considerando, como hemos señalado, la absoluta esterilidad en ideas que sus antecesores mostraron. Al hacerlo adelantan una importante solución al problema del agua y dotan a sus municipios de agua, sitios de diversión, criaderos de peces, humedad para sembrados y abrevaderos. No echen en saco roto la sugerencia.

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