¿Para quién las biblias?

Un nuevo proceso electoral se encuentra en marcha y los partidos políticos han comenzado a lanzar sus redes con el afán de pescar el voto de los evangélicos. Este esfuerzo no es nuevo pues es una tendencia que se ha ido profundizando en la medida en que las iglesias evangélicas han ido ganando terreno como sector social representativo. Como cebo para la pesca los políticos recurren al halago y a los regalos para despertar el interés del segmento.

Se sabe de algunos políticos que, entre otras cosas, regalan biblias a los pastores, con lo cual, las cosas se han invertido pues hace solo unos años eran los pastores quienes regalaban biblias a los políticos. Esta inversión es bastante significativa ya que ilustra el cambio de posición que las iglesias han tenido en nuestro país. Cuando eran los pastores quienes regalaban biblias a los políticos, el gesto era sobre todo simbólico y expresaba la fe del evangélico en el poder revelador de las Escrituras para producir la conversión de las personas. Con ello, los pastores colocaban su confianza en que, con la ilustración bíblica, los políticos encontrarían la inspiración para actuar íntegramente como funcionarios.

Hoy, cuando los políticos son los que regalan biblias a los pastores, el gesto expresa que la iglesia se ha despreocupado por el tema de la conversión y de la integridad para fijar su atención en el provecho propio. Tal actitud desmerece su pasada pasión de transformación para adoptar hoy la posición de señora deseosa de sentirse importante y merecedora de regalos y halagos. El tema ético lo ha hecho de lado y se ha sumado al desfile de gremios y sectores sociales que aprovechan cada evento electoral para obtener el máximo de beneficios inmediatos posibles. Esta claudicación se produce precisamente cuando existen serios señalamientos de corrupción hacia aquellos políticos que son los más deseosos de armar su carnaval de regalos.

Al ceder en esto, los pastores se suman a la tradición nefasta de considerar a la política como el submundo donde sólo sobresalen los más aprovechados en lugar de proyectarla como el mejor ámbito para el servicio y para el testimonio cristiano y, consecuentemente, para ser ejercida por las personas más honorables que un país pueda poseer. Así, en lugar de construir transformación y conversión acarrean descomposición y hedentina a un mundillo ya de por sí bastante necrótico.

La responsabilidad de los pastores debe ser la de defender ante la sociedad el hecho que una participación en política debe tener por característica principal no la búsqueda de los propios beneficios sino la muestra de que uno se debe a los demás. Al punto que, a semejanza de Jesús, se esté dispuesto a la entrega de la propia vida a cambio del bien ajeno. Cosa posible sólo cuando se refleja la transformación de la vida operada por el Evangelio.

En la inversión de quién regala a quién las biblias se comprueba la triste renuncia de algunos pastores a su papel de sal y luz de la tierra para, igual que otros, convertirse en preservantes de las condiciones de corrupción política prevalentes. Siempre y cuando se precien de bien servidos no se preocuparán de los orígenes de los fondos que patrocinan tales regalos y tampoco les preocuparán en absoluto las actuaciones éticas de los políticos dadivosos.

*Pastor general de la misión cristiana Elim.