Aprendamos del Barca

Yo, Carlos Alfaro, salvadoreño, confieso que en mi closet no existe camisola alguna de equipo español. Pensándolo bien, ni siquiera de la Selecta. Es que honestamente el "jurbol", como le dicen en mi pueblo, no va conmigo.

Eso no quiere decir que no me alegro cuando gana el Barca. Mi hijo Diego es un fanático azulgrana de remate, y menos mal que su pasión casi siempre gana, pues el ambiente en casa se torna agrio cuando pierde. También confieso, que me alegro cuando golean al Real Madrid, porque ese tal Ronaldo no es político mañoso, pero igual, me parece repulsivo.

Gracias a la enfermedad de Diego, he visto al Barca castigar al Real Madrid y francamente he logrado comprender tantito su devoción al, según muchos, el mejor equipo del mundo. Con razón está feliz Diego (y orgullosos sus padres), por una pasantía laboral que está por iniciar con la filial catalana de una empresa multinacional. ¡Camp Nou a la vista!

Para los no fanáticos del fútbol, Camp Nou es el estadio del Barca. Lo acabo de goooglear y me enteré que lo construyeron en 1957, y que es el más grande de Europa, con capacidad para 99,354 aficionados. ¡ Qué mina de oro!

Mina de oro de concreto, carne y hueso. Los guerreros residentes han sido educados con fundamento en La Masía, la academia insignia del equipo de batalla de Cataluña.

La Masía les inculca disciplina, confianza y seguridad en si mismos, y les enseña a ser humildes (y no primas donas como aquel que arriba les conté), a vivir responsablemente, a cuidar su cuerpo y su espíritu, a encajar como el ying y el yang y por supuesto, a amar la pelota sobre todas las cosas (¡charros Shakira!)

Amor que ha contagiado a millones de fans, ha provocado quién sabe cuantos divorcios, y ha movido, está moviendo y seguirá moviendo canastadas de pisto.

Todos (menos los madrileños) reconocemos que ver jugar al Barca es un excelente show, mejor aún que la escena de magia del Cirque du Soleil.

Abrimos la boca al admirar el ballet que danza Messi con el balón o, como le mentan en la KL, la número cinco.

Raúl Beltrán, voz insignia de dicha radio, no puede ocultar su devoción al narrar desde el fondo de su corazón: "Messi recibe la #5 con precisión, marea al adversario, burla al arquero y TOUCHE, roooompe la red con pulso de cirujano. ¡Alabado sea el Mesías! De inmediato, la sincera sonrisa de "La Pulga" se toma las primeras planas de portadas digitales e impresas en todo el mundo.

Analizando más allá de los 90 minutos del espectáculo, vemos que el rotundo éxito del Barca se soporta en tres " Masía Pilares":

1- Sacarle jugo a la diversidad de talento y ponerlo a trabajar en equipo para ganar.

2- Sentir orgullo por su camisola y profundo respeto por sus aficionados.

3- Garra y actitud ganadora para sobrepasar cualquier obstáculo.

En la cancha, estos pilares hacen abracadabra y 22 patas de cabra dejan evidente su único objetivo: Dominar y circular la pelota, pues el que controla la pelota controla el juego, y el que controla el juego gana y logra atraer inversionistas a su causa.

Yo, Carlos Alfaro, salvadoreño, solicito al alcalde de Barcelona, Senyor Xavier Trías, un S.O.S., para que imponga sus buenos oficios con el fin de conseguirle a El Salvador al menos 84 cupos en La Masía. En nombre de todos mis compatriotas, demostraré nuestro profundo agradecimiento, iniciando un movimiento social que llamaré: Guanacos eternamente agradecidos con Barcelona.

Además, en su oportunidad, influenciaremos a nuestra misión en las Naciones Unidas para que El Salvador vote a favor de una Cataluña independiente. ¡Grácies Xavier!

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com

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