La envidia, de la buena, que provoca la educación finlandesa

Por Ricardo Chacón * Sábado, 13 de Octubre de 2012

Hurgando en algunos sitios de Internet me encontré con un interesante artículo publicado en el periódico español ABC, escrito por M. Arriaza Balaga y titulado: "Así consigue Finlandia ser el número uno en Educación en Europa".

Tres cosas me llamaron la atención: ser el número uno, medido por el Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA), es un logro objetivo y palpable; dos, algunas de las características de la educación finlandesa son simples y sencillas, pero ejecutadas a mediano y largo plazo, con dedicación y disciplina, con recursos humanos, sustentados en lo financiero, de manera generosa. Y, tres, una profunda pena y vergüenza, El Salvador está lejos, muy lejos de alcanzar niveles educativos no de los finlandeses sino decentes, que nos permitan progresar y algún día alcanzar el desarrollo.

Comento el tercer punto: falta de infraestructura, alcanzar total cobertura, mejorar la calidad educativa son metas inalcanzables en El Salvador. Ni siquiera logramos estabilizar la PAES, mucho menos alcanzar niveles de evaluación como los exigidos por PISA, el estudio comparativo, internacional y periódico del rendimiento educativo de los alumnos de 15 años, que evalúa tres competencias claves: comprensión lectora, competencia matemática y competencia científica.

Aquí, en nuestro terruño, apenas tenemos como logro "estratégico" por las autoridades (y bien visto por la población) la entrega de zapatos, uniformes, cuadernos y el vaso de leche, aunque poco hemos avanzado en la matrícula, mucho menos en el incremento de la infraestructura, no se diga en la mejora de la planta docente que implica el mejoramiento de calidad. Temas más "sofisticados" como entrar de lleno en la dinámica de la sociedad del conocimiento y con ello al proceso de la ciencia y la tecnología y una estrecha vinculación con el mundo del trabajo están todavía en niveles preescolares.

Según Balaga, citando al sicólogo Javier Melgarejo, director del colegio Claret de Barcelona, parte del secreto de la educación finlandesa tiene que ver con la primera educación: a los cuatro y cinco años, menos de la mitad de los niños finlandeses acuden a guarderías y no empiezan el colegio hasta los 7 años; dos años después, sus puntuaciones son mejores que las del resto de los países estudiados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que realiza la prueba de competencias PISA.

Durante los primeros seis años de la primaria los niños tienen en todas o en la mayoría de las asignaturas el mismo maestro, dice Melgarejo, lo que permite darle continuidad al proceso y le permite velar por que ningún niño quede excluido; sin duda es una manera de fortalecer su estabilidad emocional y su seguridad. Otra característica encontrada en este período es que hasta quinto grado no hay calificaciones numéricas, porque no se busca fomentar la competencia entre alumnos ni las comparaciones.

Por supuesto, la educación es gratuita desde preescolar hasta la universidad e incluye, sin tanto aspaviento como ocurre en El Salvador con lo mínimo, las clases, el comedor, los libros y hasta el material escolar aunque, dice Melgarejo, si alguien lo pierde está obligado a pagárselo. La jornada escolar suele comenzar sobre las 8.30 de la mañana y finaliza a las tres de la tarde, con el paréntesis del almuerzo a las 12 del día. Y aquí un punto clave, que señala Melgarejo, citado en el artículo de ABC, "el éxito finlandés se debe a que encajan tres estructuras: la familia, la escuela y los recursos socioculturales (bibliotecas, ludotecas, cines, entre otros)". Además, y esta es otra pata del éxito educativo, "la elevada calificación académica del profesorado en Finlandia": "Los finlandeses consideran que el tesoro de la nación son sus niños y los ponen en manos de los mejores profesionales del país", destaca Melgarejo quien precisa, asimismo, que los mejores maestros están enseñando en los primeros años de la educación y para alcanzar la meta de ser docente se requiere una calificación de más de un nueve sobre diez en sus promedios de bachillerato.

Tratando de resumir, por supuesto a vuelo de pájaro, las características de la educación en Finlandia podemos decir: uno, garantiza iguales oportunidades de estudio para todos; en lugar de fomentar las comparaciones y la competencia entre los alumnos, la escuela básica se dedica a apoyarlos y orientarlos como individuos. Dos, la elevada calificación académica de los maestros. Tres, para fortalecer la estabilidad emocional y su seguridad, los más pequeños tienen, durante los primeros seis años de la primaria en todas o en la mayoría de las asignaturas, el mismo maestro quien, además, vela por el espíritu de grupo y vigila que no se hostigue ni se excluya a nadie. Cuatro, la estrecha relación entre familia, escuela y comunidad es esencial. Cinco, la inversión en ecuación es amplia, contundente y clara; por supuesto los recursos son utilizados en forma racional.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

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