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El valor de los fracasos
Se puede pensar que era un muchacho solitario, pero los muchachos generalmente se adaptan bien a la soledad; también que tenía conflictos de identidad, pero esto más que una excepción es una regla entre los jóvenes. Lo último que se ha conocido es que era paciente psiquiátrico, pero --puedo decirlo después de 20 años de trabajar con ellos-- la inmensa mayoría de pacientes psiquiátricos no son violentos. La pregunta persiste ¿qué llevó a James Holmes a entrar en esa sala de cine y disparar indiscriminadamente al público, asesinando 12 personas e hiriendo a otras tantas? Buscar las causas psicológicas de estas masacres, de estos crímenes sin sentido contra personas indefensas, cuyo único denominador común era "haber estado allí", implica un reto a la criminología y las demás ciencias de la conducta. Todos coinciden en preguntarse ¿por qué?
No existe una respuesta fácil. La información es muy limitada para aventurar conjeturas, y las autoridades policíacas y judiciales han decidido mantener hermetismo mientras las investigaciones concluyen. Hay pocos elementos para formar hipótesis, pero existen.
Se conoce que Holmes, aparte de tímido y apartado, era un estudiante brillante. Desde sus años escolares fue frecuentemente premiado por sus logros académicos. Recibió múltiples reconocimientos y becas. En la Universidad de California en Riverside fue "el mejor entre los mejores", y fue también ganador de una de las cinco codiciadas becas que los Institutos de Salud de los Estados Unidos otorgan al año para estudios de doctorado en neurociencias. Al obtenerla se trasladó a Denver para estudiar en la Universidad de Colorado. Y fue ahí donde se advirtieron algunos problemas y donde se produjo la tragedia. James Holmes, quizá por primera vez en su vida, comenzó a tener malos resultados académicos. Tras sus pobres calificaciones en unos exámenes decidió retirarse del programa, sólo semanas antes del 20 de julio, fecha de la masacre. En poco tiempo había reunido todo un arsenal.
Una somera revisión de los hechos y sus antecedentes sugiere la frustración como un posible factor desencadenante. La frustración subyace en todo acto violento, y mientras mayor la frustración mayores sus consecuencias. Los malos resultados académicos son los únicos elementos conocidos que se relacionan cronológicamente con los eventos. Por supuesto que debe haber algo más en el fondo de su personalidad que lo indujo a un acto tan extremo, pero esto es lo que sobresale más claramente.
Holmes no estaba acostumbrado al fracaso, en su vida de constantes éxitos escolares no había tenido la experiencia de la derrota. Cuando ésta sobrevino no pudo adaptarse a ella y surgió el descontrol. En lugar de buscar sus errores e intentar corregirlos, culpó a la sociedad y, desde su perspectiva enfermiza, la castigó. Los asistentes a la sala de cine fueron para él los representantes de una sociedad a la que llegó a odiar. Que tomara el papel del "Joker" fue sólo un simbolismo circunstancial.
En el desarrollo de una personalidad estable los triunfos son importantes, pero también los fracasos. Es a través de los fracasos que aprendemos a ubicarnos, a poner los pies sobre la tierra y a madurar. La experiencia de problemas, de sinsabores, de conflictos, nos permite aprender a tolerar la frustración. Una caída de vez en cuando, un golpe ocasional a la autoestima, un proyecto fallido, son también formadores. La triste lección de los hechos es que nunca es bueno que la vida sólo esté llena de éxitos.
*Médico psiquiatra.
Columnista de El Diario de Hoy.
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