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Sin salud no hay desarrollo
Para nadie es un secreto el malestar generalizado y con mucha razón, que causa entre los miles de salvadoreños que diariamente acuden a los hospitales, unidades de salud y el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), la aguda falta de medicinas y la suspensión de cirugías por falta de analgésicos, antibióticos y hasta hilos de sutura.
Durante las jornadas médicas que periódicamente realizo en diferentes comunidades de los municipios de San Salvador, como parte del compromiso que adquirí en mis propuestas de campaña --en las que además de la consulta se entregan medicamentos--, muchos pacientes se quejan de lo difícil que se ha vuelto recibir asistencia en el sistema de salud pública.
Basta recordar el caso del Hospital Zacamil, cuando el director de este nosocomio pagó "los platos rotos" al ser separado por las autoridades debido al paro de labores de los trabajadores, por la falta de medicinas y de equipo médico adecuado. Esta situación se ha generalizado porque los trabajadores de la salud aseguran que no disponen de las condiciones mínimas para desarrollar su trabajo de forma eficiente.
Las estadísticas indican que el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social atiende al 80% de la población y estoy seguro, que el poco presupuesto destinado a la compra de medicinas es uno de los factores que agudizan la crisis en salud.
Recuerdo muy bien, que en el presupuesto para 2012, el Ministerio de Salud solicitó $70 millones para este rubro, pero únicamente recibió $44 millones, es decir, $26 millones menos. Lo increíble es, que se contrataron 2 mil 596 nuevas plazas, con una inversión de $22 millones, destinados a fomentar el clientelismo político y por lógica se adquirió menos medicinas para la población.
Todos tenemos derecho a ser atendidos y que se nos proteja en la salud y esto es lo que resienten los salvadoreños y no se equivocan, porque sin duda el sistema de salud está en crisis.
Quién no sabe que para dar paso a ese clientelismo político las autoridades efectuaron despidos masivos y traslados arbitrarios de recurso humano calificado, destituyeron directores de hospitales y personal técnico. El gremio médico no lo olvidará, porque eso tuvo su efecto en el mal manejo de epidemias como AH1N1, que causó la muerte de 33 personas.
Desde estas líneas me sumo a la preocupación ciudadana, pero me preocupa aún más, ver cómo la falta de personal calificado incide en el mal manejo de las enfermedades infectocontagiosas: la neumonía pasó de 7 mil 475 casos en 2009 a 55 mil 730 en 2011, un incremento del 645%; las sospechas de dengue que en 2009 registraron 995 casos, alcanzaron en 2011 los 20 mil 869, un incremento de 1,997%. Para este año, el dengue y la gripe AH1N1 amenazan de nuevo a la población con su secuela de muerte. ¿Esta el sistema nacional de salud preparado para hacerle frente?
En su momento lo advertimos y el tiempo nos da la razón, los cambios cosméticos generados con la reforma de salud no incidieron en la mejoría de los servicios básicos, y disponemos de una Ley de Medicamentos con visos de inconstitucionalidad, que no ha sido capaz de mejorar la accesibilidad ni el precio de los medicamentos.
En 1989 el país tenía una esperanza de vida de 57.5 años y el actual gobierno lo recibió en 2009 con una esperanza de vida de 70.7 años, un aumento de 13 años; los partos intrahospitalarios eran del 37% y se entregaron con el 84%, una mejora del 130 %; la mortalidad materna disminuyó un 68%; la mortalidad infantil se redujo en 72%; se erradicó la polio, el sarampión, la rubeola, el tétano; el porcentaje de curación de la tuberculosis pasó del 66.3% al 90.1%, lo que le generó a El Salvador el reconocimiento internacional de la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud. Pregunto, ¿dónde están estos indicadores de salud?
Tenemos un sistema de salud postrado, que demanda con urgencia de más y mejores recursos y de menos apertura a la partidocracia y al clientelismo político, antes que sea demasiado tarde.
*Diputado.
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