Tabaco: una legislación ejemplar

Uno de los zipizapes que hemos tenido durante 2011, fue el de la tan apoyada, opuesta, vetada, remendada y, finalmente publicada ley, que regula todo lo relacionado al tabaco. Al momento, me apena reconocerlo, no tengo la menor idea de cómo terminó todo ese "bonche": si se corrigieron las sandeces, se añadieron otras, o qué.

A estas alturas, parece extemporáneo hablar sobre esto. Pero es que hay en otras partes tan buenos ejemplos a seguir, que sería un pecado no compartirlos, a fin de aspirar a que se legisle de manera similar, acorde con nuestros recursos y posibilidades.

Provengo de una familia de fumadores. Mis padres, hermanos, tíos, tías y primos han sido, en su gran mayoría, grandes fumadores. Mi abuela materna no permitía que se fumara en su presencia ("¡Ni el Señor Obispo!", decía) porque sentía que le hacía daño.

Crecí rodeada de humo, sintiendo también que me dañaba, pero tolerándolo. Tuve el profundo dolor de ver morir cruelmente a mi hermano a consecuencia de un cáncer de pulmón.

Con todo, considero que las personas deben tener la libertad de fumar, siempre y cuando no dañen a alguien más.

Y que, definitivamente, ellos deben pagar por el daño que causan a la sociedad y por el que se causen a sí mismos. Es decir: el Estado no debería afrontar los inmensos gastos requeridos para atender las enfermedades auto infligidas por los fumadores.

Duro, sí, pero necesario. Y, claro, los fumadores deberían estar plenamente sabedores que, por ley, tendrían que afrontar todas las consecuencias --físicas y pecuniarias-- de su adicción.

Pero… esa es mi opinión; probablemente, no la de nuestros legisladores.

En todo caso, una legislación siempre debe ser estudiada a fondo, analizada en sus consecuencias y elaborada de manera tal que contribuya efectivamente al bien común. Eso se hizo en la ciudad de Tampa, Florida, gracias al liderazgo del Honorable Lee Moffitt, quien fue parte de la Casa de Representantes por su Estado, durante más de 10 años.

El Honorable Moffitt consiguió que se estableciera un impuesto adicional al tabaco, por un período de 3 años, para conseguir el monto de $70 millones, necesarios para la construcción de un Centro de Cáncer, logrando esto en el tiempo establecido. Así, en enero de 1983, inició sus actividades la Universidad de South Florida y en 1986 comenzó a trabajar el H. Lee Moffitt Cancer Center & Research Institute, admitiendo su primer paciente.

El manejo de fondos fue tan eficiente y eficaz, y los estudios del Centro han sido tan exitosos, que en 1998 la Legislatura de Florida erogó $100 millones más para la construcción del Vincent A. Stabile Research Building y la expansión de la clínica original, funcionando ambos, plenamente, desde 2003.

Tanto la universidad como el hospital, están enfocados a la investigación, siendo uno de los apenas 14 centros investigadores que existen en los Estados Unidos.

Tampa, en sólo 20 años, desarrolló una obra monumental, de beneficio para sus ciudadanos, para el resto de estadounidenses y de los miles de seres humanos que, gracias a sus investigaciones, encontrarán alivio e, incluso, curación del cáncer.

La gran lección es que una legislación adecuada no solamente regula, sino también arroja resultados concretos, duraderos y necesarios. Todo, si se actúa con responsabilidad, inteligencia, honestidad, sentido de urgencia y amor patrio.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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