Mejor que sean curileros a que caigan en la droga
Recapaciten aquellos que andan sacando niños de sus humildes trabajos, en que les quitan oportunidades y los mandan al vicio
Jueves, 14 de Junio de 2007
Así como el camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones, los horrores, tragedias y tristezas que sufren los niños en El Salvador son en parte resultado de los esquemas institucionales, las leyes y mucho de lo que hacen funcionarios y empleados públicos para, en teoría, protegerlos. Es de urgencia que se revisen las leyes y sobre todo las ideas que estructuran la asistencia a niños desamparados para verdaderamente protegerlos y ayudarles a convertirse en personas de bien y trabajadoras.

Desde la Alianza para el Progreso del difunto John Kennedy se vienen montando esquemas y entidades para impedir que los niños aprendan oficios, trabajen y no vaguen, estén vigilados y no sueltos en las calles. Es preferible, aunque parezca una blasfemia decirlo, que un niño labore haciendo cohetes, a que deambule por barriadas expuesto a que lo violen, lo maten o lo recluten en las maras.

La gran perfidia de los últimos tiempos, lo que sin descanso promueven los chantajistas de la OIT, es oponerse "al trabajo infantil". Y para que sus consignas se cumplan recurren a todo lo imaginable, desde reclutar empresas para que no compren azúcar salvadoreña, hasta pedir que se impongan restricciones a lo que exportamos a Estados Unidos y Europa. El alegato es que los niños no deben trabajar sino estudiar, jugar en jardines, ser cuidados por sus amorosas familias.

Pero no hay tales jardines, los cupos en las escuelas son limitados, abundan padres que abusan y maltratan a sus hijos (inclusive que violan a hijastras e hijas) y, lo más terrible, está la calle con todos sus espantos. La alternativa a que trabajen no es "la escuela jardín", sino la calle, la mara, la droga, la prostitución y la muerte. Repetimos: preferible que el niño ande recogiendo curiles a que caiga en la droga y la mara.

Piensen en las infamias que hacen

Parte de las campañas contra el llamado trabajo infantil nace de creer que un niño o inclusive un adulto, sólo se educa en escuelas. La experiencia milenaria, es que el taller, la granja, las manufacturas, las ventas y comercios, son alternativas igualmente efectivas. Hasta el Siglo XVIII, todos los grandes artistas, desde pintores hasta músicos, fueron formados en los estudios y talleres de maestros. Y hasta 1962, los artesanos en El Salvador también aprendían sus oficios y habilidades en talleres donde comenzaban como aprendices.

Poner a trabajar a los jóvenes -- vale tanto hacerlo cuando tienen diez años o han cumplido diez y seis-- es la forma más efectiva, directa y humana de alejarlos de la ruina en zonas de alto riesgo para ellos. Y repetimos: idealmente hay que poner a los niños en escuelas ventiladas, ajardinadas y con estupendos maestros, pero las realidades son otras; hace años, el diputado Jack Kemp, del Congreso estadounidense, propuso un plan de empleo para jóvenes mayores de diez y seis años en los corazones deteriorados de las ciudades, para combatir vagancia, droga y perdición. La idea no prosperó, en parte por la resistencia montada por los sindicatos estadounidenses, los mismos que financian y apoyan políticamente las barbaridades que perpetra la OIT en el Tercer Mundo.

Recapaciten aquellos que andan sacando niños de sus humildes trabajos, en que les quitan oportunidades y los mandan al vicio.

El Diario de Hoy no es responsable de las opiniones de sus columnistas y colaboradores
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