Vamos a aclarar nuestra posición al respecto: lo ideal es que todos los niños asistan a la escuela, que jueguen en jardines, que tengan familias amorosas que los protejan, que se les cure y se les moralice. Pero una cosa es la ilusión y el deseo, y otra por lo general muy triste es la realidad. Y de los males, lo sensato es escoger el menor.
Estos meneos contra el trabajo infantil no son un parto del gobierno sino resultado de las presiones que los chantajistas de la OIT vienen haciendo para evitar o estorbar que se formen niños en oficios y que trabajen por salarios que puedan competir con los del mundo desarrollado. La guerra contra los niños, contra el aprendizaje, contra las formas no tradicionales de la enseñanza viene de muy lejos; a principios de la Década de los Sesenta la Alianza para el Progreso de John Kennedy acabó con el régimen de aprendizaje en El Salvador, alegando precisamente que buscaban proteger a los niños. El servil gobierno salvadoreño de entonces, el de Julio Rivera, cumplió al pie de la letra con las consignas que recibía y terminó con el aprendizaje, de hecho enviando a la calle a muchísimos niños que estaban formándose como artesanos y trabajadores especializados. Como lo hemos dicho muchas veces, era preferible la calle, a que trabajaran en un taller o cortaran caña.
Piensen mejor lo que están haciendo
Vamos a esto de la caña y, ahora, las cortas de café. Cortar caña no es una ocupación peligrosa, más allá de lo que un joven de catorce o quince años pueda hacer, sobre todo considerando que las cortas se realizan por grupos grandes de trabajadores, cuadrillas, que se cuidan unos a otros. Muchos de los "niños", "niños" para la OIT, se van a las cortas para poder así financiar sus estudios en los períodos cuando no hay trabajo o para sostener a sus familias, a su mujer y a sus hijos. Pues muy niños pueden parecer pero muchísimos de ellos están acompañados y tienen responsabilidades familiares. Esas pobres familias se ven empujadas a ocupaciones todavía peores, por obra de las directrices de la OIT.
Quitar trabajo, decretar prohibiciones, inspeccionar para caerle encima a empleadores por dar empleo a "niños", es muy fácil. Lo que no se ha visto es que haya un "Comité Nacional para Crear Trabajo para Jovencitos y Sacarlos de la Calle, Protegerlos de las Maras, de la Prostitución y de la Droga". Ese es el esfuerzo, la cruzada, el afán que necesita el país para impedir que muchos de sus niños y jóvenes caigan en formas terribles de explotación o se hundan en la delincuencia. Ojalá que en su próxima reunión, los del Comité Nacional contra el Trabajo Infantil se pongan la mano en la conciencia y rectifiquen.