resumen noticias
Además en

Señalan abusos en contrato laboral

Salvadoreños se aprestan a viajar a Iraq y Afganistán

» Si el plan se concretiza, 40 connacionales irían a ganar 1,020 y 1,500 dólares, previo entrenamiento en la base Moyock, de Blackwater

Jorge Beltrán Sábado, 2 de Agosto de 2008

Un grupo de salvadoreños, ex militares en su mayoría, se ha estado preparando para viajar a Iraq y a Afganistán a efectuar tareas de seguridad privada durante un período de seis meses, bajo el patrocinio laboral de la firma estadounidense Blackwater. Así lo han informado a este Periódico fuentes vinculadas a este proyecto, quienes estiman que la salida será en los últimos días de agosto y principios de septiembre.

Las reuniones y entrenamientos previos a la salida los han efectuado en las instalaciones del Centro de Apoyo de Transmisiones de la Fuerza Armada (CATFA) —ex Cuartel San Carlos— , según ha podido corroborar este periódico, aunque un oficial de ese cuartel negó tales hechos el sábado anterior. Adujo que la visita de los hombres que entraron en tres autos de una agencia de seguridad privada se debía a la participación en actividades recreativas.

Luego de la partida, el grupo seleccionado recibirá un fuerte adiestramiento militar en la Base Moyock, en Carolina del Norte, Estados Unidos, un vasto campo de entrenamiento de la firma Blackwater, que provee servicios de seguridad privada al Departamento de Estado de esa nación.

Esa preparación sería la última prueba que los salvadoreños deberán sortear antes de viajar al Oriente Medio. Quienes satisfagan las exigencias de Blackwater, recibirán un bono de 500 dólares, además del trabajo; los que no, tendrán que regresar a El Salvador... Y sin el bono.

Pese a las condiciones de "ultra peligrosidad", según rezan los contratos laborales que firman estos soldados privados, el salario por el que se van son sumamente bajos en comparación con sus similares de países como Chile, España y Estados Unidos.

La treintena de salvadoreños seleccionados para ir a "trabajar" a Afganistán recibirá una paga de 50 dólares por día (mil 500 al mes). En tanto, a los que viajarán a Iraq les pagarán 34 dólares, es decir, mil 20 mensuales. Esta última cifra es la que han recibido los que les han precedido y que estuvieron destacados en la Green Zone, de Bagdad (así consta en documentos a los que este Diario ha tenido acceso).

Un mayor retirado del Ejército, que ha estado muy involucrado en las tareas de reclutamiento y selección de personal, es quien liderará al grupo de 30 que viajará a Afganistán. Mientras que los diez, cuyo destino será Bagdad, serán comandados por un capitán, también retirado, que ya ha estado en dos ocasiones en la Green Zone.

Pese a las condiciones de peligrosidad, para varios de los postulantes el trabajo en el Oriente Medio no es desconocido. Muchos de ellos van por segunda y hasta por tercera ocasión. Han estado en la Green Zone, de Bagdad, como guardias privados o han realizado labores con el Batallón Cuscatlán, del que alguna vez fueron parte.

Ese "reenganche" lo atestigua la indumentaria (pantalones, botas y mochilas beige), típica de los miles de soldados de fortuna que la Blackwater tiene desplegados en diversas partes de Iraq, con que algunos han acudido a pruebas y a reuniones informativas.

Precarias condiciones

La empresa local que ha reclutado a los salvadoreños que partirán es Central America Professional Services (Capros), propiedad de un ex empleado bancario, Marcos Alberto Chávez Castillo, y de un coronel retirado, Juan Emilio Velasco Alfaro, que a su vez es subcontratista de la firma Greystone Ltd, filial internacional de Blackwater, que mantiene millonarios contratos con el Departamento de Estado, para proporcionar miles de mercenarios en la guerra de Iraq.

Sin embargo, los salvadoreños no firman ningún contrato ni con Greystone ni con Blackwater, sino con Capros, cuyo representante legal es Chávez Castillo, de acuerdo a documentos en poder de este Diario.

Tras la aparente oportunidad, se esconden desventajas para los enviados, estipuladas en el contrato laboral que firman horas antes de partir, como sucedió con grupos anteriores.

Los que ya han ido señalan el salario como la principal desventaja. Capros, la empresa subcontratista, se queda con 4 mil 600 dólares mensuales por cada salvadoreño enviado a Iraq, sostienen quienes conocen las interioridades de la firma salvadoreña y que, por temor, pidieron no revelar sus identidades.

Esto demuestra que estos soldados de fortuna viajan por menos de la mitad del salario que la también estadounidense Triple Canopy pagó a los salvadoreños pioneros en esa clase de trabajo en Iraq, quienes recibieron salarios de entre 2,200 y 2,800 dólares.

Los 34 dólares diarios son poco si se toma en cuenta el peligro que representa salir en misiones a la Zona Roja, como lo hicieron en julio de 2007, cuando custodiaron a diplomáticos extranjeros. O el riesgo --más latente-- de que les caiga un mortero, incluso en horas de descanso, como le iba a ocurrir a D.C., un salvadoreño a quien le estalló un explosivo de esos, de 60 milímetros, aunque logró salir ileso, recuerdan algunos de sus compañeros.

"Casi esclavos"

Expertos en Derecho Laboral opinaron, después de leer el contrato, que las condiciones contractuales en que viajan los salvadoreños raya en la esclavitud, y es violatorio de todo el Código de Trabajo de El Salvador. "Si usted se rige por las normas de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), éste es un contrato inexistente, pero es la necesidad de la gente la que lo induce a firmar esos contratos", explicó uno de los consultados.

El contrato establece que los enviados por Capros "deberán prestar sus servicios el tiempo que sea necesario para velar por la seguridad y protección de las personas y bienes que le sean encomendadas".

Además, no tienen estabilidad laboral, ta como lo establece la cláusula 6.3 y 6.4. En tanto, el apartado 11.1, exime de toda responsabilidad a Capros de cualquier desgracia que le suceda al mercenario, quien sabe de la naturaleza "ultrapeligrosa" del lugar de prestación de sus servicios y asume "expresa y voluntariamente" todos los riesgos o daños personales, incluyendo la muerte o incapacidad que pueda resultar en la misión, incluso si la lesión o muerte es causada por otros contratistas de la compañía o del cliente...

Sobre lo anterior, en la cláusula 11.3, el empleado renuncia y dice que ninguno de sus parientes o cualquier otra persona podrá iniciar cualquier acción legal, en su nombre, a Capros. Esto es reiterado en los apartados 11.4 y 11.5.

En la disposición 2.5, los derechos del contratista se limitan a exigir el pago de los honorarios. Ese mismo punto indica que no existe ninguna relación laboral entre el contratista y Capros, pues, este actúa por su propia cuenta y no estará sujeto a subordinación laboral de Capros.

Para rematar, el contratista, es decir, el que viajará, se obliga a no revelar a nadie información confidencial o cualquier información relacionada con Capros, Greystone o Blackwater (de esta manera está estipulado en la cláusula 15.1). Por el contrario, "debe usar sus mejores esfuerzos para prevenir la publicación o revelación de tal información".

No obstante esa mordaza, El Diario de Hoy conversó con varios ex empleados de Capros que han viajado en ocasiones anteriores a Iraq. Explicaron que el contrato laboral es muy abusivo, pero Capros se los entrega un día antes o, incluso, pocas horas antes de alzar el vuelo.

Recuerdan el caso de un integrante de la Policía Nacional Civil que tiene como sueldo 800 dólares como empleado público. Éste, al ver todas las desventajas en que lo ponía el contrato laboral y que el sueldo, según el mismo documento, era de 1,020 dólares, decidió no arriesgarse.

En Capros guardan silencio

Este periódico intentó conocer la versión de los socios de Capros acerca de los hechos señalados por ex empleados, pero no fue posible, pese a los intentos. Al llamar a las oficinas de esa empresa, una mujer que no quiso identificarse dijo que Chávez Castillo no estaba disponible y que mejor se debería hablar con Cristóbal Cuéllar, apoderado legal de la compañía. Sin embargo, minutos antes de ese mismo día, el abogado había dicho que ya no fungía como tal desde hace varios meses .

Luego, se enviaron dos correos electrónicos a Greystone Ltd con las preguntas que se tenía previsto hacerle a Capros, pero Robert Tanenholz respondió por el mismo medio que "actualmente" Greystone no tenía empleado a ningún salvadoreño, no obstante, que en el correo se les preguntaba por los futuros envíos.

En la mañana del martes anterior, un día después de enviar esos correos a Greystone, el abogado Cuéllar dijo que los socios de Capros le habían pedido que se comunicara con este periódico para decir que esa misma tarde o la mañana del miércoles responderían las preguntas planteadas en la correspondencia enviada a Greystone. Pero al cierre de esta nota (viernes 1 de agosto), Capros no había cumplido su promesa.

De esta manera, quedan las interrogantes siguientes: Por qué esa entidad privada usa en provecho propio, equipo (fusiles M-16) e instalaciones gubernamentales. Además, quedan pendientes las respuestas acerca de los señalamientos hechos por ex militares enviados a Iraq en años anteriores.