El salvadoreño que juzgó al mundo

» Hasta la participación de este insigne hombre en los foros mundiales, El Salvador sólo era conocido por sus terremotos, cuartelazos y revoluciones. Cuando el Dr. Guerrero murió alguien dijo: "Gustavo no les pertenece sólo a los salvadoreños. Es gloria del continente americano"

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Tras la caída de Holanda, el 17 de mayo de 1940, los nazis intentaron tomar el Palacio de la Corte Permanente de Justicia en La Haya, pero se encontraron a un salvadoreño, el único juez que se quedó con un grupo de oficiales holandeses, resuelto en la puerta principal. Cuando se acercó un general alemán de rostro inconmovible, el Juez Presidente le dijo: "La Corte y su personal son inviolables. Sólo sobre mi cadáver pueden penetrar al palacio".

Este insigne hombre que hacía honor a su apellido era el jurisconsulto salvadoreño Dr. José Gustavo Guerrero, quien desafió la invasión nazi al máximo tribunal. Aunque al final, los hitlerianos tomaron el edificio, el doctor Guerrero les demandó y consiguió que le permitieran salvar los valiosos archivos. Por este y otros actos de valentía y entrega al Derecho Universal, llegó a ser el primer Presidente de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Su retrato marca el Salón de Sesiones del máximo tribunal de las Naciones Unidas, como mudo testigo de las decisiones de la justicia sobre los pueblos y del principio de no intervención.

Así lo destaca la reseña biográfica "El salvadoreño que trascendió las fronteras: Dr. José Gustavo Guerrero", investigada y escrita por José Miguel Arévalo-Rengifo, tataranieto del jurisconsulto.

El Dr. José Gustavo Guerrero nació el 26 de junio de 1876, en San Salvador. Inició sus estudios de Ciencias Jurídicas en la Universidad Nacional, época en la que creó junto con su amigo y compañero de estudios, Vicente Trigueros, el polémico periódico "El Látigo," en el cual criticaban al gobierno. Esto causó que ambos fueran mandados a expulsar de la Universidad por órdenes del entonces presidente, el general Rafael Antonio Gutiérrez, y se ordenó su captura.

La mayoría de estudiantes de la Universidad Nacional firmó una hoja suelta en la que se hacían solidarios con Guerrero y Trigueros y, junto con muchos destacados catedráticos, desertaron de la Universidad. Fundaron entonces la Universidad Libre de El Salvador, entre cuyos catedráticos más destacados estaba el Dr. Belisario Porras Barahona, quien llegó a ser tres veces Presidente de Panamá, y el cubano Dr. Juan Artiga Escobar, que se destacó en el estudio de la homeopatía.

Al final, Guerrero tuvo que prestar servicio militar obligatorio como castigo. Al concluirlo, emigró a Guatemala desde donde se graduó de la Universidad de San Carlos ya como Doctor en Derecho en 1898. Ese mismo año, regresó a El Salvador y fue nombrado por el nuevo presidente, el general Tomás Regalado, como su Secretario Particular. Al poco tiempo, fue nombrado Cónsul en Burdeos y así comenzó su carrera diplomática.

En Europa desempeñó numerosos cargos consulares y diplomáticos. Cobró fama como jurista internacional al defender a El Salvador contra Italia en el Caso Canessa, en el cual el país europeo demandaba una enorme suma de dinero a El Salvador. El caso lo ganó El Salvador gracias a las excelentes intervenciones del Doctor. En Francia, fue amigo muy cercano de Arístides Briand, Premio Nobel de la Paz, uno de los pioneros del ideal de la construcción de la Unión Europea, ideal mismo que Guerrero compartía y soñaba ver realizado también en Centroamérica, tal como demostraría años después en una visita a El Salvador.

En 1927, el entonces presidente de la República, Pío Romero Bosque, le propuso ser ministro de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública. El Doctor Guerrero no quería dejar la representación de El Salvador en Europa, pero finalmente acepto regresar al país. Ya fungiendo como ministro en el gobierno de Pío Romero Bosque, fundó la Escuela Diplomática en El Salvador y estructuró la primera ley sobre esa materia en la República.

El 23 de mayo de 1927, firmó el decreto que le dio autonomía a la Universidad de El Salvador.

En la Sexta Conferencia Interamericana que se celebró en La Habana, con la participación de 20 países del Continente, el doctor Guerrero abogó por la no intervención. Fue tan imponente la participación del Dr. Guerrero, que inmediatamente atrajo sobre él los ojos del mundo.

En 1920 fue elegido por unanimidad presidente de la Liga de las Naciones, antecesora de las Naciones Unidas y surgida tras la Primera Guerra Mundial.

La imparcialidad y buen juicio con el que lideraba el Dr. Guerrero le conquistó el mérito de entrar en 1930 como Juez a la Corte Permanente de Justicia Internacional, en La Haya, Holanda, aquella que "en el orden jerárquico de la justicia, no conoce otro más alto que el Tribunal de Dios", como alguna vez exclamó el doctor Guerrero.

Héroe anónimo

Tan sólo un año después, se convirtió en vicepresidente de dicha Corte, y en 1937, asumió como presidente, hasta que fue forzado a salir en 1940 por los nazis.

Una vez establecido en Ginebra, el doctor Guerrero recibió la visita del Cónsul General de El Salvador en Suiza, el coronel José Arturo Castellanos, quien había llegado huyendo de Alemania, donde fungió como Cónsul hasta que El Salvador rompió relaciones con el régimen de Hitler.

El coronel Castellanos había otorgado ya varias visas a personas de origen judío que eran perseguidas por los nazis. Sin embargo, ahora formaba parte de un más grande proyecto: la entrega de documentos falsos de nacionalidad salvadoreña a personas de origen judío. Castellanos consultó entonces al Dr. Guerrero y él autorizó el plan.

En 1945 se llevó a cabo en San Francisco, California, la conferencia a la que asistieron más de 50 países y en la que se fundó la Organización de Naciones Unidas (ONU). El Dr. Guerrero, y por ende El Salvador, fue invitado en calidad de asesor para la institución de la nueva organización mundial. Para ello, Estados Unidos envió un avión de la armada a Ginebra exclusivamente para traer a América al salvadoreño.

En 1946, renunciaron el aún presidente de la Corte Permanente, Dr. Guerrero, al igual que el resto de Jueces, a sus respectivos cargos. La Corte Permanente de Justicia Internacional pasó a ser la Corte Internacional de Justicia, como la conocemos hoy en día. Se realizó la primera elección de la cual resultó electo como presidente de la Corte Internacional de Justicia, nuevamente el Dr. José Gustavo Guerrero, siendo él uno de los dos únicos magistrados del antiguo tribunal en ser partes de la nueva Corte de la ONU. Es decir que fue un salvadoreño el primer presidente de la Corte Internacional.

Ese mismo año se le recibió en El Salvador con los más altos honores, conferidos por el Presidente de la República, Salvador Castaneda Castro, junto a los otros poderes, gabinete y cuerpo diplomático.

Al agradecer los honores, el doctor Guerrero destacó que hasta entonces "la vieja Europa no sabía nada de El Salvador y su nombre no era pronunciado más que en ocasión de sus terremotos, de sus cuartelazos y revoluciones".

Promotor de resucitar la Federación Centroamericana, fue condecorado con la más alta distinción del país, la Orden Nacional "José Matías Delgado" en grado de Gran Cruz Placa de Oro. Además, se le nombró "Hijo Preclaro de San Salvador". Murió a los 82 años en Niza, Francia, el 25 de octubre de 1958.

En Río de Janeiro, el internacionalista brasileño Raúl Fernández, amigo de Guerrero, alguna vez manifestó: "Gustavo no les pertenece sólo a los salvadoreños, Gustavo es gloria del continente americano".