"Nunca me he sentido como un extranjero"
Monseñor Fernando Sáenz celebra este 15 de agosto 50 años de vida sacerdotal. El Arzobispo emérito llegó a El Salvador en enero de 1962

Paola Michelle García
Viernes, 14 de Agosto de 2009
Pocos salvadoreños o extranjeros han recorrido paso a paso los caminos del país, escalado sus volcanes y conversado con decenas de pobladores en localidades olvidadas entre montañas y ríos con el objetivo de conocer sus necesidades y enseñar a otros la "sencillez, caridad y humildad" del ser humano. Monseñor Fernando Sáenz Lacalle lo hizo.

Con una mochila sobre sus hombros, dentro su estola para confesar y el corazón dispuesto para llevar esperanza y consejo a quien lo necesitara, el Arzobispo Emérito de San Salvador visitó diferentes lugares de El Salvador durante sus primeros años en Centro América como sacerdote de la Prelatura del Opus Dei. Su arraigo aquí fue "el plan de Dios", dice.

"He caminado todo el país", recuerda con una sonrisa. Y es que a su llegada en 1962, el joven originario de Cintruénigo, Navarra, se incorporó al Club Sherpas, un centro de complementación educativa para jóvenes y adolescentes que busca la formación intelectual, moral y humana.

"Comenzamos en un club con 20 ó 30 cipotes, organizamos convivencias, retiros y otras actividades. Sobre todo hacían muchas excursiones para subir volcanes", reseñó.

"Esta es una labor muy importante de formación de la juventud para que los muchachos de la capital que puedan estar 'encajonados' en su ambiente conozcan el país y a su gente. La ventaja que se tiene es que se pasa por todos los pueblos, por todas las zonas del país y los jovencitos pueden ver cómo la gente vive y cómo son muy generosos siendo pobres. Por ejemplo, si llegamos a San Fernando, después de varios días de camino, desde La Palma, subiendo Miramundo, El Pital... y de pronto la gente se arregla para darnos un trocito de queso y un poquito de frijoles, esto se queda impreso", añadió.

Así, después de varios meses, El Salvador dejó de ser para el joven sacerdote una zona conocida únicamente por sus datos históricos y la labor apostólica que el Opus Dei realizaba. Y pasó a ser su hogar, su país, ese que eligió para nacionalizarse en 1966.

"Lógicamente estoy en mi casa. No se me ocurre nunca, jamás, la idea de que soy extranjero. Vine a quedarme... Yo elegí ser salvadoreño", enfatizó.

Durante medio siglo, Sáenz no sólo ha hecho que las inspiradoras palabras escritas por San Josemaría Escrivá de Balaguer en "Camino" guiaran su vida sacerdotal sino que, durante todo este tiempo, con la gracia divina, la palabra justa y quizá el silencio oportuno ha ayudado a miles a encontrar "el camino" que desde el día a día, conduce hasta Dios.

De químico a sacerdote

Las imágenes de su tierra natal, los nombres de sus ciudades españolas que aprendió en la escuela y los recuerdos de infancia, cuando soñaba con ser un experto en química para ayudar a crear nuevos productos en la fábrica de jabones de su papá, son ahora parte de la anécdota que por Providencia Divina lo llevaron a entregar su vida a la Iglesia.

Tras finalizar su bachillerato, el joven Fernando continuó la licenciatura en ciencias químicas en la Universidad de Zaragoza, pues deseaba unirse a la empresa familiar al terminar su carrera. Pero Dios tenía otros planes. Mientras estudiaba, su sueño de químico quedó en el olvido. Se enamoró de Dios y su futuro se proyectó en el servicio a la Iglesia, la labor pastoral y el día a día siendo "sal y luz del mundo".

"Conocí a compañeros del Opus Dei, laicos corrientes, que estaban estudiando también ciencias químicas, nos estábamos preparando para ser industriales fabricantes de algo. Conocí al Opus Dei, e incluso viví en una de sus residencias en Zaragoza".

"Pasé a la Universidad de Barcelona a hacer un doctorado en Ciencias Químicas. Sin embargo, no lo concluí porque viajé a Roma para seguir con los estudios de teología en la Pontificia Universidad Lateranense. Pero con la ventaja y la gran gracia de Dios que estaba viviendo en el mismo edificio en el que vivía San Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei, a quien le había dicho que por mi parte estaba disponible si convenía que yo fuese sacerdote", recordó.

Así, en 1959, junto a 24 jóvenes más se ordenó sacerdote y dos años después fue enviado a Centroamérica para unirse al trabajo que la Prelatura estaba realizando ya en el Continente.

En la década de los 60 se dedicó a apoyar la labor con la juventud del país. Luego vino la guerra y durante todos esos años, como un salvadoreño más, luchó día a día por no dejar que ésta "rompiera" con la esperanza y el coraje diario del alma salvadoreña.

El 6 de enero de 1985 se ordenó como Obispo Auxiliar de Santa Ana. Diez años después, el 13 de mayo de 1995 se convirtió en el nuevo Arzobispo de San Salvador, cargo del cual se jubiló en noviembre de 2007. Ahora es párroco de la iglesia Montelena.

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