Cierto es que la admisión de Cutié de que ama a Ruhama Buni Canellis, divorciada de 35 años y madre de un adolescente de 14, sólo fue posterior al escándalo provocado por la publicación de una serie de fotografías de ambos en una soleada playa de Florida.
Pero al dramaturgo puertorriqueño Wilson Blass, que además dirigirá la escenificación de En Pecado Mortal, en el que estelarizan el mexicano Paulo Quevedo y la colombiana Alejandra Pinzón, no le cabe duda alguna de que su obra pesó grandemente en cualquiera que haya sido el proceso mental del sacerdote de 40 años.
"Él (Cutié) fue el primero en leer la obra y aprobarla", no obstante su controversial tema, fue Cutié, dijo Blass en una entrevista con El Diario de Hoy en la que estuvo acompañado de Quevedo y Pinzón.
Blass reitera en la conversación que ha basado su obra en hechos verídicos y combinado los casos de dos sacerdotes puertorriqueños: uno que abandonó los hábitos para desposar a una de sus feligreses y el otro, un homosexual pedófilo posteriormente asesinado por una pandilla de adolescentes.
La relación entre Juan de Dios (Quevedo, de la telenovela Doña Bárbara) y Milagros (Pinzón, de la telenovela Sin Setas No Hay Paraíso) está matizada por el mismo dilema que atormentaría a cualquier cura en una situación similar: amar a Dios o amar a la mujer, dice Blass.
Para el escritor, es indudable que Cutié, "se proyectó (al revisar el libreto original). Es su vida, sin yo saberlo". Un parangón adicional, dice Blass: "Los dos sacerdotes (en los que se basa la obra teatral) son conocidos del padre Cutié". No obstante las semejanzas, todo dista mucho de significar que hay un paralelo absoluto entre En Pecado Mortal y la vida del célebre sacerdote, a quien millones conocen no por su obra pastoral sino por su presencia ante las cámaras de TV.
A diferencia del caso real de Cutié, en la obra el interés amoroso de Juan de Dios es una adolescente de 17 años. Y en el argumento figura también el sacerdote homosexual, interpretado por el guatemalteco Antonio Muñoz.
El escándalo en torno al cura que los medios norteamericanos han dado en llamar "Padre Oprah" podría generar un incentivo mayor para que los miamenses asistan al Byron Carlyle cuando la obra comience sus dos semanas de presentaciones.
Para el apuesto Quevedo, que bien podría interpretar ante las cámaras el telegénico Padre Alberto si la historia llegase alguna vez a la pantalla, la obra se defiende por méritos propios.
"Son personajes únicos. Es la oportunidad de demostrarle al público de qué estás hecho como actor, más allá de actuar ante las cámaras y una audiencia de millones", dice el mexicano.
Pinzón —prostituta en Sin Senos No Hay Paraíso, un personaje radicalmente distinto de la virginal Milagros— afirma, por su lado, que tiene "un sexto sentido para apreciar la obra" y el impacto más duradero que puede generar en su carrera.