UN nido en las alturas

» La curiosa historia de Águila San Isidro, equipo de Tercera División, que juega en una finca a 1,250 m. sobre el nivel del mar

No es la escalera al cielo, pero al menos se ve de cerca el volcán Chaparrastique. Las nieblas cubren el lugar, el aire se vuelve espeso y algunos jugadores rivales sienten los efectos de la altura. Por eso Águila San Isidro, un equipo de la Tercera División hace de su cancha, en una finca, un fortín, del que nadie ha salido con los tres puntos en la temporada 2007-2008.

La finca San Isidro, jurisdicción de Chinameca, San Miguel, está a 1,250 metros sobre el nivel del mar. Llegar al lugar es toda una aventura. Sin embargo, el equipo local facilita el transporte para evitar que sus jugadores, que viven en San Miguel y La Unión, no caminen cuatro kilómetros de una calle empinada y polvosa. Los árbitros tienen el mismo servicio, igual que los agentes de la PNC.

El equipo visitante llega por sus propios medios. En el caso de su rival de este fin de semana, el Espíritu Santo, llegó en un bus.

Sol que no calienta

El cafetal, un clima frío y la ventisca no permiten que a las 2:45 p.m. -hora que programa Águila San Isidro sus juegos de local- se sienta el calor del sol. Incluso, las nubes tapan al 'rey solar'. Y se siente un ambiente de lluvia.

Los jugadores del Espíritu Santo, que viven en un hábitat costero, llegaron con dos horas de anticipación para aclimatarse. En el torneo, de cuatro juegos anteriores, sólo habían visitado una vez la finca. Y les empataron. En su isla devoraron al Águila tres veces.

El DT José Garay Lozano, del Espíritu Santo, se ve preocupado. "El clima ya comenzó a afectarnos. Hay menos oxígeno. Tengo a Eymer Alvarado constipado y no creo que me aguante los noventa minutos, César López está nervioso por un dolor de muelas y José Pérez -uno de los titulares- le tiene fobia a las alturas. Le hice una prueba psicológica y como vi que le temblaba la mano le dimos un estimulante", contó.

En cambio, los de casa se sienten en el paraíso. Prefieren el clima fresco y se sienten seguros de su fortín: "Muchos de los equipos dicen que no nos ganan en la finca porque el clima los cansa. Hace dos juegos -contra UDET- uno de los líneas (árbitros) se desmayó porque era la primera vez que venía", dijo Roger Esaú Campos, uno de los jugadores con mayor experiencia en el equipo local.

No escatiman esfuerzos

En Águila San Isidro, hay muchas historias. Su presidente es Enrique García Prieto (también preside Fundamadrid) y se hizo cargo del equipo hace tres años para apostarle a la función social.

En la finca, dos de los jugadores son jornaleros. Francisco Quintanilla y William Maravilla cortan el café, durante la temporada de cosecha o podan los árboles. Otros viven en los cantones aledaños como El Volcán, El Carmen, La Joya Verde, La Cruz, etc. Todos reciben la facilidad de estudiar en la escuela "Federico García Prieto".

Y un grupo, oriundos del sector residen en San Miguel. Y el que más lejos vive de la finca es Roberto Carlos Álvarez, del cantón Bolívar, en La Unión . Estos se transportan por sus medios hasta el desvío San Isidro. Esperan a que el camión de la finca llegue al punto de reunión, a la 1:00 p.m. Les ahorra la caminata de cuatro kilómetros, en una calle polvosa.

Llegan a la finca, uno a uno ingresa al camerino. Se visten su uniforme de casa, el blanco con franjas roja y naranja en el pecho y los números azul en su espalda.

Por los pasillos se escuchan comentarios como "ganémosle por primera al Espíritu Santo. Ya es tiempo".

Saltan a la cancha y entre los graderíos, donde se cobran $2.00 dólares la entrada general- los pobladores de la finca y de los sectores aledaños tienen su diversión dominical.

Desde la escuela de la finca, la banda musical porta sus instrumentos (trompetas y bombos).

Muchos llevan camisas color naranja, en alusión al equipo mimado del Águila de la Primera División.

Tras noventa minutos donde pasó de todo: goles, expulsiones y un penal errado por el jugador Álex Alfaro del Espíritu Santo, al 66', los locales ganaron 5-2.

Se desató la locura colectiva. Águila San Isidro por fin le ganaba al rival costeño, después de cinco juegos; mantenía virgen su condición de local y arribaba al primer lugar de la zona oriental, con siete puntos, gracias al empate a dos contra Estrellas del Sur.

El equipo de San Isidro vuelve a soñar, porque en la temporada 2006-2007 desfiló en la Segunda División pero cedió su categoría al Once Lobos porque no tenía los suficientes refuerzos. Además, la filosofía de la institución es apostarle a los lugareños.

Tras la celebración, los jugadores del Águila San Isidro -que viven lejos- toman sus maletines y se desplazan al desvío San Isidro por camión y pick up.

Algunos, en compañía de sus novias e hijos, esperan un ride en la carretera. Uno a uno encuentra transporte. El jugador Marvin Rosales comenta: "siempre tenemos fe de que regresaremos a casa". Este pasaje se repite, en partidos y entrenos. Todo por el fútbol.

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