El dictador extravagante

Con sus tiendas beduinas y guardaespaldas femeninas fuertemente armadas, junto a su disposición a ejecutar a sus opositores, el dictador libio muamar Gadafi construyó una imagen de liderazgo excéntrica y sangrienta durante más de 40 años. Ahora se encuentra acorralado

el dictador libio, su hijo y su jefe de espionaje son buscados por crímenes contra la humanidad por el Tribunal Penal Internacional (TPI) con sede en La Haya por planear la violenta represión del levantamiento civil.FOTOs EDH / ARCHIVO

Tras meses de asedio de las fuerzas opositoras armadas y de los ataques de la coalición militar de la OTAN, el dictador Muamar Gadafi ha sido finalmente acorralado y el régimen que ha encabezado durante más de 40 años podría estar viviendo sus últimas horas.

Con su afición por las tiendas beduinas, las guardaespaldas femeninas armadas hasta los dientes y sus enfermeras ucranianas, Muamar Gadafi se había forjado una imagen de "showman", pero la revuelta de gran parte del pueblo libio ha puesto en primer plano la intransigencia y la atrocidad de su régimen.

Al mismo tiempo, la comunidad internacional lo ha vuelto a poner en el punto de mira y ha convertido en un objetivo principal la lucha de los rebeldes libios por derrocar y atrapar a Gadafi "vivo o muerto".

Durante la mayor parte de esas cuatro décadas en el poder, hasta el momento de una decadencia irremediable, Gadafi también ha ostentado una posición destacada en la galería de villanos de todo el mundo.

Por décadas, el dictador y su cúpula en el poder (incluyendo sus hijos) han ensangrentado Libia con la represión de los disidentes, hasta que llegó la ola de cambio que sacude los países árabes: Egipto, Siria, Yemen, Túnez.

Las fuerzas opositoras han tomado el cuartel principal y los palacios de Gadafi en Trípoli, la capital libia.

El otrora dictador que lucía sus extravagancias en el extranjero y que se había mantenido más años al frente de un país árabe, ahora se oculta en uno los tantos búnker que fabricó durante años.

Estilo único

Pero el dictador no tiene, en realidad, un cargo oficial en el régimen que agoniza (aunque es, de facto, el jefe de Estado) y es conocido como "El líder fraternal y guía de la revolución".

Visionario o déspota, el estilo extravagante de Gadafi es único.

Su amor por los grandes gestos se puso de manifiesto en sus visitas al extranjero, cuando dormía en una jaima (tienda beduina) vigilada por decenas de guardaespaldas femeninas, todas vírgenes y expertas en artes marciales.

Durante una visita a Italia en agosto del año pasado, la invitación de Gadafi a centenares de mujeres jóvenes para que se convirtiesen al islam eclipsó su viaje de dos días, que pretendía cimentar los crecientes vínculos entre Trípoli y Roma.

Los cables diplomáticos estadounidenses desvelados por WikiLeaks arrojaron más luz sobre los gustos del dictador libio.

Un cable difundido por The New York Times describió la insistencia de Gadafi en permanecer en un primer piso cuando visitó Nueva York para una reunión en la sede de la Organización de las Naciones Unidas en 2009, así como su rechazo (o incapacidad) a subir más de 35 escalones.

Asimismo, Gadafi confía ciegamente en su equipo de cuatro enfermeras ucranianas, entre ellas una mujer descrita como una "rubia voluptuosa". El cable especulaba sobre una relación romántica entre ambos.

Fuera de serie

En lo que a vestimenta se refiere, Gadafi es todo un camaleón. Al principio, cuando no era tan conocido mundialmente vestía con sobrios uniformes militares, después comenzó su transformación.

Llegó a lucir desde una conservadora camisa y túnica marrón hasta un atuendo de los colores más chillantes: desde el amarillo, el rojo y el púrpura de los pies a la cabeza. O el traje blanco que contrastaba en las reuniones con el resto de líderes mundiales que siempre van de negro.

Lo que nunca le falta en sus apariciones pública son sus gafas de sol nada austeras.

Otras veces se atrevió con complementos como un gorro y chaqueta de piel de cordero.

Gadafi es hijo de un pastor beduino. Nació en 1942 en una tienda cerca de la ciudad de Sirte, en la costa mediterránea.

Cambió sus estudios universitarios de geografía por una carrera militar, que incluyó un corto periodo en una academia militar británica.

El coronel Gadafi llegó al poder en 1969, tras un golpe militar incruento que destronó al rey Idriss. En los años 70 formuló su Tercera Teoría Universal, un camino intermedio entre el comunismo y el capitalismo.

El dictador supervisó el rápido desarrollo de un país acuciado por la pobreza, anteriormente conocido por poco más que los pozos petroleros y desiertos, escenario de batallas durante la Segunda Guerra Mundial.

Una de sus primeras tareas fue fortalecer las Fuerzas Armadas, aunque también destinó miles de millones de dólares en mejorar las condiciones de vida, lo que le hizo popular entre los más desfavorecidos.

Gadafi también destinó inmensas cantidades de dinero a grandes proyectos, como una planta de acero en la ciudad de Misrata y su proyecto del río artificial, un plan para trasvasar agua de los pozos del desierto a las comunidades costeras.

El gobernante libio ha usado duras tácticas contra los disidentes, incluidos los islamistas, y ha empleado "comités de purificación" de agentes de policía y el ejército, así como estudiantes leales, para mantener el control que ahora se le va de las manos.

Sin embargo, muchos califican a Gadafi es como un personaje carismático con un toque popular que ha sabido explotar mucho la televisión.

Un estado autoritario

Gadafi abrazó el panarabismo del líder egipcio Gamal Abdel Nasser e intentó, sin éxito, unir Libia, Egipto y Siria en una federación. Un intento similar de unir Libia y Túnez también acabó mal.

En 1977, cambió el nombre del país por Yamahiriya (Estado de las masas) Árabe Libia Popular y Socialista y permitió a los ciudadanos airear sus opiniones en congresos populares. En teoría, Yamahiriya sigue gobernada por el pueblo a través de consejos locales, aunque en la práctica es un estado autoritario.

Las potencias occidentales rechazaron sus movimientos, acusándolo de vínculos con el terrorismo y movimientos revolucionarios.

El presidente estadounidense Ronald Reagan lo tachó de "perro rabioso" y bombardeó Trípoli y Bengasi en 1986. Entre las 60 víctimas estaba la hija adoptiva de Gadafi.

El dictador libio volvió a estar en la picota internacional tras el atentado de un avión de Pan Am sobre la ciudad escocesa de Lockerbie en 1988, del que fueron acusados dos ciudadanos libios y en el que murieron 270 personas, en su mayoría norteamericanos.

Las sanciones impuestas por Naciones Unidas en 1992 para presionar a Trípoli para que entregase a dos sospechosos libios atenazaron la economía, apagaron el espíritu revolucionario de Gadafi y limaron su anticapitalismo y retórica antioccidental.

Gadafi abandonó su programa de armas prohibidas en 2003 para que Libia regresase a la política internacional.

En septiembre de 2004, el presidente George W. Bush puso fin formalmente al embargo económico de los Estados Unidos, tras la decisión de Gadafi sobre el armamento y los acuerdos para que Trípoli indemnizase a las víctimas de Lockerbie.

En 2006, Estados Unidos decidió retirar a Libia de la lista de naciones calificadas de estados terroristas y normalizar sus relaciones diplomáticas completas con el país magrebí.

El regreso a Libia el año pasado, del terrorista de Lockerbie, Abdelbaset Ali al-Megrahi, enfadó a Washington. Sin embargo, posteriormente The New York Times desveló que la propia administración estadounidense asesoró en secreto a las autoridades escocesas en favor de liberar al terrorista.

El principio del final de Gadafi comenzó a escribirse a comienzos de este 2011 en Túnez. Fueron los tunecinos los primeros en prender con éxito la mecha de la insurrección.

Después llegó Egipto, con la salida forzada de Hosni Mubarak tras las revueltas de la plaza Tahrir. El contagio en febrero llegó a Libia, con una insurrección, animada por fuerzas internacionales, que ha terminado con los apoyos -interiores y exteriores, a las fuerzas y al carisma del dictador libio, ahora aislado y oculto en alguno de sus búnker.

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