Se inicia discusión de reforma migratoria
» El Presidente de EE.UU., Barack Obama, se reúne hoy con legisladores demócratas y republicanos. Se trata del primer encuentro para hablar sobre una reforma a las leyes del resquebrajado sistema migratorio en ese país

Decenas de miles de personas podrían manifestarse este año en favor de la reforma migratoria en EE.UU., tal como lo hicieron en 2006. FOTO EDH / tomas guevara
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Corresponsal | Tomás Guevara
Miércoles, 24 de Junio de 2009
El tiempo ha llegado. La promesa de campaña hecha por el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, comienza a tomar forma. El mandatario recibe hoy a congresistas y senadores de ambos partidos para buscar una solución al complejo tema migratorio y caminos para regularizar a unos 12 millones de indocumentados que viven en ese país.

El esperado anuncio de una propuesta de ley migratoria mantiene en vilo a los activistas que en pie de lucha ven con beneplácito el encuentro que el Presidente sostendrá hoy.

Este primer paso es significativo por el cumplimiento de Obama de una promesa de su campaña con los más de ocho millones de votantes hispanos que lo catapultaron a la silla presidencial. Pero el camino tiene obstáculos.

Alistan proyecto

Ha trascendido que un equipo de la Casa Blanca ha trabajado en un borrador del proyecto que introduciría este año en el aparato legislativo de EE.UU. para una eventual discusión.

Una funcionaria allegada a la Casa Blanca y que no revela su identidad por no estar autorizada, aseguró a elsalvador.com que un equipo grande de abogados –tanto de staff del despacho presidencial como consultores- está reuniendo información y estructurando el proyecto de ley.

Para Angélica Salas, directora ejecutiva de la Coalición de Derechos Humanos de los Inmigrantes en California y voz campante del movimiento por una reforma migratoria justa, lo más importante para las organizaciones es que los pilares de cualquier proyecto de ley que se esté gestando contemplen un claro camino para la legalización de los millones de indocumentados.

"Para nosotros, la propuesta de reforma tiene que tener tres ejes fundamentales: el primero es lograr un camino para la legalización de los indocumentados; segundo, protección laboral de nuestros trabajadores, y el tercero la unificación familiar", dice Salas.

La activista desecha cualquier iniciativa de empujar los proyectos de ley ya fracasados, como el ambicioso proyecto bipartidista de los senadores John McCain y Edward Kennedy, que contó con el visto bueno de la Casa Blanca en la anterior administración, pero que no pasó la prueba de fuego en el Senado.

Según Salas, la mesa tiene que estar limpia y comenzar de nuevo todo, para evitar contaminar las nuevas iniciativas con otras que ya fracasaron en su intento.

El salvadoreño Saúl Solórzano, director del Centro de Recursos Centroamericanos, Carecen, en Washington, dice que los enfoques de organizaciones locales son diferentes a los de las grandes que trabajan a nivel nacional.

"A veces en el lenguaje que utilizan las organizaciones se tiende a generalizar todo, pero es mejor ir viendo aspectos más puntuales, y para esto hay que ser bastante flexible y estar dispuesto a ver cómo: qué tipo de visas de trabajo podrían surgir, el tema de empleo y protección de fronteras, y también cómo se legalizaría a personas que están en proceso", comenta Solórzano.

Otros, como Janet Murguía, directora ejecutiva del Consejo Nacional de la Raza, la organización hispana más influyente del país, aseguran que no se debe minimizar zar aspectos importantes para los legisladores más conservadores, como la seguridad nacional, que terminó bloqueando las propuestas de 2006 y 2007.

"Yo pienso que será un proyecto de ley nuevo el que se va organizar, pero queremos ver en que forma se va presentar y en eso estamos; pero nosotros vamos a exigir en el Congreso que empiecen a poner este proyecto de ley en marcha con los comités para que veamos acción este año", dice Murguía.

Del encuentro de este día entre el presidente Obama y legisladores demócratas y republicanos dependerá en gran parte la premura con que pueda entrar el proyecto al aparato legislativo de Estados Unidos. Aunque los mismos actores de la Casa Blanca han asegurado que de la buena intención del Presidente a los números necesarios de votos para ver convertida una eventual propuesta en ley hay un largo y escabroso trecho

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