Las víctimas callan la trata de personas

» San Miguel es el departamento más afectado por este delito en la zona oriental del país

Las estadísticas de casos, capturas y denuncias por trata de personas, que es la esclavización de niños y mujeres, generalmente por engaños o a la fuerza, son difíciles de registrar, según la Policía.

En oriente, el departamento más afectado por ese ilícito es San Miguel, con tres casos registrados entre octubre de 2009 y agosto del presente año. Pero se presume que son muchos más.

Esto, debido a que por lo complejo del delito y por el poco conocimiento de la población sobre el mismo, no hay mucha denuncia, y por ende las estadísticas son difíciles de llevar.

Usulután le sigue a San Miguel en cuanto a incidencia, con un tan solo caso, no se han registrado denuncias en estos 10 meses.

Según las autoridades, las seis formas de constitución del delito de trata son explotación sexual comercial, explotación laboral, adopciones fraudulentas, matrimonios forzados, extracción de órganos y las prácticas relacionadas con la esclavitud.

Sin embargo, en la zona oriental son las primeras dos las formas en que se tipifica el delito, según el sargento Carlos Menjívar, del Departamento de Prevención de la Policía en San Miguel.

"La modalidad más común de la trata de personas en San Miguel es la explotación sexual, puesto que los dueños de los centros de tolerancia obligan a mujeres a brindar sus servicios y les limitan sus derechos", dijo el oficial.

Agrega que las víctimas del delito son, en su mayoría, de origen nicaragüense, y salvadoreñas que llegan a San Miguel desde las zonas rurales del departamento, o de otras regiones del país.

Menjívar asegura que en la mayor parte de casos, las víctimas ven el trato que les dan como algo normal y parte de sus labores, pues son pocas quienes conocen sus derechos.

"Hace unos meses, recibimos a una mujer que puso la denuncia de que su jefe le quitó los documentos y no le pagaba. Ella se escapó y vino a poner la denuncia. Por ese caso tuvimos una captura", dijo Menjívar.

Pese a ese caso en particular, las autoridades aseguran que no hay un registro de denuncias porque la gente desconoce del delito y de los derechos que tienen.

"La población conoce poco sobre el tema de trata de personas, por ello las denuncias son casi nulas", dijo el oficial de la Policía.

Menjívar añadió que en San Miguel las víctimas son, en su mayoría, menores de edad a las que han seducido con ofrecimientos de buena paga y excelentes condiciones de vida, para llevarlas a casas de citas donde en muchos casos las retienen por la fuerza.

A ellas se suman jovencitas originarias de Nicaragua, a quienes el o los tratantes les quitan sus documentos y les impiden salir de los burdeles, asegura la fuente policial.

En febrero del presente año, cinco menores de edad fueron localizadas y rescatadas de un motel que funciona en el sector de la terminal de buses de San Miguel.

Las menores, aparentemente, eran obligadas por Verónica Vásquez, de 25 años y de nacionalidad nicaragüense; Ovidio Díaz, de 35 años, y Lucía Lozano, a vender su cuerpo para obtener dividendos, por lo que fueron acusados de favorecimiento de la prostitución.

incremento del delito

Pese a que la Policía no tiene un registro fiel de los casos de trata de personas, debido a la falta de denuncia, organizaciones feministas como la Asociación de Mujeres Salvadoreñas (AMS) aseguran que el delito ha ido en aumento durante el presente año.

Yanira Argueta, directora ejecutiva de AMS, dijo que "en el presente año hemos tenido conocimiento de varios casos de trata de personas registrados en San Miguel, entre ellos el de cinco menores que fueron rescatadas de un motel".

Confirmó lo sostenido por la Policía, sobre que es difícil llevar un registro ante la falta de denuncia, dado que la gente desconoce sobre ese ilícito.

Explicó que en El Salvador la modalidad de trata se enfoca en la explotación sexual, ya sea con fines comerciales o con objetivos pornográficos.

Agregó que el grado de escolaridad en las víctimas es mínimo, lo que las hace más vulnerables a ser engañadas o agredidas.