Río Grande la cloaca de San Miguel

Estudio del SNET ratificó la sospecha de que el río está contaminado. El MARN no habló sobre acciones

El fondo del río está tapizado con toneladas de basura, a pesar de que cada año la alcaldía hace campañas de limpieza. FOTO EDH / Francisco Torres

Un fétido olor emana de sus aguas, verduscas en algunos tramos, grises en otros. En sus orillas es fácil ver desechos de todo tipo. Algunos son arrastrados por la corriente. En la zona baja los peces son escasos y de colores poco habituales y, a pesar de eso, son atrapados para saciar el hambre de muchas familias pobres: se trata del Río Grande de San Miguel.

Aunque ya era evidente, un estudio hecho por el Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET) del Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) reveló que las aguas del afluente están contaminadas.

O como afirma Claudia Corrales, jefe de Medio Ambiente de la alcaldía de San Miguel, el río "está supercontaminadísimo".

El estudio del SNET está enfocado en la calidad del agua de este afluente y de 54 ríos más de todo El Salvador.

El resultado de ese análisis fue presentado hace semanas por los titulares del MARN, Germán Rosa Chávez y Lina de Pohl. Los resultados señalan que en la parte media del río la calidad del agua es regular, según la escala de medición, y en la parte baja del afluente la calidad es mala.

En los parámetros del SNET, ambas categorías se establecen como factores que reducen el desarrollo de la vida acuática.

El estudio también señala que por la contaminación del río, el agua no puede ser usada para potabilizarla, tampoco para riego de sembradíos y no se recomienda el contacto con humanos.

El análisis también advierte que la calidad de agua de ese afluente empeora a medida que pasa el tiempo.

Y no es para menos. Todas las aguas negras y grises que salen de la ciudad --en la que habita casi un cuarto de millón de personas-- van a parar al río, lo que lo convierte en una enorme cloaca que serpentea desde el norte de San Miguel, atraviesa todo el departamento y concluye en la zona sur de Usulután, donde se une al mar.

El Diario de Hoy trató de abordar a Rosa Chávez o a Pohl, para que explicaran a profundidad los descubrimientos de este estudio, y, sobre todo, para conocer cuáles son los planes que tienen para revertir la contaminación; sin embargo, Wendy Ramos, jefe de comunicaciones del MARN, dijo que era muy poco probable que se realizara la entrevista, pero no explicó por qué.

Ramos dijo que lo único que podía hacer era proporcionar un enlace cibernético para conocer el contenido del estudio.

También proporcionó un boletín en el que los funcionarios admitieron, en conferencia de prensa, que el MARN está obligado a desarrollar esfuerzos para revertir el daño en los cuerpos de agua, pero sin explicar qué medidas concretas pondrán en marcha y cuándo las ejecutarán.

Comuna coopera

La responsabilidad que tiene el MARN sobre el problema es secundado por Corrales, de la alcaldía migueleña. "Nosotros hacemos algunas campañas de limpieza antes de que inicie el invierno, pero lo hacemos por ayudarle a quienes viven cerca, porque los cuerpos de agua son responsabilidad del MARN", señala.

Corrales agrega que, pese a que su unidad tiene poco presupuesto asignado, se realizan campañas de reforestación en las riberas del río, con la idea de mitigar el riesgo en el que viven muchas familias, ante posibles inundaciones, porque en muchas partes las orillas están erosionadas.