Tiendas de segunda, una alternativa ante la crisis

» Los negocios de ropa y artículos usados se han diversificado y expandido en el centro de San Salvador en los últimos años. Algunos ocupan históricos edificios y atienden clientes de diferentes capacidades económicas

Todos los días colocan ofertas para promocionar las diferentes calidades de ropa. FOTO EDH / leonardo gonzalez

Las denominadas tiendas de segunda mano, es decir, de ropa usada o de ropa americana, han experimentado cambios importantes en los últimos años, en la ciudad de San Salvador.

Aquellos locales humildes que ofrecían pilas de prendas viejas a personas de escasos recursos, hoy en día son verdaderos almacenes por departamentos, con productos en óptimas condiciones, que van más allá de la ropa, cinturones y zapatos.

Allí se pueden encontrar vajillas de cerámica, piezas de cuchillos, muebles antiguos, herramientas, máquinas de gimnasio, adornos, electrodomésticos y un sin fin de objetos procedentes, en su mayoría, de Estados Unidos.

Aún con poco estilo –o sin él–, varias de estas tiendas ocupan locales imponentes e históricos, como el Edificio 129, que durante años albergó al Banco Salvadoreño, los ex cines España y Central, y otros de elegante arquitectura que están en manos privadas.

Al pasear por las calles y avenidas del centro, se contabilizan más de 20 negocios con las mismas características. Éstos reciben a públicos de diferentes estratos o capacidades económicas, según indican los encargados.

"Tenemos todo tipo de público, de alta, media y baja (clase social). El mérito es la bendición de Dios y la entrega en nuestro trabajo. Aquí tenemos gente que gasta $0.12 (centavos), y hasta la que compra $300", expresó René Umaña, supervisor de Variedades Génesis, una tienda que tiene dos sucursales en la capital y tres más en el centro de Santa Tecla.

"Aquí siempre hay movimiento, todos los días viene gente que dice que nunca ha venido, de toda clase: alta, clase media... y a las 7:00 de la mañana ya hay gente esperando para comprar ropa de las góndolas, para revender", comentó, Xiomara Urrutia, del almacén "Tu Casa", sobre la 4a. Avenida Sur y la 1a. Calle Oriente.

Todos estos negocios manejan tres categorías de ropa: la de primera y segunda calidad, que son prendas generalmente de marca que cuestan entre los $6 y $25; y una tercera, que es la ropa de góndola, contenedores que el público puede revolver a su gusto para escoger lo que más le convenga.

En este espacio, se pueden encontrar prendas desde $0.12, $0.25 ó $0.50 centavos. "Aquí uno debe tener bastante paciencia para buscar y hallar buenos trapitos", indicó doña Elda Martínez, una cliente del lugar.

El crecimiento de estos negocios les ha hecho adoptar dinámicas propias de grandes almacenes. Urrutia, la encargada de "Tu Casa", confirmó que en su establecimiento, incluso, hay una tarjeta para clientes frecuentes, con el fin de beneficiar al público.

Orígenes y legalidad

El historiador Pedro Escalante Arce recuerda que el fenómeno de las tiendas de ropa usada comenzó en el país al mismo tiempo que la guerra civil, en el inicio de la década de los 80.

"Cuando mandaban ropa de Estados Unidos en fardos, ahí comenzaron a venderla, como vendían otros productos de donaciones", estimó. Agregó que las tiendas actuales no sólo importan sus artículos sino que algunas también ofrecen ropa de segunda categoría, con algún defecto, de las maquilas salvadoreñas.

Escalante concuerda con los dueños de estas tiendas en que reciben todo tipo de clientes. Opina que su crecimiento se debe a que ofrecen ropa atractiva y de buena calidad; además, porque es una buena opción ante el alto costo que implica actualmente adquirir ropa nueva o de marca.

En efecto, el economista Rigoberto Monge comparte que la crisis económica que atraviesa el país ha propiciado el gran éxito y proliferación de estos locales. "Si consumidores de todos los niveles (sociales) se vuelven clientes frecuentes, es una muestra de la situación de los ingresos y presupuestos de los hogares salvadoreños, en la coyuntura de la situación financiera actual. Estas tiendas son una alternativa para el segmento de la población que se ha visto afectada por la crisis", consideró Monge.

"Este tipo de negocios lo vemos con frecuencia no sólo en la capital salvadoreña sino en las capitales de todos los países latinoamericanos. Comenzó como un fenómeno social y ahora es un tema estrictamente económico para las personas (empresas) que están detrás de estas actividades", añadió Monge.

En este sentido, la mayor preocupación del economista es la situación legal de dichos establecimientos, así como las condiciones de sus productos.

"Interesa la legalidad y formalidad de estos negocios, su desarrollo ha sido tan rápido y grande y no se puede dejar de percibir. Importa si pagan impuestos, si dan las prestaciones a sus empleados y si cumplen con las normativas fiscales y legales", dijo.

A su juicio, por tratarse de productos importados, los propietarios de las tiendas deben de cumplir con el pago de los aranceles e impuestos por su introducción.

Enfatizó en las condiciones sanitarias que trae la mercancía. Al ser usados, cree que pueden ser portadores de enfermedades. Los encargados de los negocios afirmaron que los productos son fumigados, al salir del país exportador y cuando son recibidos.