La enigmática residencia que jamás habitó la dueña

» La Casa Dueñas, ahora Casa de las Academias, tiene mucho que contar

La residencia fue mandada a construir por Miguel Dueñas, como regalo de bodas para su hija Eugenia, quien nunca la habitó.

La historia al interior de la antigua Casa Dueñas, en el centro de San Salvador, es más que interesante; es intensa, inquietante y radical en distintos aspectos, a pesar de que jamás la habitó la persona para la que fue construida: una joven novia, hija de una acaudalada familia cafetalera.

Ubicada en los márgenes de la capital -hoy esquina de la 9a. Avenida Norte y Alameda Juan Pablo II-, la residencia fue construida en 1919 por el ingeniero Daniel C. Domínguez, quien usó láminas deployé y otros materiales traídos de Francia, conjugados en la tendencia del Art Nouveau.

Este arte, en la arquitectura, se inspira en la naturaleza y en elementos naturales como plantas, vegetales y formas redondeadas como frutas, entrelazándose con un eje central. Esas líneas curvas y asimétricas se ven, por ejemplo, en las paredes.

Fue don Miguel Dueñas, descendiente del ex presidente de la República, Francisco Dueñas, y de una de las familias cafetaleras más poderosos de la época, quien mandó a hacer la residencia como un regalo de bodas para su hija Eugenia, quien nunca llegó a habitarla, pues su esposo murió al poco tiempo de contraer nupcias.

La tragedia corrió entre la élite del país hasta convertirse en leyenda urbana y objeto de mitos populares que, hasta hoy, inquietan a algunas personas que han estado en el inmueble.

Por ejemplo, el historiador Pedro Escalante confiesa que nunca ha tenido experiencias sobrenaturales, pero ha escuchado diversos relatos de personas que han sentido presencias extrañas: objetos que se mueven, puertas que se abren solas, e incluso, una figura femenina merodeando por los rincones fríos y estilizados del viejo caserón.

Por otra parte, la casa permaneció sólo un par de años en manos de los Dueñas -que entonces vivían en la Finca Guadalupe, en el mismo sector- y para 1922 el Ministerio de Hacienda la tomó en pago por deudas fiscales de sus propietarios.

Aún así, estuvo sin inquilinos hasta que en 1930 fue arrendada por la Legación de la República Mexicana, organismo que la ocupó sólo tres años.

En 1935, la Legación de Estados Unidos rentó la casa para residencia y en los siguientes 22 años vivieron seis representantes diplomáticos estadounidenses, con huéspedes ocasionales como los ex presidentes Richard Nixon y Lyndon B. Johnson, así como Bobby Kennedy, entonces senador y hermano del presidente John F. Kennedy.

En 1960 la casa fue abandonada, hasta que en 1973 se instaló el Departamento de Formación Profesional del Ministerio de Trabajo. En 1986 volvió a la soledad, un año después de ser declarada Bien Cultural.

El 1985 el Mined retomó la casa a fin de trazar un plan de restauración que fue posible hasta 2001, cuando se inició la obra. En 2004, a través de Concultura -hoy Secretaría de la Cultura- la residencia se convirtió en Casa de las Academias, donde funcionan la Academia Salvadoreña de la Lengua, la de la Historia y la Unidad de Arqueología.