Según informe del Banco Mundial

Criminalidad en Centroamérica podría reducir un 8% del PIB

» Contamina el clima de inversión y desvían los escasos recursos públicos hacia otros fines

Este es uno de los puntos ciegos por los que las bandas criminales trafican droga y armas en toda Centroamérica.FOTO EDH / lissette lemus

Más allá del dolor y el trauma infligidos a la población, la violencia podría costarle a la región hasta un 8 por ciento de su PIB, una vez que se toma en cuenta el costo en términos de seguridad pública, seguridad ciudadana y de salud, de acuerdo a un informe del Banco Mundial.

No es poca cosa en una región cuyo PIB creció alrededor de 2 por ciento en 2010, en marcado contraste con el promedio regional del 6 por ciento.

En El Salvador, el PIB creció sólo 1.4% según los últimos datos del Banco Central de Reserva. La Cámara de Comercio indicó en 2010 que el país gasta cada año más de $2,000 millones para frenar la violencia, lo que representa el 10.8% del PIB nacional.

La criminalidad y la violencia también inhiben el crecimiento económico, no sólo en términos del ingreso y trabajo perdidos de las víctimas, sino que contaminan el clima de inversión y desvían los escasos recursos públicos hacia el fortalecimiento de la seguridad pública, en lugar de fomentar la actividad económica, sostiene el informe "Crimen y violencia en Centroamérica: un desafío para el desarrollo".

Sin embargo, en un giro positivo, el estudio también plantea que una reducción de diez por ciento en la tasa de homicidio de los países más violentos de la región impulsaría el crecimiento económico anual hasta un uno por ciento. Las tasas de criminalidad en El Salvador, Guatemala y Honduras están entre las cinco más altas de América Latina. En los otros tres países de la región – Costa Rica, Nicaragua y Panamá– los niveles de criminalidad y violencia son mucho más bajos, pero un alza reciente ha generado bastante preocupación.

Mientras que la población de América Central es más o menos similar a la de España, esta última registró 336 homicidios en 2006, en marcado contraste con los 14,257 homicidios cometidos en América Central – un promedio de 40 por día.

El crimen – indica el informe – es un duro lastre para las perspectivas económicas y sociales de América Central. "Desde la amenaza que supone para el bienestar de sus ciudadanos y el clima de inversión, hasta el debilitamiento de la legitimidad de las instituciones públicas, la violencia impacta en todos los aspectos de la vida centroamericana", indica el autor del informe y experto en desarrollo social Rodrigo Serrano- Berthet.

Obstáculo para crecer

La mayoría de los empresarios de América Central, a excepción de Costa Rica, colocan al crimen entre los cinco principales obstáculos para el crecimiento y la productividad empresarial, plantea Serrano-Berthet.

"Aun más revelador es que el 71 por ciento de los centroamericanos identifica al crimen como la principal amenaza a su bienestar", indica el experto.

El narcotráfico y una cultura de la violencia que lleva décadas se destacan como los principales culpables de la problemática criminal en América Central. Un fácil acceso a las armas de fuego y débiles instituciones judiciales también tienen su cuota de culpa en el estado de violencia que se vive en la región, dice el informe.

La complejidad de esta situación requiere un enfoque regional y mayor énfasis en la prevención, a expensas de la interdicción, que ha sido insuficiente a la hora de disminuir la capacidad de los traficantes. Asimismo, cualquier estrategia exitosa requiere de acciones a muchos niveles, combinando prevención y reforma del sistema judicial, según la autora del informe y experta en desarrollo Lorena Cohan.

"Los países deberían desviar sus recursos marginales a la prevención de drogas y programas para la juventud en riesgo, a reformar instituciones judiciales débiles y hacer leyes para controlar el libre acceso a las armas de fuego", dijo Cohan.

La disponibilidad de armas de fuego, una ramificación del tráfico de drogas, es sin dudas un problema de difícil solución en una región donde las prolongadas guerras civiles hicieron de estas armas un objeto común entre la población. Como resultado, en 2007 había 4.5 millones de armas de fuego en la región, la enorme mayoría ilegales y frecuentemente utilizadas en crímenes violentos, indica el informe.

La mayoría de las víctimas de homicidio son hombres jóvenes de entre 15 y 34 años. Esto hace que hoy por hoy la violencia juvenil y las pandillas sean uno de los problemas fundamentales de América Central, donde se calcula existen 900 pandillas o maras, con un total de 70,000 miembros.

A pesar de lo abrumador de estos números, las pandillas no parecen ser los principales culpables de la creciente tasa de criminalidad. "Si bien no hay dudas de que las pandillas son una de las principales causas del crimen en El Salvador, Guatemala y Honduras, la escasa evidencia disponible apunta a que sólo son culpables de una pequeña parte de la violencia; algunas fuentes mantienen que tal vez el 15 por ciento de los homicidios están relacionados con las pandillas", de acuerdo al informe.

El estudio también pone bajo la lupa al sistema judicial, calificándolo como "débil". Si bien plantea que esto limita la eficacia del castigo y la prevención ante la criminalidad y la violencia, también reconoce que se ha avanzado en el mejoramiento de las instituciones judiciales regionales.

"Tenemos un círculo vicioso en la región, en donde la elevada tasa de criminalidad contribuye al debilitamiento del sistema judicial. En contraste, muchos países han implementado un conjunto de medidas que deben respaldarse, incluyendo una transición hacia mecanismos acusatorios más transparentes, un mayor papel para los fiscales, fortaleciendo la seguridad pública e introduciendo mecanismos alternativos de sentencia", dijo Serrano-Berthet.

El informe sostiene que no existe una solución rápida y fácil para el problema de la criminalidad y la violencia en América Central.

En su lugar, recalca que los tomadores de decisiones deberán insistir porque todo indica que la lucha contra el crimen probablemente sea prolongada.