"El clima de inversión, en particular, se muestra tremendamente negativo en este momento, un fenómeno que está afectado tanto por la situación de la crisis económica mundial como por la delincuencia", sostiene el economista Rafael Barraza.
El sombrío panorama se profundiza más ante la caída del Índice del Volumen de la Actividad Económica (IVAE), que hasta agosto de 2009 fue de -6.4 por ciento, según el Banco Central de Reserva (BCR).
Los sectores: comercio, restaurantes y hoteles (-21.8); transporte, almacenaje y comunicaciones (-11.5%); servicios comunales, sociales y patronales (-10.2%); industria manufacturera (-5.2%), son los más impactados.
La contracción del IVAE se acompaña de deprimentes resultados en el sector externo, como: la caída de las exportaciones (-17.4%), importaciones (-29.4%) y remesas (-10.3%), en los nueve primeros meses de 2009. Todo esto se acompaña de la contracción del crédito en 6.9 por ciento y el aumento del déficit fiscal, según el economista, Claudio de Rosa.
Los principales indicadores económicos muestran un deterioro profundo y generalizado, que configuran la mayor recesión salvadoreña desde 1980-81, lo que reafirma el pésimo momento para lanzar una reforma tributaria que tenderá a deteriorar aún más la actividad productiva nacional, afirma de Rosa.
Barraza coincide en este punto, ya que estima que la reforma fiscal se está presentando en un momento en que la economía está demasiado débil , y en el que no se tienen claras las reglas sobre el futuro del país. "Un paquete fiscal como el propuesto puede incidir en forma negativa en el crecimiento económico de 2010 y desfavorece la inversión extranjera y local".
Miguel Lacayo, ex ministro de Economía, considera que a pesar de que en Estados Unidos comienza a visualizarse "una luz al final del túnel", después de 18 meses de crisis, en El Salvador todavía no se percibe ese beneficio.
En contrapunto se observa una pérdida de empleo formal e informal "con cifras que no se observaban desde la guerra", ya que según el Seguro Social, el número de desempleados ya ronda los 35 mil, afirma Lacayo.
"Los números del BCR confirman que la economía sigue en picada y no se ve en el horizonte, por parte del Gobierno, la banca y el sector privado, que la confianza esté regresando, por el contrario se está perdiendo", dijo.
A esto se suma, la crisis que se vive al interior del Órgano Legislativo, lo que en su opinión, abona a que la desconfianza local e internacional aumente y hará más difícil darle un giro a la economía.
La reducción en la colocación de crédito por parte de la banca salvadoreña hacia los sectores productivos también estanca los motores de crecimiento, apuntó.
"Con un Gobierno sin ejecución presupuestaria y pobre ejecución de obra pública no hay señales, todo ha sido palabras pero no ha habido ningún hecho", expresó Lacayo.
Los resultados continúan mostrando un marcado deterioro, lo que insinúa que el IVAE mantendrá hasta septiembre su marcada tendencia a la baja, sin abrirse posibilidades de mayor recuperación en el resto del año.
Por tanto, todo esto sustenta una proyección de la actividad económica donde su contracción este año puede llegar a estar entre -3 por ciento y -3.5 por ciento.
Según Lacayo, todo esto concuerda en que 2009 ha sido el peor año en materia de reducción de la actividad económica. Sobre todo "si nos ponemos a comparar de dónde venimos y la pérdida de ingresos en prácticamente todos los sectores".
No obstante, el ministro de Economía, Héctor Dada Hirezi, asegura que los hechos han mostrado que la sensatez del presidente Mauricio Funes y la adición de su gabinete a la visión de un cambio, estimula a quien quiere invertir creando empleos dignos,
"Estamos seguros que los esfuerzos del gobierno del cambio y la contribución de los salvadoreños que creen en ello están generando condiciones de una salida que nos conducirá a un país más dinámico y solidarios", expresó Hirezi.
Pero el análisis de Claudio de Rosa sostiene que la forma cómo el Gobierno Central ha financiado su alto déficit contrasta marcadamente con la política mantenida entre 2004-2006, cuando con un reducido déficit se buscó más endeudamiento externo neto al tiempo que se procedió a un pago neto a las fuentes de financiamiento interno. Ese tipos de medidas facilitaron mantener alta liquidez, un nivel relativamente bajo a las tasas de interés, y a expandir la actividad económica nacional, aseguró el economista.