En el Trifinio unen esfuerzos para preservar fuentes de agua

Cooperantes han invertido en los últimos 20 años unos $80 millones, con el fin de que los recursos naturales que comparten Guatemala, El Salvador y Honduras no sean destruidos. La iniciativa surgió hace 25 años

FOTOs EDH / cristian diaz

Para llegar hasta la vivienda de don Cirilo Suchite Ramírez, desde Esquipulas, Guatemala, se debe de recorrer en vehículo cerca de una hora. Desde su vivienda, inicia otra aventura de ascenso, caminando, para llegar hasta la cascada Las Golondrinas, que está a 1,800 metros sobre el nivel del mar (msnm).

Llegar a la caída de agua no es fácil. Se hace a través de un sendero serpenteante que obliga a caminar durante más de tres horas a los menos experimentados.

En el camino se observa todo tipo de vegetación, como una variedad de orquídeas, helechos y un árbol de chucte que presuntamente tiene mil años.

Con suerte, también se pueden apreciar quetzales, coloridas mariposas, venados de cola blanca y golondrinas (que dan el nombre a la cascada), entre otros.

Por ser muy huraños, los animales pocas veces se dejan ver por los escasos visitantes que llegan hasta la caída de agua, ubicada a escasos 643 msnm del área común que comparten los tres país centroamericanos.

Ligia Herrera, una guatemalteca que por primera vez visitó el lugar, no salía de su asombro al apreciar las maravillas naturales que encontraba a su paso.

Y es que en la zona es sorprendente observar dónde nace el agua que, para el caso de El Salvador, abastece a gran parte de los capitalinos a través del río Lempa.

Son abundantes riachuelos que llevan agua tan cristalina y fría. Con sólo tomar un sorbo de ésta, se percibe su pureza.

La propiedad de don Cirilo mide más de 135 hectáreas y forma parte del área protegida trinacional Montecristo.

A diferencia de El Salvador, donde el área de conservación es propiedad del Estado; en Guatemala y Honduras, son tierras privadas. Sus dueños muchas veces ni siquiera saben que sus terrenos están contemplados como zonas de conservación.

Esto debido a la extensión de tierra que poseen ambos países, contrario a El Salvador que es mucho más pequeño. La región del Trifinio comprende aproximadamente 7,541 kilómetros cuadrados; de los cuales, el 44.7 % corresponde a Guatemala; el 40 % a Honduras; y apenas un 15.3 % a El Salvador.

A pesar de que don Cirilo podría obtener mucho dinero por la venta de madera al talar el abundante bosque que tiene su terreno, ha preferido conservarlo porque dice estar consciente del peligro que tienen los recursos naturales, actualmente.

"Si no cuidamos este tesoro se nos pueden terminar los recursos. (El lugar) nos da vida, nos da agua, salud y un buen medio ambiente. Si talamos esto, nos vamos a quedar sin agua algún día y nos vamos a lamentar", expresó el señor de 53 años.

Precisamente, uno de los principales objetivos que tienen los tres países es conservar el agua que nace en las montañas del macizo de Montecristo.

El gerente técnico trinacional, Juan Carlos Montúfar, explicó que dentro de 25 años, la población se habrá duplicado, por lo que el recurso hídrico ya no será abundante, como se ha comenzado a experimentar.

Don Cirilo sustituyó la siembra del maíz hace tres décadas y comenzó a plantar árboles que hoy posee en sus tierras. Pero hasta hace seis años fue que comenzó a obtener apoyo de la municipalidad, del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conat) de Guatemala, y del Plan Trifinio.

Esta última entidad cumple dos décadas y media este año de que inició a trabajar con las comunidades que conforman el Trifinio, con el fin de conservar el área compartida. Montúfar explicó que en estos 25 años han sido beneficiadas cerca de 100 mil personas con proyectos y capacitaciones.

Entre ellos, el mejoramiento de la calidad de vida de familias por medio del acceso al agua potable e infraestructura de saneamiento básico.

Además, han logrado crear organizaciones de turismo, artesanos y productores agropecuarios; y el desarrollo de agricultura sostenible. También incrementaron la participación de las comunidades en actividades para la conservación de los recursos naturales por medio de programas de capacitación, educación ambiental y actividades productivas amigables con el medio ambiente, entre otras.

Montúfar dijo que en los últimos 20 años han invertido en todos los proyectos unos 80 millones de dólares, que han sido donados por entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Reino de Noruega, el Fondo Nórdico para el Desarrollo, la Unión Europea y el Gobierno Alemán, entre otros.

Los primeros cinco años de la creación del Plan Trifinio sirvieron para la organización para identificar el plan de trabajo.

"Somos un proyecto integracionista, que desea contribuir al desarrollo humano y a la sostenibilidad ambiental", apuntó Montúfar.

Recordó que entre los años de 1960 y 1980 comenzaron las primeras conversaciones entre los países para preservar el macizo de Montecristo. Pero fue hasta el 12 de noviembre de 1986 que se suscribió un acuerdo. En el inicio, se previó hacerlo con un presupuesto de $400 millones, que al final no obtuvieron.

Para continuar con el proceso de conservación de Montecristo necesitan unos 50 millones de dólares cada lustro.

Pese a los obstáculos, el Plan Trifinio ha logrado cambiar la mentalidad de muchos beneficiados con los proyectos que impulsa. Por ejemplo, hace dos años, Juan Carlos Pleitez vivía en una humilde vivienda.

Pero ahora, sus ingresos se han elevado con la producción de café ecológico y su casa ha sufrido una serie de reparaciones.

El hombre, originario de la aldea El Mojanal, de Santa Fe, Ocotepeque, en Honduras, relató que antes que el Plan Trifinio llegara a su comunidad, vendía su producción de café a muy bajo precio a personas que llegaban en un vehículo al lugar.

Sin embargo, desde 2009, un total de 22 pequeños productores se asociaron y ahora exportan su café a Canadá. Para esta temporada, esperan producir 700 quintales de café en oro. Unas 53 manzanas de éstas se encuentran en la zona de amortiguamiento del Trifinio.

Pleitez viajará en los próximos días a Holanda, donde relatará su experiencia.

A través del Programa Trinacional de Cafés Especial Sostenible (Protcafés) se benefician a 1,150 productores de los tres países, con una inversión de $300 mil. En El Salvador y Honduras, se construirán cuatro beneficios. Ellos han aprendido a realizar análisis de suelo; y las aguas mieles ya no son lanzadas a las quebradas. Utilizan lagunas de oxidación, dijo Samuel Guillén Ruano. También han logrado comercializar el producto bajo la marca Café Trifinio.

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