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Los ríos van de mal en peor

Según el informe de calidad de agua presentado por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) solo el 2% de los ríos salvadoreños tiene agua apta para el consumo humano. Entre los afluentes más contaminados con coliformes fecales está el río Lempa, cuyo caudal recorre 360 kilómetros del país

Ivonne Vásquez Lunes, 18 de Abril de 2011

El Salvador adolece de estrés hídrico. Así lo previó El Diario de Hoy hace 12 años. Con ello se encontró nuevamente hace cuatro y así es hoy. Lo único que cambia es que la contaminación aumenta mientras disminuye el número de ríos cuyas aguas son aptas para potabilizar. Los análisis y estudios periódicos lo demuestran mientras las promesas políticas de protegerlos, y hasta descontaminarlos, se quedan en el papel.

El 33% de los ríos presenta una calidad de agua que oscila entre mala y pésima, el otro 65% de los afluentes está en la categoría de regular y sólo el 2% tiene agua apta para la potabilización, el riego y las actividades recreativas, según el más reciente estudio realizado por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) en 124 puntos de El Salvador.

El análisis demostró, en casi todos los casos, la existencia de altos niveles de coliformes fecales en el agua, producto de la contaminación con heces fecales. Además, indicó que, entre 2006 y 2009, se redujeron de un 17% a un 0% el porcentaje de sitios evaluados con calidad de agua "buena", según los estándares del Índice de Calidad (ICA).

Héctor Aguirre, gerente general de la Mancomunidad Trinacional Fronteriza Río Lempa, asegura que la existencia de coliformes en el agua está estrechamente relacionada con la falta de leyes o políticas públicas que prohíban la descarga directa de aguas negras, residuales y servidas a los afluentes nacionales.

"El Gobierno Central, en el caso de El Salvador, tampoco está regulando el uso excesivo de agroquímicos en las zonas cercanas a los afluentes ni evitando que la basura vaya a parar directamente a los ríos", sostuvo Aguirre.

La evidencia más grande está en el deterioro progresivo que ha sufrido el río Lempa, uno de los afluentes más grandes del país, cuya cuenca de más de 17 mil kilómetros compartidos entre Guatemala , Honduras y El Salvador está contaminada.

El monitoreo de la calidad del agua de la parte alta del río da una idea de cuán mal está el afluente. En los análisis realizados, entre 2010 y 2011, la Mancomunidad evaluó ph, temperatura de agua, conductividad, oxígeno disuelto, porcentajes de saturación de oxigeno, turbidez, sólidos totales, sólidos disueltos totales, fosfatos, nitratos, nitritos, sulfatos, demanda de química de oxígeno, demanda biológica de oxígeno, dureza, coliformes fecales y coliformes totales. Los resultados fueron alarmantes.

En la primera prueba, de los 18 puntos analizados en los tres países sólo 7 tuvieron calidad "buena". El resto se ubicó en la categoría de "regular", es decir, que el agua del 61% de los ríos que conforman la cuenca total del río Lempa no es apta para el consumo humano ni para la recreación y, en algunos casos, ni siquiera permite el desarrollo de la vida acuática.

Ya en el segundo análisis, los ríos con calidad de agua "buena" se redujeron a cinco, 12 estaban en la categoría de regular y uno en la de agua de "mala" calidad.

El más contaminado, según este último muestreo, fue el río San José, en el municipio de Metapán, lo cual, quiere decir que su agua no es apta para el consumo, el riego ni recreación.

No obstante, los salvadoreños la toman. El afluente que viene del área protegida de Montecristo es utilizado por vecinos del caserío Casas de Teja para lavar los trastos, regar los cultivos y refrescarse durante las temporadas calurosas.

Noemí López Orellana cuenta que lo único que no hacen es utilizar el agua del río para beber. "Agarramos el agua que tomamos del caño de un pozo del que sacan el agua que va para Metapán, pero los demás tienen agua potable para tomar", explica mientras lava los trastos.

Al bajar al río se comprueba que gran parte del agua que llega a los hogares de este caserío es extraída directamente del río, mediante tuberías improvisadas de PVC que crean una especie de telaraña sobre el afluente.

A lo lejos, una señora lava la ropa de su familia mientras el agua jabonosa producto de tan cotidiana actividad se escurre por una "empinada" hasta llegar al río San José, donde también navegan a la deriva bolsas de churros, botellas, bolsas plásticas y recipientes vacíos de aceite para carro.

Pescados de gran tamaño no se ven. "Aquí lo único que agarran los bichos son chimbolitos", asegura Doña Noemí. La imposibilidad del desarrollo de vida acuática es uno de los efectos más notorios cuando las aguas están contaminadas, explica José Ramiro García, ingeniero y catedrático de la carrera de Gestión Ambiental de Centro Universitario de Oriente (Cunori), de Guatemala.

Asimismo, los datos arrojados por la investigación realizada por la Mancomunidad, con el apoyo del Cunori, reconfirman los hallazgos del MARN contenidos en su informe de calidad de agua de los afluentes salvadoreños: Todos los ríos están contaminados con coliformes fecales.

Es decir, que los afluentes guatemaltecos, hondureños y salvadoreños presentan más de 3,000 colonias de coliformes fecales por cada 10 mililitros de agua, como resultado de la contaminación con heces fecales, aguas negras u otro tipo de desechos en descomposición. "Además los ríos poseen alta demanda biológica, altos niveles de nitratos y fosfatos y altos niveles de conductividad", indica García.

Los altos nivel de demanda biológica son ocasionados por la contaminación con aguas mieles (pulpa de café) producida por los beneficios de café que funcionan cerca de los afluentes. Sus efectos se evidencian en ríos como el Olopita y el Atulapa, de Guatemala. Ahí los dueños de comedores y balnearios aseguran que cuando es la temporada de "despulpa de café" las aguas se tornan cafés y toman una consistencia chiclosa que impide que los peces se reproduzcan y las personas se bañen en sus aguas.

"En ese tiempo, se pone difícil el negocio, porque los turistas no quieren ni venir a comer aquí por el tufo que echa el agua", aseguró Rosario García, quien vive de los ingresos que le deja el balneario Las Marías. Su opinión es compartida por el propietario del balneario Vega del Río, quien asegura que debe levantar pequeños muros de piedra de metro y medio para evitar que la pulpa de café llegue a "su pedacito de río".

"El río Atulapa, en Esquipulas, también tiene mucha materia orgánica y presencia de bacterias que demandan mucho oxígeno y el oxígeno del agua es muy determinante para establecer su calidad. Esto hace que el agua tampoco se apta para el uso agrícola", agrega García.

Estos y otros afluentes como el río Frío, Quilio, Tula, Pomola, Ostúa y Jupilingo aumentan los niveles de contaminación del Lempa, el cual provee de agua al 36% de los hogares salvadoreños. De ahí que el estudio realizado por el MARN haya señalado que de los 59 puntos monitoreados en cuenca del Lempa que pertenece al país, sólo el 3% presenta calidad de agua "buena".