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Fusades: Hay un retroceso de siete años en la lucha contra la pobreza

» Este ha sido causado por dos golpes: la crisis económica, iniciada en 2008, y la crisis de los alimentos y el petróleo

El Diario de Hoy Lunes, 11 de Abril de 2011

El país necesita políticas públicas de corto plazo para que el impacto de la crisis económica y el alza de los alimentos y los combustibles sea menor. No obstante, también se necesitan políticas de crecimiento económico y de competitividad. Pues ambos aspectos son la base del desarrollo social e inciden en la calidad de vida de las familias salvadoreñas.

Ese es el mensaje que reiteró ayer la Fundación Salvadoreña de Desarrollo Económico y Social (Fusades) al presentar ante la prensa su primer Informe de Coyuntura Social para 2011 en que señaló los problemas que el país debe enfrentar en materia de economía familiar, educación y manejo del recurso hídrico.

Desde la fundación se recordó que, en los últimos meses, el índice de precios mundiales de alimentos aumentó un 44.2%. Eso provocó que para febrero la canasta básica alimentaria en las ciudades aumentara 10.3% y en el campo 18.9%.

"También, el impacto de estos shocks ha causado un retroceso de siete año en la lucha contra la pobreza y una mayor incidencia de la desnutrición en el país", indicó la gerente de Medio Ambiente y Agricultura de Fusades, Amy Ángel.

Hasta el 2006, la pobreza venía reduciéndose de forma constante pero esto se revirtió a raíz del alza de los alimentos que ocurrió entre 2006 y 2008.

En consecuencia, el consumo de alimentos de las familias pobres podría reducirse entre 8% y 13.5%. Por ello, Fusades teme que los índices de desnutrición aumenten, lo que a su vez puede "comprometer el desarrollo físico e intelectual de los niños" y reducir su potencial "para toda su vida". Ante el aumento del precio de los alimentos las familias se ven obligadas reducir la cantidad de la comida que ingieren en cada tiempo o reducir los tiempos de comida diarios.

También, no tienen más remedio que reducir la calidad de los alimentos que ingieren y reducir otros gastos. Algunos, incluso, pueden recurrir a la venta de activos familiares, lo que a su vez descapitaliza a la familia, sobre todo en el campo.

¿Qué hacer ante ello? Fusades señala la necesidad de implementar un sistema de alerta temprana y ampliar y fortalecer las redes de protección social existentes, así como los programas para combatir la desnutrición con los que ya cuenta el país.

Contra deserción escolar

Inquietud. Eso es lo que causan algunas cifras de la última Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM). Según esta, el 14.8% y el 40.5% de los salvadoreños de 13 a 15 años de edad y de 16 a 18 no estudian "debido a los costos de la educación". A esto se suma que el 16.7% de los jóvenes de 13 a 23 años son "ninis". Es decir, "no estudian, ni trabajan, ni buscan empleo".

Sobre los ninis que tiene El Salvador, el ex subsecretario de Educación Media Superior de México, Miguel Székely, manifestó a El Diario de Hoy en octubre de 2010: "Este grupo de la población se puede ver como un riesgo para la cohesión social (...) Son proclives a la delincuencia, a estar en el mercado informal de trabajo a tener un nivel educativo muy bajo y ahí van a estar por los siguientes 60 ó 70 años".

Para evitar que este problema se haga aún mayor, desde Fusades consideran que "es oportuno avanzar en la reforma de la educación secundaria garantizando que los recursos sean invertidos en reducir la deserción, elevar la calidad de la formación y mejorar la articulación de la educación con el mundo del trabajo".

¿Pero cómo lograrlo? La gerente de Educación del departamento de Estudios Económicos y Sociales de Fusades, Helga Cuéllar, explicó: "Es importante tratar de estimular la demanda por la educación tratando de bajar los costos. Esto se puede lograr, en el caso de las Comunidades Solidarias Rurales, donde hay una mayor tasa de deserción y también baja cobertura, se puede ampliar la transferencia monetaria condicionada que se otorga ya a las familias para extender la cobertura más allá de sexto grado, es decir, de séptimo a noveno grado.

Además, Cuéllar indicó que se puede crear un bono solidario similar para los jóvenes que viven en asentamientos urbanos precarios. También se puede estimular a las alcaldías y a la empresa privada para que creen más programas de becas dirigidos a estudiantes de escasos recursos económicos o con méritos académicos. Cuéllar considera que en cuanto a la oferta educativa se debe "tratar de distinguir con mayor claridad las prioridades".

El país tiene una cobertura del 95% en educación Primaria, del 55% en Media y de 36% en Bachillerato. "Creo que es oportuno avanzar en la reforma de la educación secundaria y tratar de asignar más recursos en ese nivel educativo".

Atajar la crisis alimentaria, la deserción escolar en educación Media y la crisis hídrica no solo requiere de acciones puntuales sino también de acciones estructurales y a largo plazo.

Roberto Rivera Campos señaló: "Mientras la economía no recupere su ritmo de crecimiento, satisfactorio, va a ser difícilmente sostenible cualquier logro que se haga en el terreno social".