Falta invertir aún más en educación
Aprendizaje entre polvo y láminas
» Cientos de niños aún reciben clases en aulas "provisionales". El Salvador necesita invertir 25 millones de dólares para mejorar y reparar la infraestructura escolar

En el centro escolar cantón El Barillo, de Zaragoza, niños de primaria reciben clases en aulas de lámina "provisionales" tras los terremotos de 2001. FOTOs EDH / lissette lemus
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Lilian Martínez
Sábado, 4 de Abril de 2009
Los alumnos de 2,960 centros escolares ven en riesgo su salud por la falta de letrinas, mientras en otras 164 escuelas carecen de agua potable. En 366 centros escolares más, la falta de energía eléctrica dificulta las clases cuando el cielo está nublado. Y en 192 escuelas los estudiantes corren riesgo de electrocutarse porque las instalaciones eléctricas están dañadas.

Para satisfacer esas y otras necesidades de servicios básicos e infraestructura, el país necesitará invertir al menos 25 millones de dólares entre 2010 y 2014, de acuerdo con cálculos de la Comisión de Seguimiento del Plan Nacional de Educación 2021.

Una deuda, una proyección, un reto y una oportunidad. Las condiciones físicas y ambientales en las que miles de estudiantes reciben clases merecen distintos calificativos, según desde donde se observen.

El Ministerio de Educación considera que las reparaciones y remodelaciones de infraestructura escolar aún pendientes son "proyecciones" del trabajo a realizar en el próximo lustro. La Fundación Innovaciones Educativas Centroamericanas (FIECA) y la Comisión de Seguimiento al Plan 2021, las ven como una oportunidad.

Y los alumnos de 3,682 centros escolares que carecen de agua, letrinas o de instalaciones eléctricas posiblemente no sean conscientes de que esa es una deuda que aún no les salda el país.

El director de la FIECA, Felipe Rivas, considera que después de los terremotos de 2001, cuando miles de escuelas resultaron dañadas total o parcialmente, el país bajó los montos destinados a infraestructura educativa. Tras invertir 103 millones de dólares en 2001, el Estado destinó 36 millones a ese rubro en 2006.

No obstante, para ese año, dos mil aulas se habían sumado a la categoría "en buenas condiciones", mil a la categoría "en condición regular" y 218 salieron de la categoría "en condición mala".

Oportunidad ante la crisis

Sin restar mérito a los avances, el director de FIECA sostiene que El Salvador necesita una estrategia para mejorar las condiciones en los ambientes escolares. En palabras de Felipe Rivas: "Eso implicaría una asignación presupuestaria destinada no sólo a la infraestructura nueva, sino también al mantenimiento y la reparación de las actuales condiciones que tienen las los centros educativos".

La coordinadora de la Comisión de Seguimiento del Plan Nacional de Educación 2021, Sandra de Barraza, tiene claro qué es lo más urgente de atender: "Yo incluiría la prioridad en sanitarios y en agua potable". Aunque De Barraza considera que "la actitud de los directores y de los maestros" es lo que más influye en la efectividad del proceso de enseñanza y aprendizaje, sin restar importancia a la infraestructura escolar y a la disponibilidad de servicios básicos en dicho proceso.

"Una de las causas principales de deserción de niñas es porque no hay servicio sanitario. Hemos avanzado, pero hay que asegurar que hay suficientes servicios sanitarios. Yo creo que sí, influye el ambiente físico... Creo que debemos hacer un esfuerzo por asegurar las condiciones mínimas de las escuelas. Hemos avanzado, pero no es suficiente", advierte.

Rivas y De Barraza consideran que la necesidad de invertir aún más en mantenimiento y construcción de infraestructura escolar es una oportunidad en tiempos de crisis económica.

El director del FIECA recuerda que años atrás, y en similares circunstancias, los gobiernos han optado por disminuir los fondos destinados a educación y salud y redirigirlos a otros rubros en busca de reactivar la economía y generar empleos. Invertir en infraestructura educativa, explica Rivas, es como matar dos pájaros de un tiro: se genera empleo en el rubro de la construcción y al mismo tiempo se invierte en desarrollo humano sostenible, mejorando así las condiciones escolares de infantes y adolescentes.

Si a Sandra de Barraza le preguntarán ¿qué haría de cara a la crisis?, ya tiene lista la respuesta: "Haría un préstamos para generar empleo en obras de infraestructura pública... contrataría batallones para que arreglen baños, pinten, hagan aulas y (así) generar empleo local". Y ese no tendría que ser el último paso. "Usualmente, se hacen las obras y nadie les da mantenimiento", aduce De Barraza. Esa suele ser la razón por la que escuelas muy bien acabadas hace 15 ó 20 años parecen cobrar vida y pedir a gritos ser reparadas.

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