Alarma por casos de insuficiencia renal

» Salud descubre más de 400 pacientes con esta enfermedad en un chequeo a pacientes en riesgo

María Guardado permanece a la entrada de su casa en el Cantón Las Moras de Lourdes, Colón, en La Libertad. La señora es una de las pacientes a las que se le diagnosticó insuficiencia renal crónica en el trabajo que realizó Salud en La Libertad.FOTO EDH / nelson dueñas

Un estudio realizado en más de medio millar de pacientes con algún factor de riesgo como la diabetes, la hipertensión o el abuso de medicamentos de cuatro unidades de salud de La Libertad confirmó que el país se enfrenta a una enfermedad que puede hacer tambalear (si no lo ha puesto ya) el actual sistema de salud. A ocho de cada 10 enfermos -463 de los 596 examinados-, se les diagnosticó insuficiencia renal crónica, nombre con el se conoce a la enfermedad que afecta la función de los riñones.

Estos órganos pierden su capacidad para eliminar los desechos del organismo, concentrar la orina y conservar los electrolitos, minerales básicos para mantener el equilibro de agua y acidez en el cuerpo. Estos pacientes están en una etapa sin retorno; el control médico trata de evitar un deterioro mayor y que esa patología crónica pase a ser terminal. Llegado a este punto final sólo hay dos opciones para seguir con vida: la diálisis y el trasplante.

La insuficiencia renal es una enfermedad que pasa desapercibida en el paciente. Los escasos síntomas no aparecen antes de que el riñón haya perdido más del 30 por ciento de su función.

Rosario Acosta, un hombre de 70 años, oriundo de Lourdes Colón, supo por el examen que le hicieron en septiembre que sus riñones apenas trabajaban al 41 por ciento, un estado avanzado de insuficiencia renal. Como él, en un espacio de tres meses, 462 habitantes más de Lourdes Colón, Sitio del Niño, San Juan Opico y el Puerto de La Libertad se enteraron de un día para otro que padecían esta enfermedad. Hoy que lo saben, su objetivo es claro: cuidar los maltrechos riñones. "Tengo que tener una buena calidad de vida, vamos luchando para no llegar a 15 por ciento", comentó Acosta para referirse al límite en que la enfermedad pasa a ser terminal.

En septiembre, el Ministerio de Salud puso en marcha el programa de detección temprana y tratamiento de la insuficiencia renal en cuatro unidades de salud de La Libertad. Roberto Armando Ticas, coordinador del proyecto, manifestó que a toda persona con algún factor de riesgo se le hace un examen para descartar la enfermedad; en caso contrario, se le pone en control. Se incluyeron a pacientes con, al menos, uno de estos padecimientos o riesgos: hipertensión, diabetes, abuso de analgésicos, exposición a pesticidas o algún familiar que hubiese padecido esa patología.

Los resultados del estudio -donde ocho de cada 10 pacientes examinados fue diagnosticado con algún grado de daño renal- no dejó indiferente a alguien. "Estamos alarmados porque no sabíamos que contábamos con tantos pacientes con la enfermedad. Por ahí anda silenciosamente y no nos damos cuenta; hay que cambiar hábitos y la conducta de los pacientes", indicó Jaime García, director de la Unidad de Salud de Lourdes.

Rafael Chávez, presidente de la Asociación Salvadoreña de Nefrología e Hipertensión Arterial, destacó el estudio e instó a ampliarlo. "Qué bueno que estén buscando los pacientes, hay que hacer prevención y un mapa a nivel de país", agregó Chávez.

Hace algunos años que el Fondo de Emergencia, una ONG que trabaja en labores de prevención en cantones de Jiquilisco, Usulután, alertó y denunció los efectos de esta enfermedad que en esa zona se cobra más vidas que el cáncer y la violencia. Un muestreo realizado en 1,500 personas en 2006 y 2007 en personas sanas demostró que una de cada cinco tenía algún grado de daño renal. Todas éstas están hoy en control médico.

Ramón Trabanino, nefrólogo responsable del trabajo en la zona costera oriental, calcula que la prevalencia de casos es 10 veces mayor que la de otros países.

Un riesgo

Rosalío es diabético desde hace 22 años e hipertenso desde hace 12. Su historial médico indica que fue agricultor 25 años y caficultor por 15 más.

"Uno sabe que Dios le ha dado la vida, pero no sabe que con desarreglo se deshace; entonces uno vive normal, de vez en cuando tomaba guaro, comía chile y cosas que hacen daño", comentó el señor, quien trata ahora de seguir las indicaciones médicas.

El examen de creatinina, una sustancia de desecho del metabolismo, es un indicador fiel de la función renal.

"Los números lo que nos están diciendo es que la insuficiencia renal es una de las enfermedades no diagnosticadas con más prevalencia en la población por encima del cáncer y del sida", dijo el presidente de la asociación de nefrología.

El estudio dejó también aspectos positivos. Uno de ellos es que la mayoría de los casos, el 93.3% de ellos, se encuentra en una etapa temprana de la enfermedad. Con una atención adecuada y controles seguidos se puede evitar un tratamiento sustitutivo como la diálisis. "Es bueno encontrarlos precozmente porque podemos prevenir o retardar el progreso del mal, ya en estado tardío es bien difícil", añadió Ticas.

Según los datos de la prueba piloto, la hipertensión, la diabetes y el abuso de analgésicos son los principales causantes del daño al riñón. Casi nueve de cada 10 personas con este mal tiene un pasado de consumo prolongado de medicinas contra el dolor y antiinflamatorios. Además, ocho de cada 10 son hipertensos y un porcentaje similar, diabético. "En El Salvador ha aumentado la prevalencia de diabetes, hipertensión y obesidad, entonces estos factores son los que han hecho probablemente que aumente la insuficiencia renal", apuntó Ticas.

La detección de nuevos casos se da en un contexto en que el sistema hospitalario está saturado de pacientes. Los servicios de nefrología de los principales centros de salud y el ISSS han ampliado espacios y horarios en los últimos años para dar cabida y tratamiento a más enfermos. Aún así, es insuficiente. El Rosales tiene 600 enfermos en la etapa terminal censados; su capacidad es de 300. Al mes, además, diagnostican un promedio de 52 casos nuevos. Muchos, la mayoría, no siguen el tratamiento y, como en el caso del área de Usulután, prefieren morir en sus casas. El hospital calcula que sólo el 10 por ciento sigue el tratamiento regular.

Un fin alcanzado del estudio es la detección temprana de la insuficiencia renal. Para 2009, uno de los retos de Salud Pública es la extensión del programa que inició en cuatro unidades de salud a las 272 restantes. ¿Estará el sistema sanitario preparado para esos resultados?

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