Matan a golpes a joven tras una disputa vial

Un joven estudiante de Ingeniería en Alimentos fue asesinado por varios sujetos el domingo en la madrugada, en la Zona Rosa. Lo mataron a puñetazos y puntapiés, al parecer, por un motivo insignificante: una disputa vial. Meses atrás, un ingeniero, un abogado y un piloto de la Fuerza Aérea también murieron por motivos similares

amigos y parientes durante la velación de Héctor Antonio García González, asesinado el domingo en la madrugada.FOTO EDH / ARCHIVO

El asesinato de Héctor Antonio García González, de 24 años, no fue cometido con armas de fuego, ni con arma blanca, ni con piedras o garrote. Tampoco fueron mareros los asesinos, ni sicarios al servicio de algún delincuente, de esos a los que no les gusta mancharse sus propias manos de sangre.

A Héctor Antonio, un joven que el año pasado se graduó como técnico en alimentos del Instituto Tecnológico Centroamericano (ITCA), lo mataron la madrugada del domingo frente al parqueo del Tabernáculo Bíblico, en la colonia Escalón, a poca distancia de donde trabajaba como chef en un restaurante de la Zona Rosa.

A diferencia de un gran porcentaje de asesinatos de los cuales las estadísticas policiales señalan a integrantes de pandillas como los responsables, los sospechosos de quitarle la vida a García González son jóvenes que también habían salido a departir entre la noche del sábado y la madrugada del domingo.

De momento, la División de Investigaciones de Homicidios, de la Policía Nacional Civil, ha capturado como sospechoso al joven Rodrigo Ernesto, de 22 años, de quien fuentes policiales aseguraron a El Diario de Hoy que estaba en las bartolinas policiales de Montserrat y a quien le habían decomisado el auto placas P239-7775, un Mitsubishi negro, en el cual se conducía al momento de, presuntamente, participar en el crimen.

Pero, de acuerdo con las mismas fuentes, en el homicidio de Héctor Antonio hay tres más implicados, entre los que se menciona a una persona de nombre Alfredo Alejandro, de 27 años.

Alfredo Alejandro, quien conducía un Mazda color verde, y Rodrigo Ernesto, quien manejaba el Mitsubishi negro, son vecinos. Ambos viven en una residencial próxima al estadio Cuscatlán, al sur de San Salvador.

LOS HECHOS

Del caso hay varios testigos, cuatro de ellos viajaban en el auto en que se conducía García González. Los otros son vigilantes privados que anotaron el número de las placas de los dos autos de donde se bajaron los que vapulearon a García González.

La colaboración de los vigilantes derivó en la captura, el domingo a las 5:30 p.m., de Rodrigo Ernesto, como uno de los principales sospechoso, quien habría sido reconocido de inmediato por los testigos que, casualmente -según refieren fuentes policiales-, se hallaban también en la División de Investigaciones Criminales (Dinc), a donde el sospechoso fue llevado luego de su arresto.

La versión que los testigos han dado a la Policía y a la Fiscalía es que entre las 2:30 y 3:30 de la madrugada del domingo, los autos de Rodrigo Ernesto y Alfredo Alejandro eran conducidos a la par y con los motores acelerados a fondo en la 79 Avenida Sur.

Luego, el auto blanco en que se conducía García González los sobrepasó aprovechando un espacio. Lo hizo también con bastante velocidad, pero sin ninguna intención más que sobrepasar para continuar la marcha.

Al parecer, esto enfureció a Rodrigo Ernesto, a Alfredo Alejandro y a sus acompañantes. Comenzaron a perseguir a los del auto en donde iba García González, alcanzándolos pocos metros después. Fue el carro verde el que se les puso a la par y comenzó a insultarlos, según los testigos.

El auto blanco se detuvo obligadamente en el redondel Beethoven. Y allí comenzó lo más fuerte de la discusión. Del auto verde y negro se bajaron sus ocupantes y del blanco salieron Héctor Antonio, el motorista y otra persona más. Estos trataron de apaciguar la situación, pero los insultos pasaron a golpes.

Una mujer que viajaba en el carro verde, al ver la trifulca, gritaba que no le hicieran nada porque tenía una niña. Eso lo repitió constantemente, aseguró uno de los testigos que acompañaba a Héctor Antonio.

Luego de un intercambio de golpes, Héctor y sus acompañantes intentaron escapar, pero el conductor del carro verde aceleró y les chocó el carro por detrás.

Luego los del carro blanco se dirigieron rumbo a la Avenida Olímpica, tratando de evitar más problemas, sin embargo, el del carro verde continuó siguiéndolos.

En la avenida Olímpica, un testigo que identifica como Pasaje 5, el conductor del vehículo blanco intentó estacionarlo, por lo que los otros cuatro, incluyendo Héctor Antonio, se bajaron.

Pero el del carro verde intentó embestirlos. Al no poder atropellarlos, el motorista del carro verde golpeó al carro blanco en un costado, prosiguió el relato de uno de los testigos. Debido a la situación, se dispersaron y perdieron de vista a Héctor Antonio y al conductor del auto blanco.

Al parecer, García González también logró correr, pero fue alcanzado frente al estacionamiento del Tabernáculo Bíblico Bautista Amigos de Israel, en la colonia Escalón. Allí un testigo observó cuando el joven era vapuleado. Momentos después, la víctima, aún con vida, fue trasladada a un hospital, donde falleció.

De acuerdo con parientes de la víctima, en el informe forense consta que García González tenía desfigurado el rostro, la nariz estaba quebrada, lo mismo que el cráneo. Alrededor del cuello tenía una marca como si le hubiesen amarrado algo para estrangularlo.

El domingo en la tarde y ayer, varios testigos acompañaron a las autoridades que investigan el caso a reconocer el lugar donde fueron interceptados, donde encontraron un cincho color café que ninguno de los acompañantes del fallecido reconoció como suyo y que tampoco resultó ser de la víctima.

Regresaban de billar

Según parientes de la víctima, Héctor Antonio regresó a su casa, localizada en una colonia de Ciudad Merliot, como a la 1:30 a.m., del domingo. Venía de trabajar en el restaurante Café Miraflores. No se quitó ni el uniforme de trabajo. Salió con otro amigo a una sala de billar cercana, donde se les juntaron otros tres amigos.

Al término de la partida, los cinco amigos se retiraron del billar, abordaron el carro de uno de ellos y decidieron ir a dejar a su casa a dos de ellos que no vivían en Ciudad Merliot, sino en la colonia Escalón.

Ya habían dejado a uno cuando ocurrió el incidente.

Horas después, uno de ellos envió un mensaje diciendo que ya estaba en casa y que estaba bien. Pero no hacía referencia al problema ocurrido.

Una hermana de Héctor Antonio aseguró que al ver que su hermano no regresaba, le hizo una llamada al celular. Pero nadie contestó. Para esa hora, el joven ya había sido asesinado.

Héctor Antonio tenía grandes deseos de superación, según refieren hermanos y demás parientes. Cuentan que en cuanto se graduó del ITCA, se inscribió en la carrera Ingeniería en Alimentos en una universidad privada.

Luego de cada jornada de estudios, el joven repartía su tiempo en su empleo como cocinero.

Hasta ayer se desconocía que cargos presentará la Fiscalía General de la República contra Rodrigo Ernesto ni cuándo se realizará la audiencia inicial.

Los investigadores realizaban más pesquisas para intentar localizar al Alfredo Alejandro, el conductor del carro verde, quien también podría ser acusado del crimen.

Familiares de la víctima pidieron que se haga justicia.