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Menores imponen su ley en centros de internamiento

Las autoridades de Seguridad defienden a capa y espada la reinserción de jóvenes delincuentes, pero en los centros de internamiento lo que, a simple vista queda claro es que eso es incierto. el ISNA tramita $10.8 millones, según ellos, para mejorarlos

El Diario de Hoy Sábado, 27 de Marzo de 2010

En un centro de internamiento de menores su director no sólo tiene que coordinar los talleres vocacionales, las actividades educativas, tratar de controlar que no entren objetos ilegales como armas, drogas o celulares..., también negocia con los internos, tal como confesaba Salvador López, director del centro de menores El Espino, en Ahuachapán.

"Hemos pactado que lo que se produce (en el taller de panadería) es para su consumo, pero tienen que distribuirlo en orden y eso lo están cumpliendo. Tienen prohibido hacer bebidas embriagantes del pan, de la levadura y ellos mantienen la palabra. Pueden hacerlo de otra cosa, menos del pan y la levadura. Ellos respetan eso y funcionamos de promesa a promesa", comenta. Eso sí, afirma no negociar con las normas establecidas en las leyes. No es el primer director que opta por llegar a acuerdos -como parece llamar a las exigencias que terminan concediendo a los infractores juveniles-. De ahí que al anterior les permitió pintar con ostentosos graffitis de símbolos de la pandilla una de las paredes del centro con el fin de que no realizasen agujeros en ella.

Un dato que nos lleva a otro problema importante: la situación de las instalaciones. Los ladrillos, hechos de barro cocido hace 25 años, según López, han perdido sus condiciones materiales. "Ahora con un lápiz puedo hacerle un hueco. Entre cinco y diez pueden botar una pared", confiesa. Además, no cuentan con doble muro, ni con suelo de concreto, lo que facilita que los internos caven túneles, como ha sucedido en el pasado. En definitiva, las condiciones de seguridad no son ni mucho menos suficientes. Por estos problemas en infraestructura, el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia (ISNA) está tramitando pedir al Ejecutivo un refuerzo presupuestario de $10.8 millones lo que supone el 85% del presupuesto que ya se les concedió para este año, de más de 14. El 33% del refuerzo se destinará a los centros de reinserción para mejorar su infraestructura y contratar a orientadores.

El estado de las instalaciones según el director ejecutivo de esta institución, Luis Enrique Salazar, afecta al sistema de evacuación de aguas en El Espino, que pasó meses siendo una laguna por problemas en la evacuación de las aguas grises y negras. En Tonacatepeque hay una red de conexiones hecha por los propios privados de libertad, ya que el sistema eléctrico está a punto de colapsar debido a sus deficiencias, informa Salazar.

La alimentación es otro de los factores que el Isna está tratando de mejorar, ya que según las últimas encuestas realizadas a los internos, la rechaza un 97%. Uno de los usos de los nuevos fondos pretende reinstalar las cuatro cocinas que funcionaban en el pasado, ya que actualmente se sirve comida industrial que proporciona una empresa.

El director ejecutivo del Isna lamenta que no se hayan asignado los fondos necesarios a la institución que lidera. "A la ley penal juvenil se le quiere pedir cuentas de por qué no ha servido para combatir la criminalidad juvenil. El problema es qué se hizo por dotar a los operadores de la ley. Se dotó a jueces y policías, pero a los que desarrollamos la etapa de cierre del sistema no se nos han dado los instrumentos necesarios para emprender verdaderos programas de reinserción", dice.

Los datos brindados por Salazar no coinciden con los que se obtienen en El Espino. A pesar de estar en deplorables condiciones, los internos de allí no manifiestan ninguna queja sobre las condiciones en las que viven y apenas se limitan a pedir algunas herramientas para el taller de estructuras metálicas. Mientras Salazar afirma que necesitan contratar más orientadores, ya que apenas cuentan con uno por cada 80 jóvenes, el director de El Espino manifiesta que en el centro cuentan con 15 para atender a 60 internos. Al parecer esto sucede en otros centros, como el de Tonacatepeque.

Otra situación que pretende cambiar el director del Isna es el estado en que se encuentran los talleres vivenciales, hechos en teoría para formar a nivel ocupacional a los jóvenes, como una medida que facilite su futura reinserción social.

Salazar lamenta que estos talleres no cuenten en muchos casos con el material necesario para realizarlos, como estaño o aluminio en los de repujado o telas en los de sastrería. Tampoco cuentan con una homologación que valide esta formación fuera del centro. Los internos se quejan, según Salazar, de no contar con una oferta de talleres más amplia y de que ésta no se adecue al mercado laboral. Es por todo esto que la inasistencia a dichos talleres ascienda al 47% de los jóvenes, aunque de nuevo El Espino parece ser una excepción, su director dice que nueve de cada 10 internos participan en los talleres. Y estos están todos en funcionamiento salvo el de sastrería, ya que dos de sus máquinas están siendo reparadas.