Advierten sobre dificultades para aplicar impuesto al alcohol

» Algunos restauranteros dicen que será complicado, tanto para los comerciantes como para Hacienda, mantener un control

Una de las preocupaciones de los restauranteros es que si los precios incrementan, los clientes dejen de frecuentar sus negocios.Las bebidas alcohólicas que se venden segmentadas tendrían problemas para determinar el porcentaje de impuesto que les corresponde pagar. Esta medida podría generar incertidumbre y trámites engorrosos, opinan dueños de estos negocios.FOTO EDH / ARCHIVO

Calcular uno de los impuestos recientemente aprobado para las bebidas alcohólicas representará, además de un sensible incremento en el precio de estas, una complicación al momento de declarar al fisco, indicaron algunos restauranteros y dueños de bares.

El aumento en el precio de las bebidas será solo el primer escollo, ya que los dueños de bares y restaurantes tendrán que pagar el 5 por ciento del impuesto ad valórem que cobran los distribuidores. Sobre la diferencia entre el costo de compra y el de venta, los comerciantes deberán pagar ese 5 por ciento del nuevo tributo, es decir, que si una cerveza tiene un precio sugerido de $0.70, el distribuidor tendrá que pagar el 5 por ciento sobre esa cantidad menos el 13 por ciento de IVA, ya que la ley estipula que no se puede cobrar un impuesto sobre otro, es decir, que de los $0.62 restantes estaría pagando $0.03, de acuerdo al presidente de la Asociación de Restaurantes de El Salvador (ARES), Pedro Dalmau.

Esa misma cerveza, el restaurantero la vende en $1.50, valor con el cual debe seguir el mismo proceso anterior (pagar el 5 por ciento de esa cantidad menos el 13 por ciento de IVA), de lo que se deduce un valor de $0.07. Sin embargo, como el distribuidor ya canceló $0.03, lo que el restaurantero tendrá que declarar al fisco por botella de cerveza vendida son $0.04, según Dalmau.

De ahí que los dueños de estos negocios han dicho que la aplicación de esta reforma resultará engorrosa y costosa para los afectados, especialmente para aquellos que se mantienen en el rango de pequeños y medianos empresarios, ya que deberán montar un aparataje administrativo muy minucioso, y que a lo mejor tenga un costo elevado.

Para Dalmau, el problema se agrava porque ningún representante del Ministerio de Hacienda se ha acercado a los comerciantes para explicar cómo será la aplicación del impuesto. "Va a ser engorroso y dificultoso que el ministerio de Hacienda logre el objetivo (de aumentar la recaudación), nos tienen que decir cómo hacer", se lamentó.

Dalmau se queja que no haya existido ningún proceso de adiestramiento a los restauranteros, quienes al final se convertirán en agentes fiscales, es decir que tendrán que calcular, administrar y pasar al fisco los impuestos recaudados.

"El problema es que el ministerio no tiene gente capacitada para explicar cómo se debe aplicar el impuesto, ni el ministro lo entiende", argumentó Dalmau.

En lo que coinciden varios propietarios de bares y restaurantes consultados es en decir que la implementación de esta medida no fue consultada por las autoridades, y adelantaron que al regreso de las vacaciones buscarán un encuentro con personeros de Hacienda para que se les explique de qué manera se deben hacer los cálculos fiscales y para buscar consensos sobre la implementación de la medida que, adelantan, acarreará múltiples trámites burocráticos.

Dalmau aclara que la discusión del gremio no es por pagar o no los impuestos, sino que "llevarlo a cabo va a generar burocracia, no habrá calidad de fiscalización porque nadie sabe lo que estamos haciendo", dijo.

Pago sobre desperdicios

Pero la anterior es sólo una de las aristas del problema, la otra se presenta por el tipo de venta que se genera con el alcohol, ya que surge un problema porque estas bebidas, generalmente, no se venden al público de forma unitaria, sino segmentadas por tragos, medias botellas, litros, botellas, mezcladas con otro tipo de licores, en vasos, etc. El inconveniente surge entonces sobre el diferencial (entre el precio de compra y venta) sobre el cual los restauranteros tendrán que declarar al fisco.

Esto se complica todavía más, ya que los precios de compra dependen de variables como la cantidad adquirida de producto, el distribuidor, las ofertas al momento de la compra y hasta el día de la compra, entre otros.

Según la reforma aprobada, "el hecho generador se entiende ocurrido y causado al momento de salir de su inventario los productos", es decir que se contabilizará el impuesto a partir de la cantidad de botellas que salgan de la bodega, sin importar el desperdicio que de ellas se genera.

Algunos encargados de bares explican que existe un grado de desperdicio en cada producto vendido a granel. Por ejemplo, un barril de cerveza no se consume por completo, ya que genera una cantidad de espuma; lo mismo ocurre con las botellas de licor o con las mismas botellas de cerveza que se quiebran.

Este caso aplica también para bebidas gaseosas que se expenden en fuentes de soda (refill), ya que resulta poco acertado determinar la cantidad exacta de producto que se saca de cada tanque. Las gaseosas han sido tasadas con un impuesto similar.

Otra de las dudas que surge es cómo se va a controlar la venta de licores que van combinados, ya sea con otros licores o con bebidas gaseosas y hielo.

Según el economista Miguel Lacayo, toda esta situación va a generar incertidumbre entre los comerciantes, además que provocará más trabajo administrativo para propietarios y para el mismo ramo de Hacienda.

Para este analista, una medida más saludable habría sido la aplicación de una mayor tasa de IVA.

Un impuesto ad valórem es más viable cuando se tasan productos cuyo consumo es menor o en unidades completas, como vehículos, electrodomésticos, etc. Sin embargo, en el caso de los licores, los consultados coincidieron en que será difícil mantener un control y hacer una declaración correcta.

"Puede ser que sin querer lo estemos haciendo mal", justifica Dalmau, quien hace hincapié en que, si la medida no es reversible, se realice algún tipo de capacitación para los involucrados.

Advierten que este procedimiento provocará un aumento en los precios de las bebidas que un restaurante o bar ofrece a sus clientes, pues al final tendrán que cargar a estos los incrementos.

Como consecuencia, explican que llegará una eventual reducción de las ventas, provocando así cierres de negocios y hasta despido de empleados.