Cada sampedrano tiene su propia versión acerca de cómo les afecta el hecho de que desde el domingo anterior en San Pedro Sula, al menos en el centro de la ciudad, muchos negocios permanezcan cerrados o cierren mucho antes de que oscurezca.
José Acosta, un vendedor de hamacas, acelera el paso para llegar a su casa aunque ni siquiera son las seis de la tarde. Pero José no puede evitar detenerse a ver a unos cuantos jóvenes que amplían las barricadas para evitar que los autos lleguen al parque Central de San Pedro Sula, donde se mantiene una concentración de personas afines al derrocado Zelaya.
El vendedor deja entrever que Zelaya debe volver al gobierno para que la vida en Honduras vuelva a la normalidad y "para que esos pícaros se vayan del poder".
Por su parte, René Coto siente más el impacto que la crisis ha hecho en su bolsillo afectando a la vez a su mujer e hijos. Este taxista sampedrano afirma que de percibir unos 600 lempiras (equivalente a $20) como ganancias diarias, desde el domingo anterior, cuando estalló el problema, a sus ganancias se redujeron a 200 lempiras, esto porque el comercio en San Pedro Sula se han ido abajo. "Mire usted, muchos comercios están cerrados", exclama.
René votó por Mel Zelaya y por eso dice que le duele que lo hayan quitado del poder de la forma como lo hicieron, a la vez que prevé que si el destituido presidente llegara a Honduras y fuera capturado, "el asunto se pondría más feo y correría la sangre".
Para otros, como Luis Castro, un mecánico industrial, al perjuicio económico se suma la violación a su derecho de estar informados de lo que ocurre en su país, ya que algunos canales han sido cerrados.más grave es que nos están coartando el derecho de estar informado. Solo permiten que se diga lo que les conviene (al nuevo gobierno). Tienen amenazados a todos los medios de comunicación que se han opuesto al golpe de estado. Y dicen que son democráticos", expresa René con una frase cargada de sarcasmo.
Segun René, si la crisis política se mantiene o se agrava, la gente ya no va a poder salir a la calle a trabajar y si las fronteras siguen cerradas la empresa para la cual trabaja, que fabrica herramientas agrícolas, comenzaría a quitar gente o podría cerrar porque ya no podría vender sus productos.