La lluvia arreciaba. Cuando pasamos junto al puente de la 17 Avenida Sur, vimos que el río amenazaba con desbordarse. Aquello era impactante. Apenas lo habíamos notado cuando de pronto vimos asomar la repunta. Grité: ¡Cuidado!, e inmediatamente el agua chocó con la parte delantera de nuestro carro, amenazando con arrastrarnos.
A duras penas logramos salir de la corriente. Inmediatamente nos aparcamos en una zona segura y, cámara en mano, corrimos hacia la zona del desbordamiento.
Fue entonces cuando observé un bus amarillo atrapado por el agua. El nivel era alarmante, llegaba casi hasta el techo el automotor. Me sobrecogí cuando leí en el bus la inscripción: "Cristo viene pronto", y sentí que se me erizó la piel.
De inmediato llamé a los Cuerpos de Socorro para informarles de la situación e inicié mis reportes para elsalvador.com.
Aunque estábamos a una cuadra del bus, vi cuando dos jóvenes subieron al techo del vehículo y comenzaron a hacernos señales y gritaban auxilio.
Impotente ante la amenaza del agua, sabía que yo no podría hacer mucho por esta gente. No podía hacer más que grabar y documentar con mi cámara lo que estaba presenciando.
Lo más duro era escucharlos gritar. Aún resuenan en mi cabeza las últimas palabras de aquella gente: "¡Ayúdennos!, ¡Auxilio!"
Me quedé paralizada ante lo que vino después. Uno de los jóvenes que estaban sobre el techo del bus saltó hacia el muro de una casa cercana.
Unos segundos después el bus comenzó a moverse. Los nervios me invadieron y sentí una enorme impotencia al ver que estaban a punto de irse en la corriente.
El ambiente se tornó sombrío, algunos curiosos que habían llegado a la zona murmuraban lamentos... Yo sólo me aferraba a mi lente.
Me pareció increíble ver que el hombre que aún estaba parado sobre el techo del bus, nunca intentó saltar... Sólo se quedó parado, como resignado ante su destino... De la misma manera tuve que resignarme a continuar con mi trabajo y a no poder intervenir para ayudarlos.
Los gritos de la gente de adentro del bus se hicieron más fuertes. Gritos desesperados, de angustia, de agonía ante su inminente caída. En cuestión de segundos, el bus cayó en la corriente, llevándose consigo a niños, ancianos, mujeres y hombres desconcertados.
No olvidaré esa imagen. Fue horrible haber observado eso, sin poder hacer nada. Pero es en ese momento en donde se vuelve aún más importante la labor periodística; la misión de informar y documentar la realidad tal cual es... aunque, desgraciadamente, tengamos algunas veces que observar la muerte de personas inocentes, víctimas de la fuerza de la naturaleza.