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Programa para "dreamers" ayudaría a peones del campo

Jóvenes que trabajan en el campo podrían acceder a oportunidades educativas a través de este proyecto, así como a empleos mejor pagados.

AP Miércoles, 29 de Agosto de 2012

Las medidas que permiten que cientos de miles de jóvenes que estudian puedan trabajar y estudiar acaparan casi toda la atención de un nuevo programa que aborda aspectos de la inmigración ilegal. Pero no solo los "dreamers", o soñadores, como se denomina a esos estudiantes, se beneficiarán: también quienes trabajan, sobre todo en el campo, podrían sacar provecho.

"El estereotipo acerca de los jóvenes que pueden acogerse al programa es que tienen que estudiar en la universidad y ser estrellas académicas que hablan perfecto inglés. Por supuesto, eso no es cierto", comentó Ed Kissam, investigador de políticas laborales.

Un posible beneficiario es Juan Carlos Martín, un mexicano de 23 años que fue traído ilegalmente al país a los 13. Soñaba con estudiar, pero tuvo que trabajar tiempo completo al terminar la secundaria porque su padre sufrió un accidente que lo dejó incapacitado.

Martín se sorprendió al descubrir que podía acogerse a un nuevo programa federal para jóvenes sin papeles. Trabajadores agrícolas como él dicen que un permiso de trabajo y los beneficios que eso conlleva podrían abrirle puertas que antes estaban cerradas.

"Esto puede cambiar mi vida", comentó Martín. "Vine a este país con el objetivo de estudiar y salir adelante. Pero no puedo hacerlo sin un permiso de trabajo, sin número de Seguro Social y licencia de conducir".

El programa no despeja el camino para obtener la residencia legal ni la ciudadanía.

Para poder acogerse a este beneficio, el inmigrante debe haber llegado a Estados Unidos antes de los 16 años, tener no más de 31 años, haber vivido en el país por al menos cinco años y no haber sido convicto de ciertos delitos. El programa abarca aun a jóvenes que no completaron la secundaria, siempre y cuando se inscriban en cursos educativos para adultos, programas vocacionales o clases de inglés.

Defensores de los derechos de los inmigrantes sin papales dicen que los trabajadores agrícolas y otros jóvenes que no estudian podrían tener problemas para conseguir estos beneficios: falta de información sobre el programa, dominio limitado del inglés y escaso acceso a asesoría legal y a clases para adultos que le permitan satisfacer los requisitos educativos.

Más de la mitad de jóvenes tienen menos de 31 años, según Estudio Nacional de Trabajadores Agrícolas. Ese informe indica que al menos 54,000 trabajadores agrícolas podrían acogerse al programa.

Jaime Hernández, de 23 años, trabaja en plantaciones de fresas en California por $8 la hora. Un amigo le habló del programa y espera poder acogerse a él.

Hernández cruzó el desierto de Arizona con sus padres cuando tenía 11 años. Abandonó la secundaria para trabajar en el campo y ayudar a su familia. Dice que si consigue un permiso de trabajo, buscará un empleo mejor pagado y volverá a la escuela para estudiar derecho o ingeniería radial.

Algunos agricultores temen que el programa limite la disponibilidad de trabajadores agrícolas. La Liga de Agricultores Nisei recomienda a los trabajadores no acogerse al programa, insinuando que podrían ser deportados si dan su dirección a las autoridades federales.