Gladys del Cid

Quintuplicó su maternidad y la dicha de ser mujer

Su vida dio un giro de 180 grados. Dieciocho años después de haber dado a luz a quintillizos sigue siendo un ejemplo de dedicación y sacrificio

Foto EDH/ René Estrada

Desde muy joven doña Gladys había planificado parte de su vida: casarse y concebir solamente dos hijos.

A sus 45 años recuerda como si fuera ayer aquel 19 de enero de 1995, cuando en la sala de parto del hospital nacional de Maternidad dio a luz a cinco niños.

Aquellos planes de juventud cambiaron radicalmente porque jamás se imaginó ser madre de quintillizos.

Hoy recuerda entre risas aquel dicho que reza: "Uno propone y Dios dispone".

La primera ultrasonografía le dio la noticia de su vida: cuatro embriones se estaban desarrollando, pero fue hasta el momento del parto cuando un quinto pequeño luchaba por ver la luz.

Aquella cama del hospital fue el testigo mudo de los sentimientos encontrados de doña Gladys: llantos, risas, escalofríos y un poco de tristeza al no saber qué le depararía el futuro a sus 27 años de edad, a sus cinco retoños y a su primogénita Jessica, a quien dio a luz cuando tenía 18.

Desde ese momento, Gladys supo que su vida estaría colmada de alegrías y afliciones, porque sacar adelante a sus pequeños se convertiría en una lucha diaria, pero también en una bendición que le regalaría los momentos más hermosos.

Dieciocho años después de aquel histórico parto, una sonrisa tímida y el brillo de sus pequeños ojos expresan todo lo que han significado sus hijos para ella. "Son mi mayor tesoro", dice, a la vez que levanta la mirada como agradeciéndole al Creador. "Ser madre es el trabajo más difícil, pero es el que hace más feliz a una mujer", añade, mientras recuerda que hace 18 años tuvo que lavar más de 90 pachas y cerca de 300 pañales diarios.

Aunque su vida ha sido un caos en todas las etapas de sus hijos, desde su nacimiento hasta el primer día de clases, y hoy en los momentos "locos" de la juventud, asegura que ser madre es el regalo más hermoso que le ha dado Dios.

"Ellos le dieron sentido a mi vida", resume muy orgullosa doña Gladys, que tuvo que pasar de ser mujer y esposa a ser madre a tiempo completo.

Doña Gladys es amante de la cocina, una tarea que quedó un poco relegada al convertirse en madre de quintillizos, ya que para cuidar a sus pequeños invertía las 24 horas del día. La ayuda de su hija mayor Jessica, de sus hermanas, de su madre y de su esposo le hicieron la tarea más liviana.

La maternidad también hizo que por momentos relegara sus actividades como esposa. Para Gladys ese es uno de los sacrificios que tuvo que hacer para entregarse totalmente a sus "tesoros".

No obstante, contrario a encontrar a un esposo enojado o triste dice que siempre tuvo un apoyo incondicional en él.

"Hay que buscar siempre la ayuda de Dios".

Un maquillaje sencillo, un poco de brillo en sus labios y de rubor en el rostro delatan que doña Gladys le gusta lucir bonita. Con una sonrisa pícara asegura que no es malo que una mujer sea coqueta y que se "arregle" un poquito, sobre todo para dar una buena imagen en el trabajo y para que el esposo la vea bonita todos los días.

Para doña Gladys ser madre es una bendición. Hacerlo bien no solo requiere de entrega, también de saber equilibrar los diferentes roles en la vida entre mujer trabajadora, madre y esposa.

"No es fácil", expresa, pero todo es cuestión de pensar en el bienestar de las personas que tanto se aman. El amor es el principal ingrediente de esta receta, escuchar a la familia y no descuidarla, y buscar siempre la ayuda de Dios.

Aunque los cinco hijos tienen personalidades diferentes, doña Gladys los ama a todos por igual. Thelma Estefanie, Irvin Norberto, Cristian Israel, Edwin Oswaldo y Milton Oliver, en el mismo orden en que nacieron, son los quintillizos que pusieron a prueba la fe, la voluntad y la fortaleza de esta salvadoreña que confirma lo dichoso que es ser madre, mujer y esposa.

"Todo ha valido la pena. Me siento satisfecha, orgullosa y realizada por ser madre de estos cinco jóvenes, y estoy agradecida con Dios", concluye mientras mira a sus jóvenes hijos sentados a su lado.

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