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Matrimonio no solo es una prueba de unidad. Es un juego de roles donde ambos ganan o pierden, sin excepción. Y la única receta de la felicidad es recuperar con cada detalle el deseo de vivir y sonreír

La decisión de un hombre y una mujer de contraer matrimonio es tan trascendental para la vida que determina la realidad económica, social y emocional del individuo en un corto y largo plazo.

A partir de este contexto, y desde un enfoque positivista, las expectativas siempre son altas porque detrás de un proyecto que la pareja se traza se construye paso a paso una idea o una visión particular de familia donde el estado de bienestar es lo más elemental.

Pero tampoco hay que obviar que con el paso de los años la pasión, emoción y entrega propias del noviazgo y de los primeros meses "de casados" son diezmadas por lo monótono, esquemático y complejo de las circunstancias que marcan ese largo camino bautizado como relación matrimonial.

Muchas personas, desde la óptima sociológica, antropológica y hasta religiosa, coinciden en que la institución del matrimonio está en apuros. Si se remite a las cifras en países europeos, durante los últimos 40 años el número de matrimonios se ha reducido mientras que la natalidad afuera de la pareja y el divorcio han aumentado.

Según un estudio titulado "El matrimonio importa", elaborado por el Instituto de Ciencias Sociales de Barcelona y publicado en la Web, entre 1960 y 2003 el número de matrimonios ha caído más de un 40 por ciento en países como Austria, Francia, Alemania e Italia.

A esto hay que añadirle que entre 1960 y 2000 el número de divorcios se dobló en países tan diversos como Austria, Francia, Alemania, Países Bajos y Suecia, aunado a que la natalidad fuera del matrimonio aumentó más de un 500 por ciento.

Bajo la sombra de la estadísticas el informe puntualiza que la pobreza, la delincuencia, la depresión y el suicidio son sólo algunas de las consecuencias del debilitamiento de la institución matrimonial, condicionado por el monoparentalismo y la cohabitación (acompañamiento de parejas).

Arturo Orantes, experto mexicano en temas matrimoniales, es de la postura que las personas han caído en una zona de confort que se evidencia en la pasividad al momento de actuar como pareja. Esto desencadena decisiones poco pensadas que no favorecen y estimulan a la pareja y que deteriorarán los proyectos de vida individuales y en común.

"La calidad de la relación es un importante indicador de bienestar, especialmente para las mujeres. Varios estudios demuestran que la calidad de la relación íntima de las parejas está relacionada con su estado matrimonial y con el grado de compromiso de los miembros de la pareja, sobre todo al diseñar planes comunes", enfatizó.

En este sentido Orantes consideró que hay seis etapas de la pareja donde, en mayor o menor medida, se presentan circunstancias conflictivas. Por ejemplo, en la etapa donde todo es amor y pasión hasta el más complejo de los problemas se resuelve con una mirada, besos, caricias. Todo es maravilloso.

"Se trata de una fase muy sensible, llena de estímulos, donde hasta se construye una idealización del otro. Pero es complejo rodear este circulo y no salirse de el porque cada instante es una prueba de resistencia que muchos abandonan pronto", matizó el especialista.

Orantes es claro con respecto a que, meses o años después — al no realizar un cambio de timón —, se pierde el amor y queda la pasión, luego no hay amor ni pasión, a continuación alguien quiere desistir y se concluye llegando a un punto donde ya no se está en pareja o no se quiere tener. Todo está destrozado.

Pero, ¿por qué se presenta este proceso? El también motivador afirmó que la mujer y el hombre del siglo XXI están asumiendo otros roles y, aunque Orantes aplaude la versatilidad con la que el ser humano moderno vive el día a día, recordó que es importante la recuperación de los roles de pareja y de vida.

"No comprendo porque el hombre permite que la mujer realice labores pesadas o que no se compartan acciones en el momento propicio. Eso oculta la pasión e impide que el individuo honre sus energías en pareja", analizó Orantes.

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La vida en pareja, con sus múltiples aciertos, diferencias y pruebas, a veces se asemeja a las enfermedades que se controlan y en poco tiempo reaparecen, incluso con mayor intensidad.

"Debemos matar al mounstro cuando es pequeño", contrasta Orantes. Con este paradigma bajo el brazo la comunicación y confianza se convierten en las dos principales herramientas para comenzar a cambiar el manejo de las emociones y evitar que las seis etapas avancen hasta convertirse en un virus marital.

"La gran interrogante es ¿qué de verdad me conecta con ese hombre o esa mujer que me movió todos mis sentimientos y deseos. El estrés diario y la adversidad económica aunque son determinantes no deben de desencadenar en irrespetos o en violencia; no son justificantes para no ser feliz y sonreír", subrayó.

Escuchar antes de hablar es quizá otro procedimiento ante los conflictos que entre conyugues se ha deteriorado.

"Una mujer a veces no desea que le den consejos, solo quiere ser escuchada, desahogarse, volver sonreír. Y el papel fundamental de un hombre es admirarla, darle presencia, evidenciar el orgullo que tiene sobre ella. La mujer debe emularlo y agregarle sus dotes de feminidad", puntualizó, como receta, Orantes.

Todos estos quizá no son secretos. Pero si permiten cumplir el "hasta que la muerte los separe". Beso eterno.