La diabetes es una enfermedad que se revierte con educación

Muchos de los pacientes salvadoreños desconocen el alcance de este padecimientoEndocrinólogos piden campañas preventivas

En el país, muchos niños padecen de diabetes autoinmune. Su origen es una destrucción de las células que producen insulina en el páncreas. FOTOS EDH / LISSETTE LEMUS

No solo es glucosa e insulina. Pero tampoco simples inyecciones. La diabetes es algo más serio. En pocas palabras, urge prevención, una actitud responsable hacia la vida desgastada, como hacia las consecuencias que la enfermedad provoca, a mediano y largo plazo, en los 366 millones de personas que padecen de este grupo de trastornos metabólicos, según estadísticas de la Federación Internacional de Diabetes (FID).

El Salvador no está alejado de esta realidad. Las cifras de la Asociación Salvadoreña de Diabéticos (Asadi) evocan reflexión. Son más de 800 mil personas —registradas— que se someten a procedimientos reactivos en la red de hospitales nacionales. Estos, en la mayoría de los casos, llegan en el peor de los momentos, porque no se ha logrado un verdadero examen de conciencia individual y colectivo de lo que representa esta alteración sanitaria.

Al visitar la Unidad de Endocrinología del Hospital Rosales el panorama no difiere al de otras áreas de especialización médica. Los pacientes llegan con el enigma de la diabetes. "Se me ha subido la azúcar" es una frase cliché que encierra desconocimiento y, por desgracia, resignación.

Uno de los primeros médicos endocrinólogos del país, Roberto Cerritos, hoy lidera desde la Asadi y su práctica cotidiana en el Rosales muchos de los esfuerzos para revertir esta adversa situación. Él considera que más allá del abandono estatal en recursos, formación médica y fármacos —aspecto igual de preocupante—, en lo que se debe de profundizar es en cimentar una mejor relación informativa entre los entes de salud y la población para disminuir las cifras de este péndulo que a nivel mundial arrastra a hombres y mujeres entre los 40 y 60 años de edad, en promedio.

"Tratar la diabetes no es solo enfocarse en el azúcar. Este es el error que históricamente se ha cometido en el país porque lo más fácil es recetar insulina todos los días. Y esto es fruto de una lógica paliativa que no ayuda a la ciudadanía, la cual lamentablemente no se educa y hace que perdure el círculo vicioso de la enfermedad", reflexionó el facultativo.

Para poner en contexto la situación, Cerritos recordó que todas las naciones, sin importar su nivel de desarrollo, están sufriendo el impacto de la diabetes, que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras instituciones relacionadas ya es considerada una pandemia.

¿Por qué esta conclusión? La respuesta está clara para Cerritos: el diabético carga una enfermedad madre, es decir que de ella se originan otras afecciones como retinopatías, problemas coronarios, nefropatías, neuropatías y pie diabético, algo que en el principal nosocomio estatal del país abarca las camas de todas las especialidades médicas.

"Las personas con diabetes tipo uno mueren si no tienen insulina, pero con las que tienen tipo dos pueden pasar muchos años sin diagnosticar. Lo peor es que al no saberla controlar se generan graves complicaciones y muertes prematuras, por lo que para un control eficaz se necesita la colaboración entre la persona y los profesionales sanitarios", agregó el especialista, quien también dirige la Unidad de Endocrinología del más antiguo de los hospitales salvadoreños.

Faltan especialistas

Otro punto que enmaraña el tema diabético es la falta de especialistas (endocrinólogos) en el país. Estos estudian las glándulas de secreción interna y se demuestra que el abordaje no debe de ser solo desde la medicina interna, mucho menos general.

Por ello, en el país, Cerritos, con un leve respaldo de la Universidad de El Salvador ha formado desde 1984 a un grupo reducido de 30 endocrinólogos. Algunos le han apostado más a la práctica privada y otros lo han acompañado en el proceso de perfeccionamiento de la unidad que preside.

Mientras tanto un gr upo de médicos internistas está apostándole a la endocrinología para continuar su formación. Una de ellas es Claudia Colato, quien afirma que más allá del fuerte componente genético de la patología se deben de impulsar campañas de alimentación saludable y de chequeos preventivos desde la niñez para actuar con mayor determinación.

"Yo veo que lo que genera demasiado ruido es el cáncer de mama y el sida y no es que sean enfermedades secundarias, pero como que el tema de la diabetes es visto casi con naturalidad, como parte de la vida cotidiana. Me opongo a creer eso y deseo que se realicen campañas para que se pueda comer mejor y que los pacientes nos visiten a tiempo. Eso funciona mejor que la insulina", reflexionó Colato.

Hay que subrayar que los profesionales consultados exhortan a la población a consumir harinas integrales, lípidos (legumbres) y proteína, de preferencia magra, porque reduce el impacto que tiene la comida en la glucosa.

Además consideraron que se deben disminuir las vulnerabilidades sociales como el acceso a la salud, el exceso de calorías y una dieta pobre y, sobre todo, generar un estado de bienestar con ejercicio físico y nulos hábitos insaludables como fumar y beber.