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Casa Kravetz marca un nuevo estilo arquitectónico

El nuevo edificio de la Escuela Mónica Herrera sobresale por su evolución y tecnología

Juan José Morales tendencias@eldiariodehoy.com Lunes, 19 de Noviembre de 2012

Un viejo enunciado afirma que la belleza arquitectónica consiste en la relación directa entre un edificio y su finalidad. Pero este criterio debe ir complementado con la elegancia del sistema constructivo y el equilibrio de los elementos urbanísticos del entorno.

Así, la Casa Kravetz, en el corazón del centro histórico de Santa Tecla, es una de las muestras contemporáneas de cómo en El Salvador se están asimilando los nuevos criterios del diseño, con los que se aprovecha al máximo el espacio y condiciones como la iluminación natural, los flujos del aire y el clima.

Lo más interesante de la propuesta es que con su modernidad complementa la belleza de la antigua Casa Kravetz, un espacio de inspiración neocolonial de más de cien años de antigüedad que ha sido testigo del pasado cafetalero de la ciudad y su próspero presente.

Milton Amaya, el arquitecto salvadoreño que trazó múltiples bocetos para su edificación, afirma que la principal característica del inmueble es su tecnología bioclimática, que permite disminuir los impactos ambientales para reducir el consumo energético.

Pero esta idea rectora va acompañada, según Amaya, de diferentes esquemas que permiten crear un ambiente dinámico, como por ejemplo sistemas de iluminación natural, lámparas de inducción LDV y capas de aislamiento térmico.

"Buscamos encontrar el máximo nivel de confort sin aumentar el presupuesto. Pero esto solo es posible cuando previamente se ha pensado de forma inteligente el edificio, analizando las fortalezas del entorno y ubicándolo en una posición favorable", enfatizó.

Es de subrayar que durante el día los domos prismáticos brindan una iluminación natural en todo el recinto que en su segunda planta posee una amplia entrada de luz con protección ultravioleta sobre el área vestibular.

¿Y cómo se enfría en días de calor? Para Amaya, el aire acondicionado es parte del pasado porque favorece a que se desarrolle el síndrome del edificio enfermo y a que los costos de mantenimiento aumenten. En compensación se instalaron seis bioclimatizadores de tecnología Breezair, que evaporan el agua para producir aire fresco y reducir la temperatura ambiente entre 10 y 12 grados centígrados.

"Nuestro espacio es dinámico y creemos que de la sensación de movimiento debe verse y sentirse hasta en la última columna y detalle. Pero esto no puede reñir con la comodidad y, por ende, el clima interior es vital", explicó Amaya.

Para el profesional, la Casa Kravetz no solo es una edificación para fomentar el aprendizaje en la comunidad estudiantil de la Escuela de Comunicaciones Mónica Herrera. También busca armonizar con otros espacios de gran valor de la ciudad tecleña, como la basílica El Carmen y la iglesia del colegio Santa Cecilia. Por ello, desde su interior, a través de sus sifones, se pueden apreciar diversas vistas, las cuales empujan la creatividad y las actitudes positivas de los alumnos.

Otro elemento de su interior son las puertas que cuentan con dinteles (marcos) superiores al estándar para maximizar la verticalidad del volumen interno, acompañado de un piso que ayuda a maximizar las condiciones de luminosidad que generan los prismas y los focos fluorescentes sin electrodos.

No menos importante es "la segunda piel" del edificio, una fachada de madera de bosque renovable que representa interacción con el casco urbano con sus 42 sifones aleatorios y que construyen una elevación de menor a mayor para regalarle monumentalidad a un edificio de regular altura.

Amaya recordó que en cada particularidad se plasmó una lógica simétrica para evitar aspectos disonantes, algo que favorecerá posibles mejoras para que la Casa Kravetz continúe como modelo de nueva arquitectura salvadoreña.