José Ruales, OMS-OPS: "Los perjuicios no solo son mentales, también sociales"

El especialista destacó que es necesaria una mejor salud mental para evitar las complicaciones físicas.

José Ruales, representante de la Organización Panamericana de Salud (OPS). Foto EDH / lissette monterrosa

La Organización Mundial de la Salud (OMS) es clara. Los trastornos mentales y neurológicos representan el 14 por ciento de la carga universal de enfermedades, algo reflejado en un 25 por ciento de las personas que padecen problemas de comportamiento a lo largo de su vida.

El Salvador no es extraño a esta realidad, algo que refuerza el representante de la OMS en el país, José Ruales, quien agrega que aunque se descentralizó el modelo de atención siquiátrica y se mejoró en la producción de fármacos relacionados todavía hay que mejorar las determinantes sociales de la salud y formar más especialistas en enfermedades mentales, entre otros elementos.

¿Cómo ha cambiado en las últimas décadas el concepto lineal de salud para dar paso a la incorporación de la "higiene mental"?

—Siempre se ha dicho que la salud es un trinomio fisico-sico-social. Pero las últimas manifestaciones en todos los países del mundo nos demuestran que desde hace varias décadas el ser humano vive con menor plenitud. El centro de esta problemática es la salud y la lucidez mental, evidenciada sobre todo en la depresión, un mal que sufren más de 350 millones de personas.

La cifra alarma, pero ¿qué estimula este auge?

—Hay que considerar que la población, por lo general, va al médico porque siente algo. Pero esta falta de prevención también se traslada al nivel mental. Tristeza, desesperación y angustia no siempre deben analizarse como sentimientos cotidianos o normales. Y es ahí donde se debe de amarrar la siquiatría con las condiciones objetivas de la salud, las cuales no siempre son satisfechas.

Entonces no solo es a nivel sanitario porque ¿qué tanto es válido lo que hace el psiquiatra cuando la violencia, el caos social y el costo de la vida derriban esa labor?

—Lo que sucede en este caso es que la comunidad y el individuo abandonan su papel. Además en sociedades muy desarrolladas y poco inseguras también se presenta un déficit de salud mental, con casos muy diferentes y a veces esporádicos, pero reales. Por ello hay que abrirse a la descentralización de los servicios, que no solo sea el hospital psiquiátrico —en Soyapango— el que brinde atención. Y eso, satisfactoriamente, ya se está dando. Solo falta subir el presupuesto de salud mental ya que aun sigue siendo inferior a un dos por ciento.

¿Cómo infiere la depresión, la ansiedad y las otras enfermedades mentales en la calidad de vida?

—Determina la existencia; sin duda, la cotidianidad. Y los perjuicios no solo son mentales, también sociales, porque el salvadoreño tristemente se refugia en otras salidas, llámese alcohol, drogas o estupefacientes. Hay que darle vuelta a esta visión negativa.

¿Qué debe hacer el salvadoreño para alanzar la salud mental?

—Reflexionar todos los días sobre su papel social, visitar regularmente al especialista y tratar de llevar una vida más equilibrada y armónica. He ahí las claves.