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El estrés repercute en la salud bucal

El mal hábito de "rechinar" los dientes está relacionado con la tensión emocional o el alto nivel de estrés y ansiedad que maneja la persona

Martes, 11 de Septiembre de 2012

El bruxismo o rechinamiento de dientes es una afección que suele tratarse con especialistas en odontología, pero su origen poco tiene que ver con el cuidado bucal de una persona.

Según especialistas en neurología, la principal causa del padecimiento son las tensiones emocionales como la ansiedad o el estrés, ya que en ese estado una persona puede producir altas descargas de la hormona cortisona, la cual modifica el organismo.

"La cortisona u hormona del estrés que produce cambios en el sistema inmunológico, metabólico, lo que desencadena un desequilibrio entre sustancias pro inflamatorias y antiinflamatorias", explicó el neurólogo Antonio Martínez, de Stress Center.

En este sentido las personas reaccionan ante una situación proinflamatoria, es decir que los efectos secundarios del estrés producirán inflamación en diferentes órganos del cuerpo, desatando las "itis" : colitis, gastritis y artritis, entre otras.

En el caso del bruxismo la persona presenta inflamación en la articulación temporomandibular, aseguró Martínez. Y agregó que en este problema también intervienen las hormonas como la adrenalina y la dopamina, las cuales van modificándose con el estrés, generando otros síntomas como el aumento del dolor, de la contractura y del espasmo.

Sin embargo, además de la cascada de neurotransmisores que el estrés produce en el organismo, los efectos del bruxismo también se reflejan en la cavidad bucal.

"En una etapa inicial la persona solo puede presentar desgaste en las piezas dentales, pero en casos extremos estos pueden aflojarse y presentar fracturas en las que dejan el nervio expuesto", expresó Claudia Meza de Masri, odontóloga y cirujana dental de la Clínica Shalom.

Pero el estrés no es la única causa que puede desencadenar el bruxismo, según Meza, pues los trabajos odontológicos inadecuados, así como la mala oclusión y la falta de piezas dentales contribuyen.

La experta asegura que los rellenos mal puestos, una prótesis alta y un puente removible o una placa alta pueden iniciar a una persona en el padecimiento, debido a que las piezas dentales en buen estado se esfuerzan en casar con dichas "interferencias".

No obstante, Meza reconoce que también existen casos en los que personas cuya dentadura no presenta ninguna anomalía de las ya mencionadas pueden padecer bruxismo, lo cual se debe a que la persona tiene una oclusión inadecuada o mala mordida.

Terapias neurológicas

En cuanto a los tratamientos neurológicos no solo los medicamentos como relajantes musculares o sedantes son los más utilizados, ya que existen novedosas técnicas que alivian el problema, entre ellos el láser de bajo poder que disminuye la inflamación, el dolor y restaura (mitiga el cambio degenerativo de la articulación); también es analgésico y antiinflamatorio.

Otras terapias que se utilizan son las de relajación de electroestimulación y los masajes terapéuticos, los cuales deben ser realizados por expertos que conozcan las zonas adecuadas para propiciar la irrigación sanguínea y producir endorfinas para no lastimar el músculo, detalló Martínez.

En el caso de tener una mala oclusión, la especialista en salud bucal recomendó realizarse radiografías, ya que se debe proceder a "levantar la mordida", pues de no hacerse se pueden llegar a perder piezas dentales.

El procedimiento consta en la colocación de piezas de porcelana en los molares, de esta manera todo lo que se ha perdido en milímetros se levanta. Luego se coloca cerámica al frente para se diseñar la mordida.

Otro consejo es usar la "guarda" o férula oclusal, ya que además de proteger a los dientes despolariza el cerebro rompiendo el mal hábito. "Esto sucede porque el cerebro está acostumbrado a morder de una forma, pero cuando se pone la funda el cerebro reconoce que no es la forma habitual y lo deja de hacer", señaló Meza.

Finalmente hizo énfasis en la importancia de visitar al odontólogo por lo menos dos veces al año.