
La dependencia materna puede ser letal
La figura materna incide en la construcción de la personalidad de un individuo. Una excesiva intromisión podría afectar el desarrollo social y emocional de la persona
"Una madre siempre busca lo mejor para sus hijos". Así reza una frase popular que ha causado eco en el desarrollo de las sociedades. De ahí que la conducta controladora y sobre protectora de una madre reciba el aval para emplearla como mecanismo de crianza. Sin embargo, expertos en ciencias sociales y de comportamiento alertan sobre los efectos adversos que este tipo de conductas pueda causarle al hijo o a la hija, ya que los excesivos cuidados y represiones pueden orillarlos a desarrollar el Síndrome de Mamitis o también conocido como Complejo de Edipo.
No obstante, la experta en psicología Isa Camarena señaló que también existen otros tipos de conductas que forjan la dependencia materna crónica, como los mimos excesivos y la permisividad.
"Este tipo de conductas maternas afectan seriamente el desarrollo pleno del hijo, ya que al obtener todo fácilmente o al no tener límites crean a individuos que en su etapa de infantes son 'berrinchudos' y en su etapa adulta generan conductas egoístas, costándoles establecer relaciones interpersonales, pues su conducta es intolerable, por lo que siempre recurrirán a su madre. Se genera una relación simbiótica en la que el hijo no se puede separar de la madre; aún que lo quiera porque es quien le genera aceptación", argumentó.
Sin embargo, desde la óptica sociológica son otros los factores que han reforzado desde las sociedades antiguas dicho síndrome conductual.
"Se debe recordar que en el proceso de la estabilización de las sociedades la figura materna fue adquiriendo un rol de soporte emocional de la familia, mientras que el padre era un soporte de carácter material. La madre era la que proveía de ropa limpia, comida, de afecto y cuidados. De manera que la influencia cultural que esa división de la vida familiar ha tenido es muy grande", señaló René Rodas, sociólogo catedrático de la Universidad "Dr. José Matías Delgado".
Incluso, agregó que "en pleno siglo de oro en España y América Latina las sociedades tenían más arraigado el machismo, por lo que las mujeres no iban a la escuela, se quedaban en casa y eso significaba atender a los niños. De igual forma las niñas no atendían la escuela y jugaban un papel de soporte maternal, de ahí que el Síndrome de Mamitis se desarrolle con más frecuencia en los hombres, pues aunque en la actualidad la mujer tenga un rol más activo en el desarrollo social, aún se estereotipan las actividades cotidianas, relacionando a las mujeres con los oficios domésticos", puntualizó.
Efectos colaterales
Una personalidad fracturada, una vida social limitada y un alto grado de inmadurez son solo algunos de los problemas que enfrenta una persona con el Síndrome de Mamitis.
El hecho de que una persona haya crecido escuchando lo que tiene que hacer y cómo lo debe de hacer genera una serie de inseguridades en su etapa adulta. Asimismo, imposibilita o limita la capacidad que un individuo tiene para socializar o establecer relaciones amorosas, incluso para cuestionar los argumentos de la madre, aún y cuando no le parezcan, aseguró Camarena.
"Es muy difícil que una persona con 'Mamitis' pueda perseverar en una relación interpersonal o de pareja, ya que su tiempo, atención, intereses y necesidades se centran en su madre, muchas veces la madre no autoriza las relaciones de sus hijos con otras personas, y éstos obedecen. Y si llegan a salir del seno materno y se casan hay una constante comparación con la madre", explicó la psicóloga.
Mientras que para el sociólogo Rodas, otros de los efectos colaterales del Síndrome de Mamitis es la carga emocional que puede experimentar un hijo.
"En muchas ocasiones, las madres buscan llenar un vacío de afecto. El haber atravesado un divorcio o no tener pareja las puede llevar a ejercer control en sus hijos. En este sentido los hijos se sienten con la obligación de incluir a su madre en todos los aspectos de su vida, lo que les coarta la posibilidad de socializar con gente de su edad o de entablar una relación de pareja", señaló Rodas.
Para Camarena, este tipo de carga emocional puede afectar seriamente la vida sentimental del hijo, pues la madre al sentirse desplazada puede incluso llegar al chantaje emocional.
"Este comportamiento es de los más extremos que puede implementar una madre, la cual tiende a victimizarse o en el peor de los casos desarrolla una conducta castrante e impositiva. En este sentido la madre le hace creer al hijo que es por su bien, cuando lo que busca es su propio beneficio", indicó la psicóloga.
Cambio de actitud
Ambos especialistas coinciden en que este tipo de conductas pueden revertirse. En el campo de la sociología una opción viable es contar con una figura paternal más activa, y no contribuir a estereotipar las responsabilidades cotidianas por el género.
"Lo ideal es que los papás intervengan en el proceso de crecimiento de los hijos . Un primer paso es que realicen las funciones que generalmente hace la madre, como vestir a los niños o darles de comer. Esto generará un nuevo vínculo sentimental. Asimismo, desde pequeños se les debe respetar su espacio para socializar con gente de su edad", señaló Rodas.
Otra opción para erradicar la Mamitis en la etapa de la adultez es acudir a terapias psicológicas. "En la psicología se recomienda trabajar en el 'ciclo de la experiencia' para que el paciente tome conciencia de cómo hace sus contactos 'unión y separación'. Y que identifique maneras creativas para relacionarse efectivamente con su madre, reconociéndose como un ser independiente con sus propios recursos para ser feliz", puntualizó Camarena.

