El tabaco y su doble adicción

Los fumadores desarrollan adicción física y psicológica. La ansiedad y el deseo de relajación son potentes factores para crearse el hábito, a veces mortal

La ansiedad, el deseo de encontrar un poco de calma o una pequeña "ayudadita" contra el estrés del trabajo son algunas de las principales causas que contribuyen a desarrollar el hábito de fumar, a pesar de que la mayoría de fumadores conocen, en mayor o menor medida, los severos daños que causa.

La aferración a un acto que se sabe es dañino para la salud se da debido a una adicción que incluye mente y cuerpo, explican especialistas.

La adicción psicológica suele ser la más fuerte de las dos, y es la que motiva a muchos adolescentes a iniciar con el hábito y a la mayoría de adultos a mantenerlo.

El consumo de tabaco es justificado por los mismos fumadores como una forma de calmar la ansiedad, el estrés y los nervios causados por las actividades diarias.

"Se han detectado alrededor de 500 sustancias químicas dentro de los cigarrillos, de las cuales unas 100 son cancerígenas. La que provoca mayor adicción es la nicotina porque se encarga de dilatar los vasos del sistema nervioso y esto produce un efecto de relajación y bienestar, en algunas personas tiene otros síntomas como sudoración de las manos", explica Fidel Campos, oncólogo radioterapeuta del Centro Internacional de Cáncer.

La nicotina se absorbe por la cavidad oral y se expande por todo el trayecto gastrointestinal hasta alojarse en la sangre.

"Cada organismo reacciona diferente al humo del cigarro, en muchos puede despertar un estado de alerta, temblor y hasta nauseas. Con el paso del tiempo el cuerpo va desarrollando cierta tolerancia a las sustancias y muchos de los síntomas pasan inadvertidos", describe Campos.

Cuando se mantiene el hábito de fumar por algún tiempo el organismo se acostumbra a la nicotina. Pero cuando intenta abandonar el vicio la persona puede experimentar ansiedad, irritabilidad, dolor de cabeza, hambre y deseo vehemente por cigarrillos u otras fuentes de nicotina. Estos síntomas alcanzan su punto máximo de 12 a 24 horas después de dejarlo y luego lentamente desaparecen, según explica el sitio especializado en salud MedlinePlus.

La psicóloga Guadalupe de Zaghini explica una adicción psicológica como una conducta en la cual una persona se siente atada a cierto hábito o sustancia, y se le hace muy difícil dejar de consumirlo.

"Hay gente que conecta el cigarro con un momento de bienestar y de sufragar ansiedad. Relacionan el momento de relajación con fumar, y esto viene a alimentar más el círculo de dependencia física y psicológica", describe de Zaghini.

En muchos casos el hábito de fumar se adquiere durante la adolescencia por diversas razones como; querer pertenecer a un grupo social, imitación de personajes que admiran (actores de cine, cantantes), querer diferenciarse del grupo familiar, entre otras.

"Después de un tiempo de hacerlo (fumar) se crea el hábito, y generalmente se asocia a otras actividades como después de comer, antes de ir al baño, cuando se bebe alcohol, cuando se está con determinadas personas, etc.", dice la psicóloga.

A pesar de que actualmente existe mucha información disponible sobre los daños del tabaco, pareciera ser que no cala en los fumadores. "La mayoría saben que fumar les hace daño pero muchos no han hecho una verdadera conciencia de ello o viven en una negación de su adicción, y aquí se combina la dependencia psicológica y física", dice de Zaghini.

Las posibilidades de padecer algún tipo de cáncer provocado por el cigarro se multiplican con los años. Aunque el riesgo disminuye cuando se abandona el hábito, nunca vuelve a ser igual al de un no fumador. "Si comienza a fumar, el riesgo no se lo va a quitar nunca", advierte el oncólogo Fidel Campos.

Cambiar los hábitos

Para abandonar el tabaco existen diversos mecanismos, pero el único indispensable es que el fumador acepte y se comprometa a querer hacerlo. Ninguna terapia funcionará si la persona realmente no está dispuesta a hacerlo.

Especialistas recomiendan a quienes desean dejar el vicio identificar las sensaciones físicas, pensamientos y emociones que aparecen justo antes de querer fumar. "Si uno se siente muy ansioso por tener algo en la mano o la boca puede buscar actividades para mantenerlas ocupadas, como mascar chicle, un dulce, tomar algo, o hacer manualidades", ejemplifica de Zaghini.

Para romper con la conexión mental entre el cigarro y los momentos de relajación la psicóloga recomienda cambiar la rutina, por ejemplo, alejarse del lugar donde se fumaba después de comer o hacerlo en otro sitio.

"Como el cigarro se mira como una 'recompensa', es muy práctico buscar otros mecanismos de gratificación, y lo mejor es sustituirlo por un hábito saludable", ejemplifica de Zaghini. "La clave es buscar cuáles son las raíces que nos provocan ansiedad, que no es igual para todos los casos", agrega.

El camino por excelencia contra la ansiedad es el ejercicio y la actividad física, además de ayudar a liberar estrés le dará la sensación de bienestar y mayor energía.

En casos de profunda dependencia al cigarro lo mejor es buscar ayuda profesional psicológica y médica.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el tabaco mata hasta la mitad de los fumadores. Sin embargo, se consume habitualmente en todo el mundo debido a que se vende a bajo precio, se comercializa de forma agresiva, no se toma conciencia sobre los peligros que entraña y las políticas públicas contra su consumo son incoherentes.

El tabaquismo es un alto factor de riesgo para una gran diversidad de tipos de cáncer.

Además del cáncer de pulmón, influye en el desarrollo en otras partes del cuerpo como boca, garganta, fosas nasales, lengua, encías, vejiga, páncreas y en menor grado, en el colon y los pechos.