Estudio asocia golpes en la cabeza y pesticidas al Parkinson

Se estima que cada año se le diagnostica esta enfermedad a entre 50,000 y 60,000 adultos mayores en EE.UU

Una lesión grave en la cabeza aunada a una manipulación de pesticidas podría incidir en padecer Parkinson. Foto Reuters

Un estudio sugiere que una lesión de cabeza grave en el pasado y la manipulación de pesticidas es una combinación que estaría asociada con un riesgo muy alto de desarrollar la enfermedad de Parkinson.

Los resultados no prueban que haber quedado inconsciente o estar expuesto a ciertas sustancias químicas cause Parkinson, un trastorno crónico del movimiento y la coordinación.

Pero coinciden con estudios previos que habían asociado el traumatismo craneal y ciertas toxinas, junto con un antecedente familiar y otras exposiciones ambientales, a padecer la enfermedad.

"Estamos empezando a descubrir que no existe un único disparador del Parkinson", dijo el doctor James Bower, neurólogo de la Clínica Mayo de Rochester, Minnesota, y que no participó del nuevo estudio. "Existirían múltiples vías de aparición del Parkinson".

Así, el experto puso como ejemplo que algunas personas genéticamente predispuestas necesitarían una única "agresión ambiental", como un golpe en la cabeza, para desarrollar Parkinson. Otras que no sean naturalmente susceptibles al trastorno, podrían desarrollarlo sólo después de varias agresiones.

El traumatismo craneoencefálico y el contacto con pesticidas "no estarían directamente asociados y serían dos factores de tensión independientes", explicó por correo electrónico el neurólogo David Sulzer, de la Universidad de Columbia y que no participó del estudio.

La Fundación Nacional del Parkinson estima que cada año se les diagnostica Parkinson en Estados Unidos a entre 50.000 y 60.000 adultos mayores.

El equipo de Pei-Chen Lee, de la Universidad de California, en Los Ángeles, comparó a 357 personas con Parkinson recién diagnosticado con una muestra representativa de 754 personas sin el síndrome como grupo control. Todos vivían en la zona central de California, que es una región agrícola.

A todos se les preguntó si alguna vez habían sufrido un traumatismo de cabeza con pérdida de consciencia durante por lo menos cinco minutos. El equipo utilizó sus lugares de trabajo y residencia para determinar su proximidad a las fumigaciones con pesticidas desde 1974.