Antonio Bonilla: "Uno se cansa de la realidad social que está viviendo..."

El pintor y muralista tiene una exhibición en el restaurante-bar La Ventana. La muestra estará abierta hasta el próximo 31 de julio. Aprovechamos la ocasión y hablamos con él

El artista realizó en 2011 y 2012 dos murales. Uno para el Bicentenario (Muna) y otro para los 20 años de los Acuerdos de Paz (CIFCO). fotos edh / mario amaya

Tiene un aire a Charles Bukowski y al igual que el escritor, Antonio Bonilla no se toma la vida en serio. La vive día a día.

¿A quién de sus viejos colegas le hubiese gustado ver en esta exposición?

Ah, me hubiese gustado ver a mi amigo pintor, Manuel Elías. También a García Ponce, Miguel Ángel Polanco. Conviví tanto con estos amigos.

Y a la hora de tallarse el mote de "representante del feísmo", ¿usted cómo se siente..?

Yo no me lo tomo tan en serio. Hay contextos que se pierden. Eso lo escribió Francisco Hasbún. En épocas de crisis surgen obras o un tipo de arte que no es agradable y en ese esquema [contexto] lo dice Francisco. Realmente, yo tengo diferente tipo de obras. Estas obras, por ejemplo, son divertimentos. Son surrealistas, simbólicos y todos van hacia una sensualidad, un erotismo.

Centrémonos en ese mote de "representante del feísmo". ¿Cómo fue surgiendo ese tipo de obra?

No fui yo quien empezó con esto. Antes estaban Armando Solís, García Ponce, el maestro Carlos Cañas. Sobre todo eran dibujos, series de prostitutas, hospitales. Fue cuando vine de México en la década de 1980 con un trabajo de ironía, angustia. Fue en 1984 cuando empecé con esto y empezó a marcar esta cuestión. ¿Cómo voy a expresar la guerra?, me pregunté. Pues con sufrimiento a través de un arte diferente, me dije.

¿De dónde sale esa capacidad de fusionar las figuras amorfas, el humor negro, la denuncia social y la sexualidad?

De la lectura, del cine, de la observación, de la imaginación. El arte de decir cosas está en la imaginación.

Desde el feísmo, ¿nunca pensó que podía estar cayendo en una fórmula?

No. La gente conoce muy poco mi obra. Por ejemplo: la pintura de hace tres años es muy diferente. No es una obra contestaria, social. Lo único es que siempre va fuera de la realidad. Lo que debería hacer la gente es aproximarse a la obra y tratar de entenderla.

¿Y ahora qué preocupaciones quiere reflejar en su obra?

La imaginación. Es que uno se cansa de la realidad social que está viviendo y expresarla [al mismo tiempo]. Y es que claro: venir de los años 80 expresando eso, pues llega una especie de cansancio. No niego que a veces tengo necesidad de pintarla. George Grosz (pintor alemán) fue muy contestatario con sus dibujos en la época nazi, pero él también dijo que estaba cansado de ser el cronista de su tiempo. El asunto es que en lo que más he sido conocido y en lo que más se ha fijado la gente es en mi obra contestataria. Las últimas obras que tienen contenido social son las que hice para el Bicentenario y la celebración de los 20 años de los Acuerdos de Paz. (Son dos murales).

Ya llegaremos a los murales. Oiga, ¿y qué papel ha jugado el alcohol en su obra?

[Ríe desmesuradamente] Siempre me preguntan eso. El alcohol ha sido una bohemia. Realmente nunca he caído en eso. Tomo, he hecho relajo y todo eso, pero en mi obra no interfiere, porque cuando yo pinto estoy lo más sobrio posible. El buen trabajo es cuando uno está sobrio.

Según sus propias palabras lo han echado de varios lugares. ¿Alguno que haya sido memorable?

[Ríe] Me echaron de la embajada de Francia en México. Me emborraché y me peleé con los guardias franceses. Eso sí que fue memorable.

La bohemia en su generación también significaba una postura política, pero ahora en estos tiempos...

No funciona. La bohemia de nosotros era una bohemia de platicar, intercambiar ideas, enriquecernos con el intercambio. Ahí estaba Camilo Minero que fue nuestro gran maestro. Y uno a través de esta bohemia aprendía. Ahora todo está más particularizado, más de grupo. Conozco poco a los pintores jóvenes.

¿Y qué opinión tiene de la obra de estos pintores jóvenes que ha conocido?

He visto que hay una buena pintura. No estoy de acuerdo con esas nuevas modas del arte conceptual, contemporáneo. Algunas cosas son interesantes, pero terminan en lo particular y dejan de interesarme, porque en la época en la que yo empecé, también hacía esas cosas. Con García Ponce hacíamos arte conceptual y arte-objeto. Yo tenía intencionalidad política al hacer esas cosas. O sea: decir algo a través del arte.

¿Qué concepto tiene sobre el arte contemporáneo: le gusta, no le gusta o le da igual?

Cada generación busca su rumbo. Cuando estás joven hacés ciertas cosas, pero con el transcurso del tiempo vas variando.

Su formación artística es interesante porque no fue académica-universitaria...

Lo mío fue autodidacta. Desde pequeño me gustó el arte. Tenía un grupo de amigos a los que también les gustaba el arte y empezamos a leer, al punto que hicimos una muestra. Me metí en el dibujo y a leer mucho, pero sobre todo, a ver.

¿Cómo fue esa relación con la gente que le hubiese gustado que esté en esta exposición?

Pura camaradería, sobre todo con Camilo Minero. A don Carlos Cañas lo conocí cuando tenía 15 años. Le llevaba mis pinturas a la Universidad Nacional y él me las miraba y todo. Hasta que un día me dijo: "Si usted no hace lo que yo le digo, ¿para qué viene?". Está bueno, le dije yo y ya no volví. Fuimos varios pintores. Nos llamaban "Los Escandalosos", porque nos metíamos tremendas borracheras hasta que terminábamos bailando en la mesa. Estuve viendo lo último que se hace en Europa, tienen mucho ingenio en lo que hacen. También mucha tecnología. Como te digo, creo que son ingeniosas, pero siento que le hace falta ese ingrediente de locura. O sea: de lo que es el arte, una cuestión humana.

Si no me equivoco, "El rey culo" estuvo aquí en La Ventana...

No, está en colección privada. Es un cuadro que me gustó mucho. Tiene un mensaje que la gente no entiende: todos somos rey culo, porque otro le pone pie a otro y así sucesivamente. Ese concepto me gusta mucho, también me gustó cómo me quedó técnicamente. Creo que solo cuatro o cinco colores utilicé.

¿Y qué opinión tiene sobre los críticos y curadores de arte?

[Vuelve a reír] Tienen su opinión, pero realmente no comparto la idea de la curaduría. El crítico de arte... He leído estudios sobre arte y son estudios que profundizan en la obra, no se quedan alabando determinada tendencia. El que es crítico de arte escribe en una forma tan abstracta que la gente no lo comprende.

¿Y usted para quién pinta?

Pinto para mí. Siempre he querido pintar para mí. Cuando decidí ser pintor, decidí vivir de la pintura, independientemente de lo que pintara.

¿Y vive de la pintura tal y como lo dice?

Bueno, a veces he vivido mal, peor y bien.

Lo vimos saltar a escena con dos murales muy importantes hechos por usted. ¿Fue como volver a los viejos tiempos?

Ummm, no. Yo tuve una retrospectiva en la Sala Nacional de Exposiciones, "Salarrué" (diciembre 2010) mientras estaba el secretario de Cultura, Héctor Samour. Él vio las obras en grandes dimensiones. Vio obras que venían de la época de la guerra. Entonces, ahí se le ocurrió a él que yo podía hacer el mural. Una de las condiciones que le puse es que yo no iba a presentar un proyecto.

¿Qué quiere decir eso?

Pues nada, que confiaran en mí. O sea, trabajar sin bocetos.

¿Y a qué se debió eso?

Es que prácticamente no dibujo, pinto directo. Tenía un concepto general de la historia y voy creando en el mismo momento de pintar. Lo mismo sucedió con el mural de los 20 años de los Acuerdos de Paz. En ese momento me alejé de la guerra y utilicé el elemento religioso. Quizás alguna gente quería ver masacres o qué sé yo, pero no.

Y mencionando a la gente, esta empezó a decir que se ha vuelto el pintor del oficialismo. ¿Cómo toma esto?

La verdad es que no es cierto. Todo fue una casualidad: expuse en el momento en que [Héctor Samour] estaba. Cuando el presidente Funes vio el mural del Muna (Museo Nacional de Antropología) se le ocurrió... [Que Bonilla podía hacer el de los Acuerdos de Paz]. Solo he hecho dos cosas para el oficialismo. De todas formas, no me molesta.

Su obra tiene una fuerte carga sexual fundido con lo religioso. ¿Esa es su manera personal de liberarse o vengarse de algo?

No. Tiene que ver con la imposición que ha tenido la religión sobre la cuestión sexual. No es un trauma personal. Tengo cuadros en los que están tres cosas: la religión, la sexualidad y la cuestión política, o sea, tienen que ver con la represión. La cuestión erótica siempre me ha interesado pintar... Mirá, te esconden un púbis, pero no te esconden que un chamaco está matando. Te esconden unos senos, pero, ¿quién no tuvo una mamá?

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