Apuntes necesarios: Arte contemporáneo de El Salvador en Panamá

Cuando se fueron a la Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano fueron noticia, pero al regresar a El Salvador nadie les preguntó ¿cómo les fue muchachos?

Apuntes necesarios: Arte contemporáneo de El Salvador en Panamá

En Diálogos de otro mundo los cuatro participantes salvadoreños de la Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano hablan de su experiencia en Panamá.

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Fueron a Panamá a representar a El Salvador. Ahora en casa, reflexionan sobre su participación artística y de la necesidad que Centroamérica exista más allá de sus propias fronteras.

Eduardo Lytton, Mauricio Kabistán, Melissa Guevara, Rodrigo Dada, Danny Zavaleta y Luis Cornejo fueron parte de la Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano, conocida también como Bavic 8. Esta se realizó en el Museo de Arte de Panamá.

Cuatro de los seis enviados conversaron con El Diario de Hoy en el Museo de Arte de El Salvador (Marte) para el proyecto "Diálogos de otro mundo". Hay uno más: Eduardo Lyton. Él —residiendo fuera del país— nos otorga su visión de la bienal en formato columna de opinión. También se suma la voz del curador y director de programación de Marte, Rafael Alas.

La guerra civil que vivió El Salvador, la religión desde la experiencia personal, la estética de la imagen de los usuarios en las redes sociales, el proceso de comunicación fracturado por la violencia y sus secuelas en el ser humano, son solo algunos de los temas abordados de la mano de la tecnología por los artistas salvadoreños. Es decir, la vida misma como obra de arte contemporáneo.

"Fuimos un grupo heterogéneo. Cada pieza tenía un encanto particular. Las técnicas fueron diversas", observa Luis Cornejo. "Estamos en buen nivel. A pesar de que no hay una idea que cohesione todas las propuestas, los lenguajes diversos se entendieron muy bien. Eso demuestra la riqueza de las artes visuales en este país", añade Mauricio Kabistán.

"Nuestras piezas son sumamente diferentes, pero nuestra propuesta es plural", enfatiza Danny Zavaleta.

"Para los que esperan que llegue el momento del Arte Salvadoreño, les diré que ya esta aquí", señala Eduardo Lytton desde su columna de opinión.

"La participación de El Salvador esta vez fue mucho más sólida y consistente a pesar de la diversidad", remata el director del Marte, Roberto Galicia.

Bavic 8 no solo fue un espacio de exhibición, también fue de retos. De andar el mismo camino pero en solitario.

"El año pasado participé con una pieza en colectivo. Enfrentarse como artista individual, sola a los demás trabajos de artistas de otros países es muy fuerte", confiesa Melissa Guevara. También Bavic 8 tuvo sus inconvenientes. Involuntarios, por supuesto.

"Hubo un aspecto que no controlábamos y eso juega con la manera en cómo somos percibidos. La sala más completa era la de Guatemala. Ahí eran solo ellos. Eso podría hacer una museografía más intencionada, donde cada obra le daba fuerza a la otra", valora Cornejo.

En total fueron seis salvadoreños los que participaron en Bavic 8. Fueron seleccionados por un jurado centroamericano en la VIII Bienal Promérica de Artes Visuales que se realizó en el Marte en 2012. Dicho jurado estuvo compuesto por Priscilla Monge (artista de Costa Rica), Ronald Morán (artista), Rodolfo Molina (curador). Estos últimos, salvadoreños.

El encuentro en Panamá no solo es una ventana para conocer lo que hacen nuestros vecinos centroamericanos. El espacio también sirve para estimular el debate y el intercambio de ideas. Pero lo más importante es hacer una red de contactos que, más temprano que tarde, sirve para echar a andar los proyectos futuros.

No solo los artistas se benefician de estos acercamientos. Los directores de museos, también.

Galicia cita como ejemplo la presencia —para este año — de las curadoras María José Chavarría y Velia Larcinese. La primera del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo de Costa Rica y la segunda de America Collection de la ciudad Miami.

Lo bueno se puede mejorar, sin duda. La bienal centroamericana pone en un mismo escenario a lo mejor de la región. Pero, visto desde la franja salvadoreña, este esfuerzo necesita trascender, tomando en cuenta que en las últimas ediciones se suprimieron los premios.

Los artistas salvadoreños lamentan que durante su estadía en Panamá no hubo un convivio con los curadores internacionales. Los visitantes del museo tenían más acceso a ellos que los mismos creadores centroamericanos.

Otra debilidad está en las ponencias. En estas debería de haber un experto que hable sobre la pluralidad de obras que se realizan en el país.

"Habría que tener a una persona idónea para que pueda hablar de arte contemporáneo de El Salvador. Creo que eso queda vacío. La gente quiere ver obras fuera de la bienal. Con un disco que entregués se puede mostrar la escena del arte salvadoreño. Crear carpetas virtuales. Hay que aprovechar los espacios para ir más allá de la región", aconseja Zavaleta.

"La Bienal centroamericana está muy regionalizada. Estamos acostumbrados a estar en seis países y ahí nos movemos. Es un formato que funciona para conocernos entre nosotros, pero Centroamérica fuera de Centroamérica no es muy conocida", considera Guevara. Y añade: "No es de ir a exponer, regresarte y se acabó".

"Sería ideal sacar seis artistas que representen a Centroamérica en otras bienales del mundo", recomienda Cornejo. "La plata que se entregaba en premio que se traduzca en otra cosa en beneficio para todos los artistas", agrega Zavaleta.

"Es importante, necesario salir de Centroamérica. Somos una periferia. Mantener la dinámica está bien, pero hay que evolucionar, ir más allá porque si no nos vamos a estancar como región", vaticina Kabistán.

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