Una fotografía de la guerra en 21 años de paz

Tres fotoperiodistas de la guerra junto a dos de El Diario de Hoy hablan de la guerra y la paz

Una fotografía de la guerra en 21 años de paz

En el sofá, tres hombres conversan. Usan imágenes en lugar de palabras. Son los fotoperiodistas de guerra Francisco Campos, Luis Galdámez y Luis "la Muñeca" Romero.

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En el sofá, tres hombres conversan. Usan imágenes en lugar de palabras. Son los fotoperiodistas de guerra Francisco Campos, Luis Galdámez y Luis "la Muñeca" Romero. Son los salvadoreños que le contaron al mundo cómo sus paisanos se mataban entre ellos y de cómo estos —hace 21 años— le dieron un chance a la paz.

Estos jóvenes-viejos, como bautiza Galdámez a sus colegas de aquel momento, retrataban las escenas que vivía el país. Algunas eran tan crudas que debían callar cuando sus mamás les preguntaban qué tal les había ido en el día o qué habían hecho.

En una jornada podían ver entre 15 o 20 cadáveres siendo comidos por los zopilotes. "Era chocante. No dejaba de afectar. Desgraciadamente, cuando pasa el tiempo, uno se va aclimatando y lo ve normal, pero no lo es", dice la Muñeca, Romero.

Estos reporteros gráficos de agencias internacionales se adentraron en aquellos episodios buscando adrenalina, buscando algo que se pusiera a la altura de esa rabiosa juventud. "Éramos jóvenes y comenzamos esto viviendo una aventura. La guerra nos atraía", dice Francisco Campos, ahora un veterano del fotoperiodismo salvadoreño, que cubrió tanto a la insurgencia como al ejército.

Las aventuras también pasan facturas. Estas no terminan de pagarse cuando nacen dentro de una guerra como la que vivió El Salvador. Francisco Campos fue capturado en la calle en 1985. Estuvo encerrado por varios días en instalaciones de la policía del gobierno. Hubo golpes, interrogatorios. La idea de morir pasó por su mente. Fue liberado tras varias protestas de periodistas, estudiantes universitarios y familiares.

"Emocionalmente todos estamos enfermos. No hay una cura que nos pueda borrar los horrores de la guerra: gente partida, descuartizada. Nadie recibió tratamiento tras haber visto tanta tragedia. Nosotros no nos hemos curado", reconoce décadas después, Campos, quien laboró para la Agencia Francesa de Prensa.

La Muñeca, Galdamez y Campos no se consideran víctimas. Saben que su oficio se trata de eso, de riesgos, y que este está sujeto a los errores y a las sorpresas del destino. No son víctimas, pero son una herida ambulante.

Un día antes de que Alfredo Félix Cristiani Burkard llegara a la presidencia e iniciara su gobierno hasta 1994, Luis Galdámez iba en motocicleta con Roberto Navas, también fotoperiodista. En horas de la noche, ambos fueron atacados por el ejército. Navas murió. Galdámez perdió la movilidad de uno de sus brazos: el mismo que le servía para presionar el opturador de su cámara fotográfica.

"Me dispararon por la espalda. En mi proceso personal hago reflexiones y me digo: hay otros peores. No hay que hacer la situación tan dramática", dice Galdámez mientras se aclara la voz con malta y lúpulo. Luego añade: "Mis heridas no están sanadas. Perdí un miembro. En la posguerra las heridas se han vuelto un cáncer".

Galdámez también recuerda que, tras la pérdida de su brazo, todavía le faltaba otra mala noticia: "En la empresa me dijeron: 'usted hasta aquí llega, porque no queremos gente discapacitada'. Yo solo pedí un vaso de agua porque el nudo era grande".

El asesinato de Roberto Navas también tocó a Franciso Campos. El primero era el esposo de una prima suya. Fue el mismo fotoperiodista quien llevó la mala noticia a su familiar.

"Fue una situación triste y lamentable. Me tocó decirle a mi prima que habían matado a su esposo. Ella se volvió loca ahí mismo".

La Ofensiva, la censura y la paz

Con una pequeña ayuda de sus amigos, Galdámez volvió a trabajar. Estaba listo para documentar la guerra.

"Recuerdo que Luis Romero le regaló a Luis Galdámez una camarita Olympus OM-10 y con esa comenzó a tomar fotos, después de un largo tratamiento que duró meses. Siempre he admirado la forma en que Luis superó su vida. Él demostró que podía seguir trabajando en la agencia", reconoce Campos.

"Ya no me acordaba de eso", susurra "la Muñeca" Romero.

En 1989 la insurgencia lanzó su ofensiva. Un momento decisivo llegó para la historia del país. El mundo sería testigo de eso.

"Cuando empecé a trabajar en la agencia, el gringo que me dio el trabajo me dijo: en tus manos queda el gran poder de enseñar al mundo lo que está pasando en El Salvador".

Y así hizo "la Muñeca" Romero. "Si hay un archivo fotográfico de la guerra, ese lo tienen los fotógrafos de las agencias. Las agencias internacionales nos dieron la ventaja a los fotoperiodistas salvadoreños de informar sin ninguna censura", reconoce Campos.

Los medios de El Salvador, durante el conflicto armado, no informaron sobre lo que sucedía en el país, tal como lo hicieron las agencias internacionales. Hubo censura. Uno de ellos sacó su portada en blanco en señal de protesta.

El día 16 de enero de 1992, El Salvador escribía un nuevo capítulo en su historia. Los fusiles callaron. El gobierno de Cristiani y le guerrilla llegaron a un acuerdo. Los fotoperiodistas tienen su visión al respecto. Unos escribían dudas en el futuro:

"¿De qué vamos a trabajar si estamos en este país para cubrir la guerra y esto ya va a terminar?", confiesa a El Diario de Hoy, Luis "la Muñeca" Romero, fotoperiodista de la agencia, AP. Eso fue lo que pensó en aquel momento.

"Para mí el escenario era nuevo. Y hablo desde 1984 con los diálogos de La Palma, Chalatenango, porque ya habíamos vivido un proceso social y político de los años 70. Ese proceso no hay que olvidarlo", recomienda Luis Galdámez quien laboró hasta hace pocos días en la agencia Reuters.

Según Campos, "el presidente de la paz es Duarte, no Alfredo Cristiani, porque Duarte inició el proceso de paz". Los acuerdos de paz son 100 % positivos para la Muñeca, Romero. Y añade: "Ahora se puede pelear políticamente, dándole espacio a la sociedad, a las ideas".

"La sociedad, el gobierno, los antiguos firmantes de la paz deberían reunirse para hacer una valoración exhaustiva y buscar soluciones para la gente que no las tuvo", recomienda Campos, quien también es miembo de los Comandos de Salvamento.

"Estamos en la misma burbuja: migración, economía, el reparto de tierras [aspectos] que en años anteriores generó el conflicto. Me siento como en el principio: sobreviviendo", evalúa Galdámez.

El joven fotoperiodista de El Diario de Hoy, Marvin Recinos compartió con los veteranos del fotoperiodismo de guerra. Es el cuatro invitado en esta conversación.

"He visto el material de estos profesores . Lo que me motivó para encaminarme en el fotoperiodismo fueron sus vivencias. La gente más normal dice que debería alejarme de ese mundo (de peligro, violencia), pero no sé, quizás uno ya viene predestinado".

Revisar todo ese material fotoperiodístico de guerra ha sido toda una escuela para Recinos. "Técnicamente, se pueden aprender miles de cosas. Te quita el miedo a estar cerca de la acción. O sea, a meterte de lleno", añade.

Recinos es un hijo de la posguerra. Retrata a su generación migrando, incorporándose a las pandillas, muerta o siendo custodiada —como en el tiempo de la guerra— por soldados encapuchados, mismos que hacen tareas de seguridad pública que son propias de la policía y no del ejército. De hecho, los acuerdos de paz veta en ese sentido a los verde olivo.

"Antes sabías que existían dos bandos. Ahora no sabés de dónde te puede venir [el peligro]. Veo a esta sociedad muy violenta. Me atrevo a decir que somos más vulnerables que en la época del conflicto", reflexiona Recinos.

En la fografía, Recinos se ve como "un joven atrevido que quiere abrirse espacio en este mundo", pero "siento que hay demasiada inseguridad y eso limita tu trabajo. No podés andar tranquilo haciéndolo".

Con guerra o sin ella, estos fotoperiodistas siguen con su trabajo, siguen siendo vulnerables como cualquier persona. Salvo que ellos tienen una cámara y, con ella, ganan confianza.

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