De mujeres artistas que van por otros caminos contemporáneos

Desde el arte contemporáneo —y distintas disciplinas— cuatro mujeres salvadoreñas nos otorgan su punto de vista sobre el camino que cada una de ellas ha recorrido. Todas tienen un punto en común: se han salido del molde establecido

El arte y la mujer salvadoreña contemporánea

Cuatro salvadoreñas nos otorgan su punto de vista sobre el camido que cada una ha recorrido. Todas tienen un punto en común: se han salido del molde establecido.

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Ni débiles ni sumisas ni tradicionales. Conocieron el camino únicamente para desandarlo y se forjaron uno a la medida de ellas. Son artistas de diferentes disciplinas de las artes plásticas. Ellas son —en orden alfabético— Alexia Miranda (performance, es decir, pieza artística en vivo), Claudia Olmedo (diseñadora profesional / artista digital), Ana Beatriz Deleón (escultora) y Melissa Guevara (ceramista). Todas son voces del arte contemporáneo.

En esta quinta edición de "Diálogos de otro mundo" reunimos a estas voces femeninas para hablar de su tránsito artístico en este país y de cómo les ha ido con sus creaciones que rompen lo tradicional y buscan nuevos lenguajes de expresión.

"Soy una artista digital", dice Claudia Olmedo en una de las salas del Museo de Arte de El Salvador (Marte).

Olmedo fue becada por la Cooperación Española y se profesionalizó en diseño. Su escenario de acción son las nuevas herramientas tecnológicas.

"Exploro la relación del ser humano con la tecnología con una nueva mirada. De cómo el pixel como lenguaje creativo, la luz y la proyección transforman el espacio en que vivimos y nos hacen tener diferentes experiencias. Para mí, como diseñadora y publicista, es interesante ver cómo estos puntos se confluyen para ver al final cómo el ser humano reacciona ante estos estímulos mediáticos".

En un país con mucho analfabetismo digital (sin acceso a Internet. O teniéndolo, sin la capacidad de crear información, interactuar en redes sociales o disfrutar contenidos multimedia) es difícil para el artista lograr conexión y comprensión con el público. Lo cotidiano y los beneficios de la telefonía móvil, para Olmedo, es un punto en contra para la obra digital.

"En el terreno del arte digital me he sentido sola y quizás por la misma situación del país: no hay mucha investigación en tecnología, en trabajos con circuitos, en trabajos en la proyección interactiva, en la programación como lenguaje creativo. Creo que esta es una área que la gente no la toma en serio. Quizás por considerarlo un arte muy industrial o quizás porque es muy palpable en la vida diaria en la interacción de los teléfonos [celulares]".

Olmedo confiesa que su profesionalización artística "ha sido una exploración bastante solitaria", pero eso no lo ve mal, porque le ha otorgado un insumo valioso: la libertad.

"Nunca me he sentido condicionada por ningún mercado del arte. La obra ha llegado por sí sola".

Pareciera que profesionalizarse en el exterior y regresar a El Salvador es convertirse en una voz que clama en el desierto. La artista performática, Alexia Miranda tuvo una experiencia similar tras regresar de México. Ella tuvo que esperar una temporada para que sus piezas artísticas tuvieran un espacio dentro de un museo.

"Vine de México en 2001 y me vi en la necesidad de trabajar con otro lenguaje que nadie estaba trabajando. Mis piezas de performance las metían en los teatros con las compañías de danza porque era imposible que en una galería se mostrara una pieza de performance. La primera vez que lo logré fue en el año 2002 y fue en una bienal sin ninguna condición de equipo", recuerda Miranda.

Miranda realiza sus piezas artísticas en directo. Las registra a través de videos y fotografías. La obra se vuelve como la vida misma: un instante que no vuelve a pasar. Es única. Los espacios que exponen creaciones artísticas tienden a discriminar este tipo de disciplina. ¿La razón? La falta de oxigeno internacional sobre arte contemporáneo:

"Lo bueno que ha tenido este país —y en su momento ha habido más de eso, pero ahora ya no— fue un importante flujo de curadores internacionales y creo que eso potencializó la producción contemporánea de cierta generación. El Centro Cultural de España tuvo un programa que aún los artistas demandamos. Se llamaba "Curando Latinoamérica".

Quienes también han ido contracorriente han sido las artistas Melissa Guevara y Ana Beatriz Deleón. La primera (ceramista) tuvo discrepancias con sus tutores de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de El Salvador: "tuve una formación muy tradicional: un profesor japonés que tiene una visión muy ritualista de la cerámica. Todo era un ritual y tenía que estar perfecto". Pero el tiempo le puso otro tipo de docente: "Él decía que la cerámica primero era ciencia, técnica y después arte. Me gustó mucho esa visión". Y de ahí, Guevara puso en segundo plano lo aprendido para forjarse un nuevo ángulo sobre su oficio: "me llamó la atención como estudiante que la gente que trabaja cerámica estaba enamorada de la técnica. Y a mí me encanta, pero eso te atrapa tanto que no cuestionás tu propio medio y ya no ves la cerámica como un medio, sino como un absoluto. Entonces empecé a cuestionar el medio en el que yo trabajaba".

Lo efímero del arte contemporáneo

Alexia Miranda, Ana Beatriz de León, Claudia Olmedo y Melissa Guevara tienen algo en común: en algún momento han realizado una obra efímera (no permanece como objeto conservable, ejemplo: una pintura tradicional), pero esta si deja huellas emocionales, espirituales y estéticas. Este tipo de disciplina no deja de tener sus detractores, pero Deleón explica del porqué de esas valoraciones superficiales:

"Aquí no estamos acostumbrados a valorizar el proceso de la creación de la obra. Lo interesante del arte efímero es el mismo proceso de creación, no el objeto final. Podemos tener una pieza de hielo que en dos horas ya no existirá, sin embargo, el artista tuvo un proceso de creación mucho antes que el objeto mismo. El arte no es el objeto final, es todo el proceso".

"Yo sí estoy convencida de que los artistas que estamos trabajando con el arte efímero como medio intangible si hemos sufrido conflictos, pero es en estos conflictos en los que una se las ingenia para resolver cómo hacer de lo intangible algo rentable", reflexiona Miranda sobre la difícil apuesta que existe por esta rama del arte contemporáneo.

"Aquí hay capacidad para investigación, pero siempre se sigue haciendo lo mismo en los mismos lenguajes, en los mismos códigos cuando aquí hay gente que tiene capacidad para hacer otro tipo de propuestas", añade Olmedo.

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