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Egly Larreynaga: "Con estas mujeres aprendí que las historias están en la calle"

La directora de La Cachada Teatro habla de la joven compañía, formada por vendedoras de la calle, quienes llevan sus historias a las tablas.

Tomás Andréu Twitter: @tomazs_andreu Martes, 4 de Septiembre de 2012

Viven en un país que tiene nombre de héroe, pero él no puede salvarlas de nada, menos la sociedad que lo habita. Han recibido golpes, vejaciones, insultos, descriminaciones, chaparrones, "asoleadas". Son vendedoras de la calle y gracias a su actual directora llevaran sus historias al teatro. Se hacen llamar La Cachada Teatro. Las dirige la actriz y directora escénica Egly Larreynaga y ella nos habla sobre este proyecto.

¿Cómo llegó usted a la dura realidad que viven las mujeres que forman La Cachada Teatro?

—Hay un libro que se llama "Las mujeres que nadie amó" (Juan José Martínez / Boanerges Guevara Sorto) y quizás todo empezó a partir de ahí. Yo quería ofrecer un curso de teatro y me acerqué al Cinde (Centros Infantiles de Desarrollo) y le conté a las mujeres de ahí que iba a dar un curso de teatro y les dije que se la iban a pasar bien, que podían contar sus historias porque era importante darlas a conocer. Y así, poco a poco las fui convenciendo (...) en los ensayos me di cuenta que eran mujeres muy dañadas.

Las integrantes de La Cachada Teatro únicamente han visto dos obras de teatro en su vida y fue gracias a usted. ¿Cómo fue trabajar con ellas teniendo esta carencia, cómo solventó ese vacío?

—Pues al principio llegaba y les contaba lo que el teatro era, lo importante que podía ser en sus vidas y que podíamos contar muchas cosas. Entonces les ponía ejemplos que a veces yo misma hacía. También hacía referencias a la tele y empecé con muchos ejercicios teatrales que ellas al hacerlos iban entendiendo poco a poco la dinámica de teatro.

¿Cómo surge el título de la obra "Algún día..."?

—En realidad, eso surgió por mi mamá... Cuando teníamos cosas materiales. A veces yo decía "quiero una Barbie" y mi madre decía, "algún día, hija, algún día..." Ese "algún día" nunca llegó. Entonces terminé jugando con esa frase porque en la obra, ellas terminan diciendo "ojalá algún día me levantara tarde, tuviera un buen desayuno..."

¿Hay alguna historia en particular de las integrantes que haya marcado su vida y que al mismo tiempo la haya unido más con ese personaje que con otro?

—Sí. Hay experiencias más fuertes que otras, pero no me han unido más con un personaje. El caso de una de ellas y quien más dificultades tiene, incluso se quedó sin casa, sí que fue fuerte dentro del grupo, pero a la vez dos de las integrantes dormían en el puro, purísimo suelo porque no tenía colchón. Cada vez que me dormía, ellas venían a mi mente. Afortunadamente las presentaciones también han servido para solventar esos problemas.

¿Trabajar con mujeres vendedoras de la calle y con otro estilo de vida cambió su visión de hacer teatro y de hablar sobre teatro…?

—Ya había vivido una experiencia parecida en Madrid, pero no igual de intensa. Con estas mujeres aprendí que las historias están en la calle y que hace falta contarlas y puede ser impactante, tanto por el contenido y como por lo interesante artísticamente hablando.

Sus personajes (vendedores) son muchos y se multiplican día a día en el país. ¿Tiene pensado hacer otra obra, integrar a nuevos miembros a "Algún día"?

—El grupo tiene apertura para que puedan entrar nuevas mujeres.

¿Qué piensa ahora de las frases "bajen los canastos" "esto parece un mercado" "parecés vieja del mercado", que son utilizadas desde los políticos salvadoreños pasando por la comunidad estudiantil hasta llegar a líderes religiosos o periodistas?

—Cuando estas frases son despectivas, siempre me han parecido hirientes, pero ahora que las conozco a ellas, me parecen aún más.

¿Qué debería saber el resto de la sociedad sobre las mujeres vendedoras y cuál sería el estigma que debería derribarse?

—Que tienen mucho que enseñarnos de nuestra identidad salvadoreña, de nuestra eterna rebusca, de las ganas de salir adelante, de la perseverancia, de la risa mezclada con dolor. Que son mujeres que como sociedad las hemos querido dejar de lado por su condición económica.

¿Qué quiere hacer ahora con La Cachada Teatro, cuáles son los retos y perspectivas a futuro teniendo en cuenta que usted tendría que estar en España y no en El Salvador?

—Por el momento me quedo una temporada trabajando aquí en La Cachada Teatro y en otro grupo al cual pertenezco como actriz (Teatro del Azoro). Lo que pretendo con el primer grupo es que se consolide como una compañía de teatro en El Salvador y que técnicamente estén formadas.

LA CACHADA TEATRO

El grupo está conformado por cuatro mujeres vendedoras y dos estudiantes universitarias. Juntas le dan vida al proyecto. Ellas son Mirna Evely Chileno (vendedora ambulante), Magaly Lemus (trabajadora doméstica) Wendy de la Paz (vendedora ambulante) Lissania Zelaya (estudiante universitaria) Katherine Zelaya (estudiante universitaria) y Ruth Noemy Henríquez (vendedora ambulante). La realidad de estas mujeres es tan dura que a veces no pueden llegar a los ensayos por las dificultades económicas o las odiseas que enfrentan día a día. Usted puede contribuir para que esta joven compañía se mantenga en los escenarios. Para más información, llame al 2282 -3308 /2282 -2600. Escríbale a Egly Larreynaga en eglylarreynaga@hotmail.com