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Roberto Galicia "Mi pecado más grande es buscar la perfección en un medio caótico"

A nueve años de liderar el Museo de Arte en El Salvador, el pintor reflexiona sobre el arte emergente, las drogas y sus retos en el Marte

Tomás Andréu escena@eldiariodehoy.com Martes, 15 de Mayo de 2012

l pintor y director del Museo de Arte de El Salvador (MARTE), Robert Galicia, es un personaje que sin duda le hace honor a la locución latina "carpe diem", que en buen salvadoreño significaría "sacarle el jugo a la vida" sin desperdiciar ningún segundo del tiempo y de la vida.

Y es que el artista plástico tiene muy claro lo que quiere en su vida personal y laboral. No fue en vano que su aporte a la cultura de El Salvador haya pasado por el desaparecido Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura) y que se le haya delegado la responsabilidad de dirigir MARTE, ese pulmón que alimenta y difunde la plástica de nuestros creadores y que cumplirá nueve años de existencia.

Sereno, seguro, breve, monosilábico y buen catador de café, Roberto Galicia espera a El Diario de Hoy en Starbucks. En esa mañana de mayo, mientras el olor del grano de oro circunda la atmósfera, el artista nos cuenta sobre su vocación pictórica, los retos que busca día a día para alcanzar la perfección, los colegas de antaño que acompañaron su formación y su visión sobre las drogas, el arte emergente y su responsabilidad al frente de MARTE.

¿Cómo surgió la idea de dirigir algo tan difícil como un museo?

A mí siempre me han gustado los retos y toda mi vida he trabajado en la búsqueda de la excelencia. Lo que no puedo hacer, pues lo investigo, lo estudio y lo hago. Al asumir la coordinación del museo, lo hice sobre la base de las experiencias que acumulé en el pasado. Como presidente de Concultura (Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, ahora Secretaría de la Cultura) me tocó construir el nuevo edificio del Museo de Antropología Nacional (MUNA). Esa experiencia la evaluó la junta directiva de MARTE para llamarme. Hace nueve años de eso. El reto lo asumí con el mayor nivel de responsabilidad.

¿Y cómo resultó el reto?

El único antecedente que existía en el país era el Museo Forma que fue inaugurado el 23 de mayo de 1983. 20 años después habríamos MARTE. La diferencia de este espacio es que su diseño fue para eso, para ser un museo. Eso facilitó ciertas cosas porque la obra artística en El Salvador nunca se había exhibido en condiciones óptimas.

Usted también es un artista plástico. Si el escritor se enfrenta a la página en blanco, ¿a qué se enfrenta un pintor?

Es igual, pero el problema no es la página o el lienzo en blanco. El problema es la mente en blanco.

¿Y cómo se supera la mente en blanco?

Trabajando. A pintar se aprende pintando.

¿Y qué sucede cuando lo aprendido no todos lo entienden?

No siempre hay una relación directa entre lo que el artista está planteando y lo que el público está percibiendo. Eso se puede comprobar haciendo una revisión en la historia del arte, pero eso no quita que el público vaya caminando al ritmo del artista.

En otras ocasiones ha mencionado la frase "valores estéticos", en su obra, ¿cuáles son?

Mi pecado más grande es buscar la perfección en un medio caótico. Precisamente el lema del Día Internacional del Museo es "museos en un mundo cambiante" y el subtema para desarrollarlo es "nuevos retos, nuevas inspiraciones". Tanto en la vida de las personas como en las instituciones, independientemente de la profesión, lo que siempre existe es el reto permanente. No somos entidades estáticas, vamos al ritmo del tiempo.

Y en este constante cambio, ¿qué papel juega en los museos las nuevas tecnologías?

Son importantes, pero no lo son todo. Creo que son herramientas adicionales con las que uno se puede expresar.

¿Qué opinión tiene sobre la pintura versus el arte conceptual?

En el país hay un movimiento artístico muy serio donde coexisten todos los medios de expresión. Es lógico que los jóvenes hagan propuestas más interesantes y novedosas y están naciendo en una realidad totalmente distinta. Hay propuestas muy válidas entre ellos. Yo creo muchísimo en los artistas jóvenes. Ellos se están abriendo campo más allá de lo que nosotros pudimos haber imaginado.

Cuando se habla de Roberto Galicia no se puede dejar de hablar del pintor Carlos Cañas…

Ah, sí, sí sí… entre él y yo establecimos una buena relación, de muchísimo respeto, muy seria y profesional. En gran medida, mucho de lo que yo sé se lo aprendí a él. No solo nos abrió hacia las expresiones como el dibujo, el uso de los colores, sino que provocó en nosotros el interés por el cine, la literatura, la música. Eso hizo que tuviéramos más ambición en nuestra formación.

¿De dónde surgen los temas de sus obras?

Yo leo muchísimo. La literatura es lo que más me ha ayudado a desarrollar mi imaginación.

Y en especial, ¿qué lee?

Narrativa. Acabo de leer "La contadora de películas" de Hernán Rivera Letelier. Es un libro que se lo recomiendo a todo el mundo.

Ah, sí. ¿Y por qué?

Por breve y maravilloso… (Ríe).

Y de El Salvado, ¿a quién lee?

A Manlio Argueta. Estoy esperando su nueva novela. También sigo los pasos de Sergio Ramírez.

Hablando de Sergio Ramírez, ¿qué piensa sobre la legalización de las drogas, qué tiene que decir un pintor al respecto?

Yo no sé si eso sería una solución en países tan vulnerables como los nuestros. Cualquier vicio aquí se convierte en costumbre. Nuestras instituciones son demasiado frágiles. Si ahora que no está legalizada, vea los problemas en los que estamos.

A ver, cuénteme sobre su tránsito por Concultura…

Fue una experiencia memorable. Punto.

Y de su paso por Concultura, ¿de qué se siente orgulloso?

De haber salido limpio.

¿Y cuál es su mayor reto todavía no cumplido?

Recuperarme de mi mano, acabo de tener una accidente… (Ríe)

¿Y usted pinta con la derecha o con la izquierda…?

(Ríe) con la derecha… ¡Pero le hice saber al doctor que pinto con la izquierda para que me tratara mejor…! (Ríe)

El museo estrena catálogo, el cual que recoge el trabajo que ha realizado MARTE durante todo este tiempo…

El objetivo del catálogo busca garantizar la permanencia de las exposiciones en el tiempo. El catálogo está conformado por el texto curatorial, producto de la investigación y la reproducción de todas las obras que está en exhibición. Para cualquiera puede ser un libro más. No lo es. Ahora lo que viene es presentarlo y trabajar para que el público haga un buen aprecio del catálogo, porque no es para ver, sino, para leer. Y lo lanzamos precisamente el día 22 de mayo, cuando MARTE cumple 9 años de existencia.

Si publicar libros en el país resulta casi imposible, ¿cómo es para un catálogo de pintura?

Esto ha sido gracias a muchos apoyos. Le agradecemos a doña Thelma de Altamirano su contribución en este esfuerzo para que el catálogo sea una realidad. También apoyaron el Despacho Figueroa Jiménez y PubMerc. Esto ha sido un trabajo monumental. Han intervenido tanta gente para que el catálogo sea un producto de calidad, impecable.

A lo largo de estos nueve años de vida, ¿qué ha sido lo bueno y lo malo para el Museo?

Lo bueno es que han llegado 400.000 salvadoreños; lo malo es que somos 5 millones de habitantes en El Salvador (Ríe).

Y fuera de la academia, de la plástica y de las responsabilidades laborales, ¿cómo es el día a día de Roberto Galicia?

Lo primero que hago es poner en orden mi pensamiento. Luego leo los dos periódicos más importantes del país porque me gusta estar informado de lo que pasa. No veo televisión y no escucho radio. Recuerdo mucho lo que decía Luis Cernuda (poeta español): una cosa es lo que se piensa, otra lo que se dice, otra lo que se escribe y otra la que se publica. Por eso prefiero leer.

¿Y qué lugar queda la música?

Yo escucho música, pero solo música académica.

Usted que tiene una mirada cronológica sobre la pintura salvadoreña… ¿ha existido el plagio en la plástica salvadoreña?

(Silencio) Lo que creo es que hay influencias. La gente (antes) alegaba ser químicamente pura. Ahora no es válido decir que uno no tiene influencias o que la obra de un artista no puede incidir en uno. El hecho de que usted se apropie de la obra y le haga una reinterpretación, entonces, todas esas barreras desaparecen.

¿A quiénes admira de la plástica salvadoreña…?

Siempre sigo de cerca la trayectoria de Carlos Cañas. Me sorprende que siendo una persona de ochenta y tantos años, sea tan lúcida y activa. De los que han fallecido, admiro mucho a Salarrué. Él reúne tantas facetas que lo hacen un artista integral. También extraño muchísimo a García Ponce.