resumen noticias

"Estoy de acuerdo con la legalización de las drogas"

El nicaragüense Sergio Ramírez analiza la coyuntura política mientras habla de su antología de autores centroamericanos. El escritor lamenta que la democracia en su país esté por los suelos. Está convencido de que legalizar las drogas es la mejor arma contra el crimen organizado.

Tomás Andréu escena@eldiariodehoy.com Miércoles, 21 de Marzo de 2012

El escritor Sergio Ramírez se sumó a la polémica centroamericana en el tema de drogas: está de acuerdo con legalizarlas como se ha propuesto, para acabar con el crimen organizado.

En una entrevista con El Diario de Hoy, el ex-vicepresidente de Nicaragua lamenta que su país esté en una condición "muy aflictiva" como producto de un "fraude electoral".

En la cuestión literaria tiene "la lágrima fácil" como diría Joaquín Sabina. Lo suyo es ser optimista y disciplinado, sobre todo cuando se trata del oficio de escribir. Para él la literatura centroamericana existe con sus respectivos vasos comunicantes que le dan una identidad plural a la región.

Y en efecto, el escritor nicaragüense tiene un as debajo de la manga para demostrarlo: las antologías -seleccionadas y prologadas por él mismo- "Puertos abiertos" (cuento) y "Puertas abiertas" (poesía). Ambos trabajos publicados por el prestigioso sello editorial Fondo de Cultura Económica, trabajos presentados ayer en el Centro Cultural de España y comentados por los escritores Miguel Huezo Mixco y Jacinta Escudos.

¿Cuál es su postura con respecto a la legalización de las drogas?

Yo estoy de acuerdo con la legalización. No hay otro camino para ver las drogas como un asunto de salud pública y acabar con el crimen organizado si no es desde la legalización del consumo. Será un asunto complicado. No será de la noche a la mañana, será de muchos años de debate, pero lo importante es que ya está sobre la mesa. Las drogas -y no por culpa de Centroamérica- nos cuestan ya miles de muertos. Debemos asumir este problema profundamente. Ya se vio que la lucha armada, la represión contra estos carteles -como se ha visto en Guatemala y México- no ha resultado.

José Saramago decía que habría mejor que legalizar el pan y que eso debería ser también un debate. ¿Qué opina sobre eso?

Es una bonita frase la de Saramago. La humanidad ha estado luchando desde los tiempos de Jesucristo por multiplicar los panes. La injusticia es que haya pan en una mesa y no haya en otras. Las utopías que querían llevar el pan a la fuerza fracasaron. Ahora de lo que se trata es de crear esa posibilidad de llevar el pan dentro del marco de convivencia democrática. Hay que luchar por una sociedad mejor, pero quienes desean una sociedad mejor tienen que ganar las elecciones para poder llevar adelante sus proyectos.

Hablando de democracia, ¿cuál es el panorama que vive su país, Nicaragua?

La situación en mi país es muy aflictiva porque la democracia está por los suelos. Venimos de un gran fraude electoral, la oposición está jugando un papel decorativo. Vienen elecciones municipales que se harán bajo las mismas reglas y con los mismos jueces y para mí no tienen el menor crédito. Yo envidio que en El Salvador los votos sean bien contados, que aquí se sepa quién ganó y que el que perdió reconozca la victoria del otro. Eso es la verdadera contribución a la estabilidad. El voto no lo resuelve todo, pero a partir del voto se resuelve todo.

¿Cómo logra el Fondo de Cultura Económica (FCE) interesarse en los escritores Centroamericanos?

Fue una idea que surgió en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, México (FIL). Nos pusimos de acuerdo con la directora de la FIL, el FCE, y yo para crear una presencia cultural centroamericana. Lo hicimos a partir de dos cosas: pusimos stands para las editoriales centroamericanas tanto públicas como privadas; y planeamos estas dos antologías, una de cuento y otra de poesía. Se me encargó esa tarea y trabajé duro en eso para que fuera presentada en la FIL 2011. Elegimos un par de normas: autores vivos y a autores representativos de cada país. Al tratarse de autores vivos, el peso va hacia los más jóvenes. La antología es un testimonio muy vivo de lo que la literatura centroamericana es hoy en día.

¿Fue espinoso el proceso? Es decir, casi nadie le apuesta a Centroamérica.

Es espinoso por la gente que se queda fuera. Es una responsabilidad que yo asumo. Hay autores que consideran -con toda justicia- que deberían estar dentro, pero una antología es discriminatoria. Teníamos un número limitado de páginas, autores por país. Eso hizo el proceso de selección algo muy estricto y representativo. Los que se quedan fueran no es porque muchos de ellos no sean valiosos, pero se necesitaría tener una antología más grande.

¿Sigue invisible Centroamérica en el mundo de la literatura?

No creo eso. Hay escritores centroamericanos reconocidos mundialmente de distintas generaciones empezando por Asturias, Monterroso, Salarrué, Yolanda Oreamuno y los más nuevos optimizados por las editoriales internacionales no se quedan atrás. La literatura centroamericana está haciendo un buen papel. El asunto es que no todos los que escriben tienen relevancia internacional. Eso es mucho pedir. Eso se logra poco a poco. Algunos tienen más suerte que otros [a través] de las puertas de los concursos que ayudan a catapultar nombres. Se escribe muy buena literatura en Centroamérica pero ocurren dos cosas: primero que sea conocida fuera las fronteras centroamericanas, y lo segundo, que sea conocida dentro de Centroamérica, es decir, que un escritor guatemalteco sea leído en Honduras, que un hondureño sea leído en El Salvador. Honduras está al lado, pero no es cierto que en las librerías salvadoreñas encuentres autores del vecino país…

Pero eso es un patrón común. Esos vasos comunicantes no existen en Centroamérica…

Sí, pero eso pasa entre Bolivia y Paraguay. Esas incomunicaciones son comunes. Tenemos mercados editoriales pequeños, aislamientos culturales. Pero me parece que hoy en día las redes sociales ayudarán mucho a despejar estos aislamientos. Colgar un libro es mucho más fácil que imprimirlo. Yo he hecho la prueba con la revista Carátula.net que se edita en Managua. Es estrictamente electrónica, se publica seis veces al año. Por cada edición tenemos un promedio de lectores que rondan los 22.000. Con una revista impresa eso sería imposible. Los escritores jóvenes lo que deberían hacer es colgar sus libros sin esperar remuneración económica, hacer que sus libros circulen. Ese es un buen camino para seguir avanzando.

Hay un viejo debate sobre la autopublicación, algunos la condenan. Y a partir de esto, ¿usted cree que existen filtros de calidad en la literatura centroamericana?

Creo que sí. Existen editoriales en Centroamérica que hacen un magnífico trabajo. La autopublicación es un punto de partida. Fue mi punto de partida. Mi primer libro que publiqué, hace 50 años (de cuentos) lo financié yo mismo. Yo mismo lo llevaba a las librerías, lo dejaba en consignación, luego pasaba viendo cuántos se habían vendido y eran apenas 500 ejemplares. Es una aspiración ambiciosa pensar que el primer libro lo va a publicar una editorial con reputación hispanoamericana. Puede darse ese caso, no digo que no, pero uno debe comenzar con lo que pueda. Lo importante es que otros lean lo que uno escribe. Cuántos son buenos, cuántos son malos, cuántos son regulares. Dejemos a parte esa pregunta. Lo importante es que existe una preocupación por escribir. Eso me hace sentir a mí que la literatura está viva, que escribir no se toma como una ociosidad sino como una responsabilidad. Los escritores son gente respetada, no se les ve como gente parásita, sino, no existirían los precarios suplementos culturales. Claro, ahora hay una cierta banalización de la información cultural, pero eso no ha sido inventado en Centroamérica. Hay que rescatar los suplementos literarios. Eso es una gran tarea.

Recientemente se han publicado libros que abordan los conflictos bélicos que hemos vivido, o se echa mano de personajes de esa época, por ejemplo: Dios tenía miedo de Vanessa Núñez Handal, Verano rojo de Daniel Quirós y su propia novela, La fugitiva. Parece que hay una necesidad de saldar cuentas con el pasado…

Hay un vínculo entre literatura y realidad. El pasado siempre es un llamado literario. El pasado más reciente fue muy dramático para Centroamérica. Hay muchos insumos para describir ese pasado. Quienes pueden escribirlo mejor son las nuevas generaciones y pueden hacerlo con una actitud crítica, distante, donde no hay buenos ni malos, sino lo que hay son seres humanos complejos. Al figurar la historia en una novela, buscamos entrar en los seres humanos, no simplemente en los hechos históricos.

Parece que el arte, en este caso la literatura, venció a la voluntad política de unir Centroamérica…

Hasta ahora sí. Los intentos de integración son fallidos. Hemos empezado a construir la casa por el techo y no por los cimientos. Tenemos un Parlamento Centroamericano muy nutrido de 120 miembros o más y no hemos construido la integración desde la base. Quizás los grandes desafíos ayudan a crear bases de integración. La seguridad centroamericana, el tráfico de drogas son buenos elementos para integrar a los países centroamericanos. En antigua Guatemala, por primera se hablará francamente de la legalización de las drogas. Eso es un avance y eso es integrar esfuerzos en Centroamérica… pero la literatura integra más. En la medida que un autor se reconoce como centroamericano, podemos decir que Rubén Darío no solo es centroamericano. Eso pasa con Miguel Ángel Asturias, Claudia Lars, Salarrué. Le estamos dando un peso a la región. Se dice que hay escritores chilenos, peruanos, colombianos, argentinos, pero nadie dice que un escritor es del Cono Sur, pero sí se dice este escritor es centroamericano. Me siento gratificado cuando se me identifica con la literatura centroamericana porque yo sí creo que existen esos vasos comunicantes de identidad en la región.