Ciclista hará su último viaje por los migrantes salvadoreños

Ha recorrido en su bicicleta, en varias ocasiones, la ruta que atraviesan los migrantes para alcanzar el "sueño americano".

Un periódico estadounidense lo llamó el Forrest Gump de los migrantes indocumentados. Foto EDH / Lucinda Quintanilla

SAN MIGUEL. Con un rostro marcado por el cansancio, pero con un espíritu de roble, regresó José Mario Castellón, ciclista salvadoreño que recorrió en cuatro ocasiones varios países en su bicicleta.

Su objetivo siempre fue abogar por miles de inmigrantes salvadoreños que viven en Estados Unidos de forma ilegal, y que trabajan incansablemente para sostener a sus familias en El Salvador.

Castellón inició su travesía en 2007, cuando desde El Salvador llegó al estado de Texas. Luego hizo el mismo recorrido, pero esta vez partió desde Nicaragua; recorrió 4 mil kilómetros y su único equipaje era una tienda de campaña.

A vuelta de rueda de su bicicleta atravesó la ruta que hacen los inmigrantes que buscan llegar alcanzar el "sueño americano".

Para 2008 el arriesgado viajero decidió una vez tomar su bicicleta y emprender un nuevo viaje para pedir por una reforma justa para los inmigrantes.

En esa ocasión recorrió 26 mil kilómetros; ahora el sueño de Castellón está apunto de concretarse con los avances en la reforma migratoria.

"En ese último viaje me prometí que si yo veía los frutos de mi esfuerzo, volvería a tocar la bicicleta y hacer el último recorrido por mis hermanos", dijo emocionado.

El último viaje

En su último viaje espera recorrer 12 mil kilómetros desde San Salvador hasta Washington. Partirá el 15 de agosto.

Castellón aseguró que sus viajes estuvieron llenos de emociones, en más de una vez se vio amedrentado por ladrones en algunos de los caminos que pasó para cruzar la frontera estadounidense.

Le arrebataron sus pertenencias, a ello se suma el cansancio, la desolación del desierto de Arizona, pero la bondad de muchos que le tendieron la mano y dieron comida y agua para que continuara le hicieron alcanzar el éxito en sus metas.

"Jamás olvidaré cuando un salvadoreño radicado en Georgia, y que era ilegal, salió corriendo cuando me vio pasar en mi bicicleta y me dijo que estaba orgulloso de mí, porque él tenía que vivir escondiéndose por no tener papeles y agradecía mi lucha", recordó Castellón.

Este último viaje lo emprende en agradecimiento a toda la gente que le ayudó.

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